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-- Las mujeres vienen con fecha de vencimiento; como el sachet de leche y el yoghurt. Sé que la tienen. Vencen entre los cinco y diez años desde el día que juran que te aman. Cuando están próximas a su vencimiento, comienzan con los peros y los dolores de cabeza; a conversar con los escobillones, a usar ruleros o a pintarse la uñas todo el santo día. Extrañas enzimas invaden su cerebro y no hay como contentarlas. A ello se suma la metamorfosis corporal; ya sea que se les de por comerse todo lo que hay en la heladera, o se apendejen buscando parecerse a sus sobrinas, o lo que es aún peor, a sus hijas. Cuando vencen; ¡cuando vencen! mi querido amigo, ya es tarde para prolongar con ellas el romance; partieron aún cuando sigan cerca de ti; salieron en busca de nuevos horizontes queriendo revitalizar los recuerdos, o sencillamente, a procurar definitivamente enterrarlos; y como tú eres parte de un presente vencido, pues eres un estorbo, un recordatorio de que el tiempo pasa y se lleva con él lo mejor que teniamos. Nota del autor: léase
en estas líneas un homenaje a la mujer que lucha por no
perder la atención de su amante, pero vencida ante su
indiferencia, va tras nuevos horizontes. La diferente forma en que hombre y mujer conciben el amor, tantas
veces terminan venciéndolo. El hombre orienta su acción
a los objetos; la mujer, a los sujetos. Cada uno lleva
consigo las señales ancestrales de su rol. Por ello,
cuando te topes con ese hombre especial que equilibra la
atención y el instinto, no te des por vencida.
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