Colombia: memoria, resistencia y esperanza - Testimonios - Aquellas muertes que hicieron resplandecer la vida.
Aquellas muertes que hicieron resplandecer la vida MONSEÑOR GERARDO VALENCIA CANO Enero 21 de 1972 |
| NOTA BIOGRÁFICA | |
| ValenciaCano | El 21 de enero
de 1972 la noticia recorrió rápidamente el país: un
avión de la compañía aérea Satena, que volaba entre
Medellín y Quibdó con 35 personas a bordo, se estrelló
en uno de los cerros limítrofes entre Antioquia y
Chocó, pereciendo todos sus ocupantes. Entre ellos
estaba Monseñor Gerardo Valencia Cano, Vicario
Apostólico de Buenaventura. Versiones contradictorias comenzaron a circular, que dejaban profundas dudas sobre el origen de la tragedia. El gobierno impidió a técnicos extranjeros acercarse a investigar el hecho y, luego de que helicópteros oficiales sobrevolaron la zona, la declaró "inaccesible" y la hizo bendecir desde el aire como camposanto. Un sacerdote y un grupo de campesinos se encargaron de desmentir los conceptos oficiales, pues escalaron a pie la montaña y rescataron el cadáver del Obispo, obligando al gobierno a rescatar luego los demás cuerpos. Todos los indicios apuntaban a pensar, más bien, en un "atentado", lo que no pudo esclarecerse, ni podrá, quizás, esclarecerse jamás. Los titulares de todos los periódicos registraron la muerte del "Obispo rojo", del "Obispo rebelde" o del "Obispo revolucionario". Nacido en la población de Santo Domingo (Antioquia) el 26 de agosto de 1917, en una familia modesta que conoció la pobreza y el sufrimiento, se ordenó como sacerdote misionero en el Instituto de Misiones Extranjeras de Yarumal, el 29 de noviembre de 1942. En 1949 fue nombrado Prefecto Apostólico del Vaupés, donde ejerció por más de tres años. El 24 de mayo de 1953 fue consagrado como el Vicario Apostólico de Buenaventura, donde ejerció su ministerio episcopal hasta su muerte. Entre 1956 y 1959 actuó también como Superior General de los Misioneros Javerianos de Yarumal. Monseñor Valencia fue un hombre de una profunda espiritualidad y de una gran austeridad de vida. Ya desde antes del cambio profundo que marcó su vida después del Concilio Vaticano II, se caracterizaba por su poca afición a usar los arreos episcopales y por su cierta repugnancia a los protocolos y a los títulos. Su participación en el Concilio lo confirmó en una gran libertad de espíritu y en un compromiso radical con los pobres y con la justicia. Su predicación se fue llenando de un verdadero radicalismo evangélico que lo convirtió rápidamente en un profeta, y por [49] lo tanto, -como todo profeta- en un personaje controvertido, atacado y perseguido. Su impresionante testimonio de pobreza, de despojo, de desarraigo y de libertad espiritual, le daban una fuerza y un impacto especial a sus palabras, a sus denuncias, a sus mensajes. En su Diócesis de Buenaventura acogió a muchas religiosas, sacerdotes y laicos inquietos y respetó profundamente sus búsquedas. En diciembre de 1968 se convirtió en anfitrión del Segundo Encuentro del Grupo Sacerdotal Golconda, cuyo controvertido Manifiesto suscribió y defendió públicamente. Como todo profeta auténtico, su vida y sus mensajes se volvieron incómodos para todos los poderes. Cuando en 1969 viajó a Medellín a participar en una "toma simbólica de la Universidad de Antioquia para el pueblo", en compañía de varios sacerdotes del grupo Golconda, fue obligado, en el mismo aeropuerto, por autoridades eclesiásticas y militares, a regresarse, en momentos en que los otros sacerdotes eran encarcelados. Los últimos meses de su vida los vivió bajo profundos sufrimientos morales que se reflejan en su Diario íntimo. Se rumoraba su inminente destitución por parte del Vaticano. Se rumoraban también otras medidas drásticas que serían adoptadas por en Instituto de Misiones, como la de retirarle a todos los misioneros del Vicariato, o por el Episcopado, como exigir la presencia de un visitador del Vaticano. Las últimas páginas de su Diario dejan traslucir las angustias propias de los profetas, acosados por todo tipo de apremios para que renuncien a sus mensajes, pero acosados también por una voz interior, más fuerte que ellos mismos, que les revela, en el origen de sus impulsos, la presencia ineludible del Espíritu del Señor como un fuego ardiente que quema en lo más íntimo y al cual no se puede ser infiel. Gerardo Valencia Cano fue, ante todo, un Testigo de Evangelio. La radicalidad de su testimonio le trajo persecuciones y sufrimientos que desembocaron en el misterio de su muerte violenta.-volver- |
UNA PAGINA DE SUS DIÁLOGOS CON DIOS El Librito "Con Dios a la madrugada"; publicado por la Editorial Tercer Mundo en 1965 reproduce páginas de la sencilla y humilde oración de Monseñor Valencia, que él mismo escribía en sus cuadernos [50]. |
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poemas poemas UNA PAGINA DE SUS POEMAS poemas poemas poema |
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UNA PAGINA DE SU VISIÓN ANTROPOLÓGICA ILUMINADA POR SU FE |
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| ValenciaCano | CARTA AL PORTEÑOBuenaventura, mayo 20 de 1968. Hermano costeño, ¿qué pesa sobre ti que no te levantas? Hace mucho tiempo trato de descubrir la mole que te tiene oprimido contra el suelo y no la veo. Te llamo y no respondes Te urjo y no te mueves. Te canto y no me entiendes. Pero cuando cantas tú, hasta la tierra se mece. ¿Qué te oprime, hermano, que no te levantas? [53] Tengo el dolor de ser de otra raza. De una raza que no te comprende. Que no alcanza a descubrir en ti lo que te hace mi hermano. Tengo el dolor de pertenecer a otra cultura. Soy yo el oprimido por una mole que no me deja mirarte, que me impide comprenderte Ahora pienso, hermano mío costeño, que la seguridad que busco en ti no tiene las mismas dimensiones que la mía. Yo me he asegurado sobre mis pies. Tú tienes la seguridad en la frente. Yo he pensado que el universo era para mi tan conquistable como una mujer liviana. Tú has sabido mirar siempre en el cosmos los dominios de Dios. Yo pensé que el hombre podría redimirse a si mismo. Tú -siempre has considerado mi pensamiento como un desafío suicida. Por eso, mientras me rompo la cabeza para investigar la mole que te oprime, descubro que soy yo el inmolado. Si mis conquistas fuesen capaces de darme la seguridad de que alardeaba, no tuviera ahora la flor de la juventud de mi raza abominada de mis labios. Mis pies corrieron más velozmente que mi cabeza y la carrera me ha llevado al borde del abismo. Por eso me siento cada día más inseguro, mientras corro huyendo de la única fuente de seguridad que me la daría el Autor del universo. Tú en cambio, hermano, sabes dónde pisas, porque pisas blando y despacio. Yo he pensado adelantarme a Dios, prescindiendo de sus brazos. Tú caminas al paso de Dios. Y así eres más lógico. Ahora comprendo que mi oficio no es enseñarte sino comprenderte. Ahora comprendo que tú eres una maravillosa puerta, por donde se penetra en el templo de la sabiduría. Ahora comprendo que para poder comprenderte, tendría yo que hacer lo del gusano, convertirme en crisálida. Hermano costeño, voy descubriendo el secreto de esa mole que me parece te tiene contra el suelo. Yo soy el oprimido. Llegará el tiempo en que tendrás que tenderme tu mano compasiva, porque yo me estaré ahogando. Ahora las consignas de la electrónica me embriagan de soberbia. Mientras tú continúas contando con los dedos la paciencia de Dios. Pero habremos de acercarnos, hermano costeño. Cuando nosotros nos hayamos roto la cabeza a fuerza de desafiar a Dios, vosotros nos descubriréis que la única seguridad infalible se encuentra en aquel que habiendo marcado el universo con su sello divino, luego nos envió a su Hijo a rescatarnos, haciéndose semejante a nosotros y uniéndonos en él a todos los humanos. Hermano costeño, cuando me vuelvan a hablar de la mole que te oprime, me acordaré que yo soy el inmolado. [54]-volver- |
UNA PAGINA DE SUS DENUNCIAS PROFETICASConferencia pronunciada en el pleno de la Unión de Trabajadores de Santander -UTRASAN-, Bucaramanga, 11 de octubre de 1970. |
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| ValenciaCano | He venido
hermanos para atender a vuestro llamado y porque no
podría desaprovechar esta gran tribuna para sembrar en
vuestros corazones el ideal que abunda en el mío: la
liberación de nuestro continente. Nacido en un rincón de las montañas de Antioquia, educado con el sudor de mi frente y habiendo desarrollado la mayor parte de mi ministerio sacerdotal entre los más marginados de nuestros compatriotas, no puedo menos de sentir en mis venas, la protesta ante unas situaciones totalmente contrarias a lo que enseña mi fe: el pueblo fraccionado en partidos políticos, en clases sociales, en regiones que se combaten, en sectas religiosas, y todo ello al servicio inicuo de un número cada vez más pequeño de dirigentes, siempre dispuestos a juntarse para oprimir al débil y a combatirse escudados en el mismo débil, que les tiene que servir de carne de cañón. No quiero entrar en descripciones de marginados, que todos vosotros las conocéis en carne viva; ni quiero tampoco entrar en señalaros con el dedo a los posibles causantes de estas situaciones de injusticia; quiero, si, clavar en vuestro corazón dispuesto al sacrificio, la ambición que desgarra al mío: es que veo que nuestro continente se debate angustiosamente ante unas casillas de acero, creadas por la ambición del poder y del dinero, para mantener a las muchedumbres entre la espada y la pared. ¿Quién no ha descubierto que cuando el hambre desespera a los pueblos, se inventan sus dirigentes pretextos nacionalistas y azuzan el fanatismo para que los pobres se despedacen mientras pactan los magnates? Los hombres de mi generación recuerdan la comedia que se inventó un Presidente para recogerse el oro de las monedas y el de las joyas para una guerra, que luego de ganada sobre el enemigo, le llenó a este mismo el plato de sus ambiciones. Esos son nuestros dirigentes. Y así los de todos los pueblos Latinoamericanos. ¿No acabáis de verla última tragicomedia de Bolivia? Un Continente homogéneo en raza, lengua y religión, si se exceptúan las variedades que enriquecen el conjunto, dividido como una plaza de ferias a causa de una herencia de sistemas opresores que practicaron la fórmula divide y dominarás. No han faltado las buenas intenciones de algunos al interpretar la OEA y sus filiales, como esfuerzo sincero de integración del Continente. Pero, ¿quién dijo que es posible la unión del aceite con el agua? Y agua y aceite son explotador y explotado, colonizador y colonizado, capitalista y trabajador, amo y esclavo. ¿Qué paz puede haber entre hiena y perro? Pues así entre el rico y el pobre [55] (Eclesiástico 13.22). La nación rica del norte, ha escogido sus servidores en nuestros países para formar con ellos sus sindicatos de autodefensa; y nuestros gobiernos siguen creyendo que la OEA es un servicio a nuestros pueblos, cuando es la cadena con que a todos nos tienen atados al palo del opresor. En vano se fatigan algunos varones de buena voluntad inventando y armando pactos centroamericanos y andinos. ¿ Qué pueden estos diminutos frente a la panza del gran Molok? Siempre se chocará con los intereses de los servidores del poder yanqui, quienes seguirán anunciando bancarrotas nacionales, a quienes cuentan con la posibilidad de una integración Latinoamericana. Es así como se ha mantenido servilmente el bloqueo a la hermana nación de Cuba, mientras los abrazos iban de Washington a Moscú y nuestros inicuos Padres de la patria se pasean por Rusia y China lamiéndole los pies a Mao y a Kosiguin. Pero he aquí, hermanos, que el advenimiento de los nuevos poderes se nos aparece sobre los cielos del Continente como un signo de próxima redención. Ante el fracaso de los sabios, de los fuertes, de los ricos, se levanta en los aires un poder nuevo: el de los ignorantes, el de los débiles, el de los pobres, desafiando a Goliat con la misma confianza con que el niño de la Biblia se enfrentó al jefe de los Filisteos. No anduvo errado Marx cuando invitó a los proletarios del mundo a formar el Ejército de redención; no anduvo mal Jorge Zalamea, cuando frente a la gran pagoda invitó a los desarrapados a enjuiciar a todos los dirigentes de la tierra. Si la fuerza de las armas, si el poder de las riquezas, si la pericia de los sabios nada han podido para vencer la desgracia de nuestros pueblos, éstos han descubierto ahora que bajo los harapos y en los escasos glóbulos que les ha perdonado la anemia, hay un poder libertador invencible que echará por tierra el sueño de los avaros. Un Socialismo Latinoamericano por encima del materialista Europeo y Asiático se impondrá sobre el egoísmo de los servidores del oro y del petróleo. Un Socialismo Latinoamericano que una al negro, al indio, al blanco, en una sola raza de color latinoamericano; que comprenda que nuestros ríos y nuestras montañas no son líneas de separación, sino lazos que estrechan la unión; que enseñe a todos que el enemigo del hombre es la riqueza, madre de la mentira, pedestal de la soberbia y acicate de la guerra; un socialismo que descubra que la única nobleza del hombre es el ser hombre y no accidentales diferencias de sexo, de edad, de cultura, de fuerza bruta o de privilegio alguno; un socialismo latinoamericano que nos impulse a explotar nuestras propias riquezas con nuestras propias manos libres y nuestra mente desatada de prejuicios, de amenazas, de compromisos alienantes; un socialismo [56] sin aduanas, que son la fortaleza de los avaros y el calvario ignominioso de los débiles. Ese es nuestro programa. Pero ¿quiénes podrán realizarlo? Ya lo sabemos, los oprimidos. Por eso hablamos de liberación y no de desarrollo. El desarrollo es la nueva canción que entona el capitalismo para adormecer a sus víctimas. Nosotros hablamos de liberación porque la opresión nos circunda; como si no viviéramos en un continente cristiano, o al menos bautizado, son mayores los presupuestos que se invierten en armas, en vigilancia, en fronteras, en resguardos, en alambradas, en cerraduras, en muros, que los que se emplean en corresponder al poder creador del ingenio humano humanizado. El pobre nada cuida porque lleva en sí mismo su única riqueza inapreciable. El rico que ha vendido su persona al dios oro, consume sus días y sus noches en custodiar desafiando y amenazando con más y mayores rapiñas. Dejad a los marginados negociar la integración del continente y no se necesitarán ni costosos viáticos, ni encarnizadas discusiones, ni majestuosas ceremonias para firmar los tratados. Dejad a los marginados, indios, negros, campesinos, obreros y los más humildes, estudiantes encarcelados... dejadlos a ellos, discutir ellos, programar ellos la integración, y veréis que no fijarán plazos ni de diez ni de cinco ni de quizá menos años. Al pobre le interesa vivir, no le importa ganar. Dirán los técnicos de la integración que el consejo de los jóvenes y el aporte de los débiles y la luz de cocuyo de los ignorantes llevarán el continente a la bancarrota... ¿Podrá haber una peor que ésta que nos martiriza? ¿Quién no ve que la vieja Europa con toda su técnica, no ha logrado aún el Mercado Común y cada día su escasa juventud se siente más y mas defraudada? Cesen ya los hipócritas cantores de la técnica de seguirla exaltando como un amuleto. Los nuevos poderes de los hasta ahora desposeídos se alzan amenazantes descubriendo al mundo de los opresores el final de los dominios. Y vosotros obreros sindicalizados que participáis en vuestras organizaciones de los vicios de la sociedad que os impulsó a vivir, cuidaos de los falsos profetas que os hacen creer que las prestaciones y los salarios elevados son la solución de vuestra mentira. ¿Qué ha ocurrido con ello fuera de haceros causantes de la escalera que sube el costo de la vida? ¿Quién paga la opresión7 Vuestros hermanos sin trabajo, los campesinos sin seguros, los mayores de cincuenta años, los hijos numerosos, es decir, el pueblo que os dio la vida. [57] En una sociedad capitalista, aun las mejores intenciones vienen viciadas por el pecado original de la soberbia. Por eso os hemos escuchado decir: con tal que yo mejore mi situación, ¿qué importa que otros muchos se queden sin trabajo? ¿qué importa que haya menos maestros, menos escuelas, menos fábricas, menos carreteras? La soberbia de los ricos, se os ha metido hasta los huesos y todos suspiráis por ver a vuestros hijos de gerentes de bancos o de presidentes de la Andi, y a vuestras hijas pretendiendo emular a Jacqeline. ¿No creéis que la raíz de la multiplicación de centrales obreras está más en una lucha por prestigio que en un anhelo de sacrificarse por los más necesitados? A veces me tienta la idea de que una organización sindical única para Latinoamérica, sería la fuerza liberadora de nuestro Continente. Pero me detengo al punto diciendo a la tentación: apártate de mi Satanás, que antes se destruirán los obreros que juntarse. Hemos sido amaestrados por razas puras y nuestro Continente tiene un destino superior a los continentes de las razas puras. Comprendo que no os he indicado un camino, sino que acaso os he aumentado vuestras inquietudes. Es mi oficio. Si hablara a un pueblo auténticamente cristiano nos bastaría con abrir el Evangelio y saldría el sol. Pero he aquí que también el Evangelio nos ha llegado con los vicios de los evangelizadores extranjeros y nos es necesario ahora despojarlo de los elementos que lo disfrazan. Por eso creo que apenas estamos dando los primeros pasos, que son el descubrir en nosotros una humanidad capaz de encarnar al Redentor. Yo pienso que sólo cuando hayamos realizado esta capacidad, entonces el resto de la humanidad, descubrirá la verdad del Papa Paulo VI cuando nos señalaba como esperanza del mundo. No quiero subestimar vuestros esfuerzos por cambiar también la estructura sindicalista heredada de los foráneos por una mentalidad, no estructura, capaz de borrar fronteras y llenar abismos. Un sindicalismo obrero frente a un sindicalismo patronal seguirán siendo dos lobos en un circo. Si queréis dar un aporte eficaz al mundo del sindicalizado, demostradle con hechos, que el sindicato no es una guerrilla anticapitalista sino una molécula de fraternidad universal que, como la levadura, tiene el secreto de fermentar las masas en ese espíritu nuevo que hará de nuestro Continente el verdadero Nuevo Mundo. [58]-volver- |
UNA PAGINA EN QUE REVELA SU IDENTIDADEn abril de 1969, como respuesta a la carta de un amigo sacerdote que parece insinuar una honda preocupación por la imagen que estaba recibiendo de Monseñor Valencia, hace pública una "CARTA ABIERTA A LOS SACERDOTES", donde deja claras sus convicciones. |
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| ValenciaCano | Cada día los
medios de comunicación social aceleran más los
acontecimientos; y en el mundo en que vivimos, cobran un
interés especial los que están relacionados con la
religión y la cuestión social. Cada día siento que de todos lados me acosan preguntándome: ¿hasta cuando nos vas a tener en suspenso? ¿Tu quién eres? Yo quisiera salir gritando: soy un sacerdote misionero que quiere vivir a los cincuenta y dos años de edad y hasta su muerte, su sacerdocio, como el día de su ordenación. Ya desde entonces comprendí que la ascética, la mística y la caridad cristianas tenían para el sacerdote una exigencia muy superior a las de los simples fíeles, aun en su vocación apostólica. Comprendí, igualmente, que mientras el sacerdote más se acerca a Cristo, más se debe acercar a los hombres, sus hermanos, sean ellos publicanos o pecadores, escribas o fariseos. Comprendí que para conocer a Dios es necesario conocer al hombre y que es necesario amar al hombre para poder amar a Dios', como lo recordaba Pablo VI al finalizar el Concilio. Comprendí que el rendimiento apostólico está en la medida de nuestra incorporación a Cristo: y que así como nadie puede ir a El si el Padre no lo atrae, el don de la perseverancia en la vocación es un don superior a la vocación misma. Comprendí entonces y ahora lo veo mejor, que a medida que el mundo avanza, el Evangelio cobra, para el hombre, y en especial para el sacerdote, mayor actualidad; y que aceptarlo con humildad y vivirlo con coraje es hacerse mejor hombre y hombre mejor. Comprendí que el Reino anunciado por Cristo padece violencia y que se necesita valor humano, no ordinario, y gracia del cielo para negarnos, como allí se nos pide; para perdonar, como allí se nos exige, y para sacrificarnos, como allí se nos insinúa. [59] Comprendí que la vocación de evangelizar a los pobres lleva consigo el deber de denunciar las injusticias y las hipocresías de quienes echan pesadas cargas sobre los hombros de los demás y ellos no las tocan ni con un dedo. Así entiendo yo mi sacerdocio: no confundo sacerdocio y celibato, pero sé que el celibato, íntegra y gozosamente llevado, da una fuerza extraordinaria al sacerdote. No confundo sacerdocio y pobreza: pero sé que la pobreza sincera y amorosamente vivida, configura al sacerdote con el Cristo que no tenía donde reclinar la cabeza. No contrapongo en mi vida sacerdocio y jerarquía, porque ambos deben entenderse como posturas de servicio a impulsos del amor. No confundo sacerdocio y política: pero sé que en este momento que vive una nación cristiana como Colombia, el sacerdote debe ser por vocación, la levadura para el cambio que esperamos (GS. 40) y que su palabra y su acción valientemente evangélica, tiene que ser la luz para los marginados y sirena de alarma para los dirigentes. No confundo progreso temporal y Reino de Cristo: sé sin embargo, que el primero en cuando puede construir mejor la sociedad humana, interesa en gran medida al reino de Dios' (GS.39; CM.55.5). ¿Y el aggiornamento? Para mí, aggiornarse el sacerdote es sentir, como Cristo el dolor de las muchedumbres marginadas, y la rebelión de esa juventud aprisionada dentro de unas estructuras que deberían estar en continua revisión, según las exigencias de los tiempos y los impulsos del espíritu. Aggiornarse es descubrir y justipreciar en cada hombre y en cada región los valores que la Providencia distribuyó a cada cual como le plugo, para que los hombres, en indescriptible variedad. reflejaran las infinitas perfecciones del Creador: y reunidos por la caridad, caminaran juntos como los miembros de una gran familia humana. Aggiornarse es sentir el sacerdote hijo de la historia, pero con los ojos abiertos hacia el futuro, actor en el drama grandioso que vive el mundo de hoy con toda la luz que arroja el Evangelio. Aggiornarse es poner esfuerzo, audacia y sacrificio para lograr algo nuevo y grande, como nos pedía Pablo VI en Bogotá. Aggiornarse el sacerdote es, finalmente, comprender que el santo de hoy y en nuestro continente, será quien sea capaz de sentar a la misma mesa al rico Epulón y al pobre Lázaro. [60]-volver- |
EXTRACTOS DE SU DIARIO ÍNTIMO, O LA ATORMENTADA INTIMIDAD DE UN PROFETA En las notas escritas en su Diario, durante el último año de su vida, se reflejan los sufrimientos internos que le causaron los ataques intraeclesiásticos, las acusaciones de que estaba desviándose de la doctrina y la disciplina de la Iglesia, pero al mismo tiempo su decisión de ser fiel, ante todo, al Evangelio y a su conciencia. |
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| ValenciaCano | Enero 10/7:
Señor, qué golpes! (...). Sálvame de estas
aguas que crecen invenciblemente y que comienzan a
hundirme (...). Yo no quiero renunciar a tu
Evangelio. Enero 12/71: Mi Dios, no permitas que te sea infiel: ilumina tus caminos delante de mí. No importa que sean como sean. Lo único que te pido es que los ilumines. Febrero 21/71: Mira, mi Dios. cómo estoy ante los superiores del Instituto. ¿Su opinión será sólo el reflejo de su mentalidad tradicionalista o corresponderá de hecho a la realidad? Yo no quiero sino realizar tu programa en mi: ser tu sacerdote, ser el apóstol de tu Evangelio. Mayo 15/71: ¿Por qué esta angustia, como si no juera un instrumento de tus manos? (...) En tus manos. Señor, encomiendo mi espíritu, no permitas que yo me aparte de Ti. Yo no quiero hacer mi propia voluntad: indícame los caminos que debo seguir y hazme dócil a tu voz para seguirlos (...). No se haga mi voluntad sino la tuya. Mayo 26/71: Haz de mi la victima de holocausto que requieres para salvar a este pueblo (...). Llévame a encarnarme tan hondo, que él pueda aceptarme sin esfuerzo como suyo. Junio 12/71: ¿Qué es esto mi Dios? Todo se ha conjurado contra mí: Tu, el mundo, mi yo. Sin embargo, mientras viva puedo bajar más hondo. Señor, ten compasión de mí. Julio 5/71: Mis respuestas de ayer a las acusaciones contra Buenaventura causaron una protesta tremenda por parte de los 36 javeríanos que hadan retiros en Yarumal. ¿Cómo desconocer mi culpa? Pero Tu conoces. Señor, mi pensamiento. No soy un [61] santo y debo alegrarme de que mi cinismo aparezca al descubierto. Esta misma confusión que ahora escribo no tiene visos de conversión. Señor, Tu eres la ruta. Tu eres la luz. Yo sé que tanto mis pecados como mis actos de virtud entran en tu programa. Yo no quiero pecar. Pero tampoco quiero retirarme a descansar de esta lucha en que cada día me comprometo más. ¿Por qué no me iluminas mejor el camino? Pero, si lo que quieres es mantenerme en este tormento, dame fuerzas para continuar, amor para no deshumanizarme y fe en Ti para no apartarme jamás de tu presencia, por más que estés siempre detrás de la nube que te oculta al común de los hombres y especialmente a algunos. Yo no quiero preferencias; dame valor para soportar siempre el último lugar. Septiembre 23/71: ¿Qué hago, entonces? ¿Cerrar los ojos? ¿Huir? Ni cerrar los ojos ni huir: amar. No es mi vocación encerrarme. Debo ser levadura, luz, sal. ¿Cómo podré serlo? Purificándome. ¿De qué sirve la sal corrompida, la luz apagada, la levadura sin fermento?. Septiembre 28/71: Dios mío. Dios mío, mira que me ahoga este oleaje. Tu que eres la luz, ilumíname el camino. ¿Es que mi andar es sólo cuestión de coraje? Dame fuerzas, Señor, que desfallezco. Enero 11/72: ¡Qué situación! Cuando el agua empieza a desbordarse, de nada sirven montoncitos de barro. Enero 14/72: ¿Cuánto ha de durar esta situación? Mírame, Señor, ¿desde lo profundo clamo a Ti, Hasta cuándo?. |
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