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Orillero
amor
Marcelo D. Ferrer
La Plata, Buenos Aires, Argentina.
" Se pudrió algo en ese ramillete de ilusiones que sonriendo me
entregó.
Como columpio sin impulso,. se detiene la ilusión.
Estúpida visión utilista del afecto, que como cruel ungüento, da
sabor a insanos desméritos.
OH ! esta sonsa ceguera de ver una pradera donde se esparce la miseria
orillera.
En adelante, beberé del jugo del optimismo mezclado con el sadismo que
guarda el despecho.
¡A la merd con el amor e incestuosos cuentos y con cada madre de cada
hada que los parió!
Jamás nadie mencione al amor, sin prepararse antes, para una decepción."
Una tarde de
praderas y brisa,
de jazmines y sonrisas,
la vi mientras me veía,
suponiendo que mi vida, a su vida correspondía.
De inicio fue un juego histérico de seducción.
Y haciéndome cómplice de esa situación,
jugué al bufón a la espera de beber, de su fuente,
el néctar de tanta pasión.
Ahora la tenía a un paso, ahora ahogada en llanto.
Ahora con su tonta risa,
ahora poniendo paños tibios a la prisa.
Y vuelta a contornearla en la espera incomprensible
de verla irascible o al extremo susceptible
ante mi más sutil insinuación.
Noches...
Noches velando almohadas,
y de pensarla mía en situación
para que al despuntar el alba negáraseme
el placer de su amor.
Perfidias y sutilezas.
--Tócame! pero apenas, que el día, no hace culto a la ocasión.
Y yo crédulo y enamorado
desmontaba de mi ambición y postergaba mis ganas,
para cuando fuere el día, del culto, de la ocasión.
...
Una tarde que tamborileaban gotas
sobre las tejas rojas de mi habitación,
entre las sábanas y la blancura inmaculada
de sus faldas con almidón,
soltó que otro hombre la follaba logrando su excitación.
Que jamás sería de mis ansias,
ni de mis ganas; y que de mí: ná de ná.
-- ¡Que no!
--¡Que no!
Trepidé en la confusión,
ese que la follaba,
¿en su vida ya estaba para el día de nuestra conjunción?
Insano mequetrefe.
Abominable excremento de público retrete.
Impuro y condenable vicioso profanador,
orillero del puro amor.
Vano sepulturero de mi virginal ilusión.
¿Fue amor lo que impulsó la loca elegía de atravesarle el corazón,
como él atravesó el mío con su cruel perversión ?
...
Otra tarde -muy sombría-,
que el truhán bebía al solitario del pulperón,
esperé que fuere noche el día.
Y de camino a su morada con incestuosa mirada,
ponme frente a su cara con impostergable odio,
para abrirle del escroto hasta estómago,
y entregarle inerte a los brazos de San la Muerte.
Y ahí quedó
por días hasta que alguien por buscarle le encontró
todo despedazado por un roedor.
¡A nadie se le culpe!
Opinó el comisionado de la región.
--Parece que el hombre de mamado tropezó,
haciendo el resto un animalejo comelón.
--¡Entiérrenlo!
Pero mi alegría; poco duró.
Ella, la causa de mi locura, pasión y perdición,
lloró inconsolable la pérdida del hombre,
que siendo su padre,
bien la amó.
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