- Euclides
y el sabio
Marcelo
D. Ferrer
La Plata, Buenos Aires, Argentina.
(Euclides)
---Respondiendo a la media general a la que pertenezco, tengo
algunos interrogantes; diría: básicos. El primero es mi origen y si él responde a una mera conjunción de
genes, o me asiste algún propósito. El segundo, es sobre el
amor; quisiera saber si el amor es algo más que un instinto
sesgado por la razón. El tercero, tiene que ver con el universo;
me gustaría saber donde termina. Y el cuarto: sobre la
muerte; la bipolar muerte. Algunos la consideran el fin; otros,
un nuevo comienzo.
Verá: antes de llegar ante usted, he concluido que mis
cuatro interrogantes poseen extremos que se juntan. Hacia un
lado, lo liminar; hacia el otro, el misticismo. Cierto es
que pocas certezas me ha dado el misticismo para que crea
fervorosamente en la
metafísica. Pero si limito las respuestas a la física,
incongruentemente, me lleno de escepticismo.
-
(El
sabio)
---Las respuestas a esos interrogantes dependen del camino que
elijas tomar: el místico, el práctico o el que se rodea de
ambos paisajes a la vez. ¿Cuál de todos los caminos prefieres?
(Euclides)
---¡El que conduce a la verdad, por supuesto! Sin la esperanza de la verdad
no habría horizonte posible.
(El
sabio)
---¿Tu crees que la verdad posee un valor absoluto?
-
Si antes de descubrir esa única verdad que buscas, descubres partes de ella, lo
que reste, sin duda, variará su contenido. ¿Cómo crees que sería el
resto de tu día si te revelara ahora la verdad sobre todas las
cosas?
-
Si la verdad fuera absoluta, no
existiría la ficción creativa de la duda.
- Cada pequeña verdad
que se revela es un placebo. Si prefieres el escepticismo al
misticismo, la verdad absoluta que persigues, será la noche. Si
eliges el misticismo, aguardarás el amanecer.
Si no existiera el día después de la noche, se perdería la
oportunidad de un nuevo comienzo.
(Euclides)
---Entiendo. Puntualicemos.
(El
sabio)
--- ¡Ahh! ¡Propósitos! ¡Amor! ¡Universo! y... muerte.
- Es verdad
que "Dios no juega a los dados". Hay un don en todas
las cosas. Ese abrigo que te cubre posee el don de aprisionar el
calor que emana de tu cuerpo y te mantiene confortable. Piensa
que eres un abrigo y sé fiel al don que poseen los abrigos. Piensa
que eres una flor, y sé fiel al don que le atribuyes a las
flores. Como un camino de pequeñas verdades, elige tú un propósito
que exalte tus dones.
- Sobre el amor: imagínalo como un puente
que liga los instintos. Usa la razón para ensanchar el puente y
hacerlo confortable.
- En cuanto al universo,
siento quebrar tus expectativas, este termina justo
donde comienza. Cada uno elige donde comienza y termina el
propio.
Cierto campesino me dijo que elegiría la punta de su dedo; y
sin más, comenzó a recorrerlo hacia donde su dedo apuntaba.
- Sobre la muerte... ¡umh!... te
diré: todos los días muere la imagen de un recuerdo que
no se lleva consigo las sensaciones. La muerte, como la verdad,
no es absoluta.
-
- Copyright
© 2004