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Sitio oficial del escritor: MARCELO D. FERRER |
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Quizá resulte una trasgresión el prologar una página de Internet; si alguien pensara que no corresponde, pido su indulgencia. Ruego también la haga extensiva al resto del contenido de este sitio. Más allá de como se llame en Internet este discurso que tiene la intención de sesgar la mente del lector hacia la temática de lo escrito, luego de un año de haberse habilitado este lugar, he creído necesario ajustar el lazo con el visitante, a fin de que pueda asociar a la persona del autor con lo que leerá y viceversa. Muchas razones motivan a un individuo a escribir, incluso, como es mi caso, bastante antes de aprender a hacerlo con la profesionalidad que el respeto hacia este oficio y sus encumbrados exponentes merecen. Mi creencia es que la sensibilidad requiere ejercitarse, particularmente, encuentro en ese ejercicio... placer. Al decir de una gran persona que me alumbró con su amistad, doña Julia Ana Novóa: "Para
ser escritor basta tener un motivo para escribir. Para ser un
buen escritor, además, hay que saber utilizar las herramientas que nos
ofrece el
lenguaje. Para ser un sobresaliente escritor, además de lo anterior, se
requiere la simpleza que anida en el vulgo... y sensibilidad en el alma.". No puedo negar que la primera de esas premisas me viene como anillo al dedo y me anima a continuar; sólo -aclaro nuevamente- porque me asiste la necesidad de decir y guardo el deseo de que, apenas algo de lo que diga... le agrade a usted. Esta primera parte del "prólogo" se la han llevado las excusas -corresponden- a quines sientan que han perdido su tiempo al deambular por estas páginas. A ellos pues, mis disculpas adelantadas si es que han comenzado por aquí. Una invocación motivadora Creo fervientemente en el alma, aunque no creo que ésta exista más allá de la vida y flote luego en el éter con individual libertad. El alma, según mi creencia, es aquello que somos capaces de transmitir y dejar en las personas mientras estamos vivos. La fuerza del espíritu está en el convencimiento y la pureza con que decimos a los demás aquello de lo que estamos convencidos. Pienso, a veces con absoluta decisión, que todo evoluciona hacia la perfección aunque ésta no logremos alcanzarla nunca. Las menos de las veces dudo de ese destino y me descubro transitorio en un mundo mezquino y demasiado materializado..., para mi gusto. Es cuando me observo dentro de los límites que nos impone el primitivismo actual de nuestra conciencia. Este estadio de la razón hace que actuemos a la defensiva amurallados tras nuestro ego. Si se quiere, de una manera diferente a la de los hombres de las cavernas en su relación con el medio, pero similar en muchos sentidos. El creer que existe un alma mientras estamos en la tierra; y el tomar razón de nuestra limitada conciencia acerca de casi todas las cosas, abre mundos que desesperadamente claman su exploración. Me convenzo día a día que, dados algunos pasos fundamentales en la evolución, todos los espacios serán más pequeños; en especial, aquellos que separan a los seres humanos entre si. Es curioso apreciar el modo que la evolución del pensamiento acorta las distancias y esto, a su vez, nos pone más cerca del umbral de un siguiente estadio de la razón. Cada uno de nosotros es un peldaño hacia esa exaltación de la conciencia que tiende a la perfección. Cada logro de la humanidad se cimienta del insignificante aporte de miles de millones de seres iguales en esencia, que han buscado un acercamiento tumbando la indiferencia, superando miedos o esmerilando las aristas del ego. En ese ideal, de algún modo, he intentado acercarme a las personas; de verlas más allá de lo que muestran, sin invadirlas. Todos los ecos, un solo eco. Se aprende mucho de uno mismo al observar a los demás. Cuando supero mi timidez y entablo un diálogo con alguien tras la muralla que nos divide, resulta increíble el universo de sabiduría que se revela. Pareciera ser que la sabiduría aflora, cuando es transparente la humildad. Escribir es dialogar. Por ejemplo: al tiempo que escribo este "prólogo" pienso en su parecer al leerlo, en qué otros pensamientos lo invadirán... e, imaginativamente, obtengo una respuesta. Este "diálogo con usted" es enriquecedor y me alienta a profundizar. Si me permite, este diálogo con usted -que es todas las personas- reduce la distancia que nos separa y nos pone más cerca. Lo escrito en estas páginas pretende ese acercamiento capaz de disfumar los límites del medio, de tal modo que podamos entablar un diálogo enriquecedor para ambos. Menuda pretensión la mía... para la cual, quizá, carezca aún de las herramientas para alcanzarla. Pero si es que no lo lograra o lo hiciese a medias, pido su ayuda diciéndome su parecer en un mensaje que me permita, en un futuro, perfeccionar nuestra charla. Para finalizar, reciba la más cordial bienvenida y un deseo: Que cada día sueñe cosas más bellas, porque si usted sueña cosas bellas y sus sueños se hacen realidad, todos nos beneficiaremos
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