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- Euclides
y el sabio (XVII)
Marcelo
D. Ferrer
La Plata, Buenos Aires, Argentina.
Euclides:
-- Maestro, ¿sigo aquí?
El
Sabio: -- Aún estás aquí.
- Euclides:
-- ¿Qué razón tiene un universo tan vasto que en el
transcurso de una vida humana no pueda ser recorrido?
El Sabio: -- Tu interrogante es un camino
que se bifurca. Hacia un lado, arribarás a la
conclusión minimista de que
-
no es la humanidad la razón de ser de la creación.
Hacia el otro, que la sabiduría y la noción "del
ser"
-
aún no se revela por completo al conocimiento
humano. ¿Hacia cuál bifurcación se dirigirá tu
curiosidad?
Euclides: -- Prefiero soñar con el día
en que apoye mi mano sobre un extremo del universo.
El Sabio: -- Ah mi querido Euclides, ese día,
al apoyar tu mano en aquello que imagines extremo, estarás
tocando
-
la puerta a tu vecino.
Euclides: -- A ver si he comprendido. ¿No
hay un borde al que podamos arribar?
El Sabio: -- No hay un borde al que
podamos arribar, y no hay un borde al que no podamos arribar.
El Sabio: -- ¿Cual es el peso de tu levedad
Euclides? ¿Qué acarrea tu conciencia que dificulta tu
avance? Di: mar; y
-
el mar se hará. Di: estrella, y la estrella se
hará. Tu preguntas por qué aquello que algún soñador
ha sembrado
-
en tu mente. Pregúntate: Por qué no al libre
vuelo del espíritu, y sueña con galaxias bajo la palma
de tu mano.
-
El universo es una constante reiteración de tus
visiones, o un borde que impone la levedad.
Euclides: -- ¿Es mi cuerpo un borde?
El Sabio: -- Tu cuerpo es la más pesada
visión que has engendrado.
Euclides: -- Sin mi cuerpo no podría
percibir sensación alguna ni conexión con lo que me
rodea...
El Sabio: -- ¿No podrías? Euclides, ve
el borde que ahora hay frete a ti. ¿Qué crees que
pudiera haber del otro lado?
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