JUNIO
JUEVES 2:
El lunes es el
cumpleaños de mi profe querido. Tú sabes, Diario, que lo he tratado de “odiar”,
pero esa es una palabra que no existe en mi diccionario, y peor para mí. Como
ese día el señor se lo va a tomar libre, mañana le tengo que dar su regalo. Sí
o sí. Como sé que le gusta leer, le he comprado El beso de la mujer araña
publicado por El Comercio (Me
gustaría que exista una novela llamada El
beso de Velinda, pero como no existe, la araña tiene que hacerlo por mí.).
Me ha costado diez soles (o sea que voy a trabajar gratis dos semanas en la
biblioteca). También le he grabado un CD con baladas antiguas de mamá y escrito
un poema. ¿Me atreveré a entregárselos? Esa es la pregunta del siglo. Tengo que
hacerlo. Es mi último año en el colegio. Es su último cumpleaños que la pasamos
“juntos”. ¿Dónde estaré el próximo seis de junio? No lo sé. Ojalá que le guste
mis regalitos. El regalo es chico, pero el corazón es grande. Ya me imagino la
escena: profesor, por su cumpleaños este pequeño presente. Oh, Vely, gracias,
pero no te lo puedo aceptar, yo tengo mi sueldo del Estado, no necesito nada de
los (pobres) alumnos. ¿Me pongo a llorar como una niña a quien le han negado un
dulce? No creo que sea tan estúpido como para rechazarme un regalito. ¿Acaso yo
le dije no cuando me regaló una crucecita por mis quince años? ¿Y si no lo
invitaba a mi fiesta, no me regalaba nada? De repente. Debo estar loca para
seguir enamorada de él a pesar que no me ayudó con el problema de mi hermana.
He tratado de arrancarlo de mi corazón, pero es imposible. Son tantos años de
amor en silencio, de sufrir en silencio, de ser feliz en silencio. Desde primer
año, cuando era mocosa y tenía el pubis pelado y las tetas apenas me estaban
brotando. Ahora estoy en quinto. Dentro de medio año terminaré el colegio, y
adiós, querido profesor, querido amor de mi adolescencia. ¡Seis meses más y a
la calle! Si el tiempo pudiera retroceder, ¿pero para qué? ¿Repetir de año para
qué? ¿Para decepcionarlo? Debería adelantar el tiempo más bien. Si al menos
tuviera diecisiete o dieciocho años. Lo nuestro tampoco es imposible, si estuvo
enamorado de Hilda Angélica, ¿por qué no podría enamorarse de mí? ¡Necesito
tener dieciocho años ya! Si fuese mayor las cosas serían diferentes. Hasta
podría fugarme con él sin temor a que le den cadena perpetua por corruptor de
menores. Si al menos fuese como Melissa de Cien
cepilladas antes de dormir las cosas serían diferentes. Si al menos fuese
Angie. Está saliendo con el Pelón. Le
está sangrando rico al tío. Ropa, regalos, paseos, restaurantes. Si el profesor
Palomino al menos me invitara a almorzar. Con un menú en el quiosco del colegio
me conformo. No quiero pollo a la brasa ni pizza. Sé
que nunca lo va a hacer. Se chupa. No se atreve. ¿No querrá meterse en problemas?
Sólo cuando lo ayudo en la biblioteca me invita de vez en cuando una gaseosa y
un pan con jamonada. Nada más. A veces me invita los caramelos que le compra en
la combi a los pirañitas. Endulza tu vida, Vely, me dice. Si supiera que es la
miel de sus labios la que quiero probar. ¿Y si le escribo una carta diciéndole
que estoy enamorada de él? Va a pensar que estoy loca. Y no se va a equivocar.
¡ESTOY LOCA! ¡¡LOCA!! ¡CRAZY! Loca de amor. Sigue así, Velinda, hasta que
termines como Mariana. No soy tan tonta. Primero matrimonio, y después todo lo
que los hombres quieran. ¿Y si muero virgen? Piña para mí. Prefiero morir pura
que terminar como Lidia,
VIERNES 3:
Soy una de las primeras en llegar al colegio. Me voy directo a la biblioteca.
-Hola, Velinda, ¿qué haces tan temprano aquí?
¡Oh, sorpresa! Ni sentí que la puerta se abría. Puchamadre, ¿y ahora qué hago? ¿Qué hago, Diosito? ¡Ayúdame, Señor! Estoy con el paquete en la mano. Se lo tengo que dar, no vaya a pensar que estoy robando libros. Estamos solos. Este era el escenario que yo quería, ¿no? Vamos, Vely, anímate. ¿Qué pierdes? Nada. Nada.
-Por su cumpleaños, profe –le alcanzo su regalo.
Me mira, sorprendido.
-Gracias, Vely.
-De nada, profe –me pongo de puntillas para darle un beso, entonces, ¿cómo ocurrió?, no lo sé, nuestros labios se rozan. Se rozan por un segundo.
-Perdón… –dice, y se pone colorado.
Yo estoy muda. Nos miramos.
-Vely, yo…
Salgo volando de la biblioteca. Me olvido de mi mochila. Él ni me llama.
¡Dioses, me ha dado un beso! ¿O fui yo quien se lo dio? No lo sé. Creo que me enredé en mis pies, o me precipité hacia su rostro y en vez de besarle la mejilla le besé los labios. ¿Y si él volvió el rostro a propósito? Pensándolo bien, allí debí aprovechar para comerlo a besos, para decirle todo lo que siento por él. Pero no me lo esperaba. Ni en sueños. Ni en mis mejores sueños. Soy una loca, o una tonta.
Cuando el profesor entra al salón, con mi mochila en la mano, el corazón me late a mil por segundo.
-Tu mochila –me dice.
Nada más. Tampoco me va a decir estaba rico el beso, ¿no?
Yo siento que la cara se me cae de la vergüenza. No despego los ojos de mis libros, pero no puedo concentrarme en los estudios.
A la salida le celebramos su cumpleaños entre todos. Le pido a la gorda Quintana que hable por mí. Yo me siento en un rincón, lejos de sus ojos. Tantas cosas que quisiera decirle y no me atrevo. Por ejemplo, le diría que ese beso fue el primero que me dio un chico, o un tío, y me hizo feliz. Ya no soy virgen de labios. Algún día les contaré a mis nietos que el que primero me besó fue mi profesor de comunicación.
Le cantamos el Cumpleaños feliz y partimos la torta de chocolate que le hemos comprado. El chocolate es su sabor preferido. Yo comeré torta de chocolate en todos mis futuros cumpleaños.
Nos da las gracias. Está colorado. Seguro está recordando el beso que nos dimos. Yo nunca lo olvidaré. Nos dice que nos quiere como si nosotros fuéramos sus hijos. ¿No estaré cometiendo incesto? Nos dice que el mejor regalo para él es que toda la promoción pase de año. Sólo un par de veces nuestras miradas se encontraron. Me hice la tonta.
-Chau, profesor, que el lunes pase un bonito día –me despido sin beso.
-Chau, Vely. Gracias.
¿Gracias por el regalo, o gracias por el beso? No lo sé.
SÁBADO 4:
Le mando un correo al profesor deseándole feliz cumpleaños. Le escogí la postal más bonita de yahoo.
Anoche soñé con él: estábamos besándonos en
la biblioteca, sentí clarito el beso, cuando de pronto entró Caycho y nos
pescó. El profesor y el director se pelearon y a mí me mandaron a OBE donde
DOMINGO 5:
Transcribo textualmente el correo que me envió el profesor: Muchas gracias por tus regalos (¿también estará incluido el beso?), Velinda. Siempre los voy a conservar en mi corazón (¿también el beso?). Estoy orgulloso de tener una alumna inteligente como tú. Sigue así, nunca cambies.
Te quiere
Tu profe
Le respondo un De nada, profe,
usted se lo merece. Se merece eso y mucho más.
¿Me responderá?
Vuelvo a ir al chat en la noche y mi correo está vacío. ¿Habrá salido a celebrar con sus amigos? ¿O con sus amigas? ¿Y si la profesora Martha lo llamó y se reconciliaron? Los cumpleaños son una buena oportunidad para perdonarse. Los celos me corroen el alma.
LUNES 6:
Cumpleaños del profesor. Se tomó el día libre. Entro a la biblioteca y recuerdo el beso que nos dimos. Allí debí decirle que estaba enamorada de él. Esa fue mi oportunidad. Ojalá que se repita.
El colegio me parece inmenso y vacío sin él. Menos mal que mañana lo veré.
MARTES 7:
El profesor Palomino faltó. Mi correo sigue vacío. ¿Qué le digo si le escribo? ¿Reclamarle por qué faltó? ¿Acaso yo le pago? ¿Decirle que lo extraño?
MIÉRCOLES 8:
Le preguntamos por qué faltó y nos dice que le dio flojera venir a hacer clases en el primer día de su nueva edad. Qué fresco. Apenas nos miramos a los ojos. Le pido permiso para ir a los servicios y me dice vaye nomás, alumna. Ni una referencia a mis regalos. Cualquiera me dice la novela está interesante, las canciones están lindas, escribes bonito, tienes pasta de poetisa. Nada. ¿Habrá botado mis regalos a la basura? Los habrá tirado en algún rincón, supongo. No debí rebajarme tanto.
En el recreo se va al cafetín con sus colegas y yo me quedo con Angie atendiendo la biblioteca.
VIERNES 17:
Nos entregan nuestras libretas del primer trimestre. Estoy invicta, he aprobado todos los cursos. En comunicación tengo la nota más alta de todo el salón: 18. Ya lo sabía, el profesor Palomino es así, recién en el último trimestre me pondrá veinte. Haga lo que yo haga, así me gane el Nóbel o el Premio Planeta, el segundo trimestre tendré un diecinueve. Él nunca pone un veinte en el primer periodo. Si le reclamo, me dirá el día que no tengas ni un error ortográfico tendrás puros veintes nomás. Con los bimestres era igual, empezaba con un diecisiete y terminaba con un veinte. Por lo visto, ni el beso que nos dimos, o que me dio, o que le di, sirvió de algo. Él sigue fiel a sus costumbres. Me duele creer que ese beso fue producto de la casualidad. ¡Dos semanas ya desde aquel inolvidable día! Sigo en la biblioteca, no tengo otra opción, pero casi nunca estamos solos, a veces está Angie, que sigue saliendo con el Pelón, o el auxiliar, quien viene, según sus propias palabras, a buscar carne fresca e inteligente. Algún día lo botarán a ese tío como un perro. El profesor Palomino no le ha querido prestar sus libros personales, el Abuelo terrible no le vaya a hacer alguna jugada. Este colegio será chiquito, pero es un infierno grande. Incluso al director lo han querido sacar un grupo de padres de familia comandados desde la sombra por el profesor Benito. El Gordo quiere ser director a la mala. Al menos no ha chocado conmigo y me ha puesto quince. A Angie la jaló. Pobre amiga mía, es media brutita. Está más preocupada en sus aventuras con el Pelón que en los estudios. El tío la ha querido llevar a un hostal, pero ella no da su brazo a torcer. ¿Qué haría yo si el profe me quiere llevar al Leo’s? Le metería un sopapo. Angie dice que el Pelón le para hablando de sexo nomás. Para mí que el tío sólo quiere chuculún con mi amiga. Y ella sigue allí, hasta que meta la pata. Allí ni su pepa de palta la va a salvar. Pelo de choza y la profesora Lucía me han puesto las notas más bajas: doce y trece respectivamente. Pero si quemé cerebro en esos cursos.
Hace medio año cumplí los quince. Dentro de medio año cumpliré dieciséis y ya estaré con un pie fuera del colegio. ¡Ah, si pudiera detener el tiempo! Si pudiera saber lo que va a pasar el otro año.
El clima está más loco que yo, hay días más calurosos que en el verano después de un día de llovizna y neblina. ¿Cómo será dentro de algunos años? Nos sancocharemos un día y al siguiente nos congelaremos seguramente.
JUEVES 30:
Último día de junio. Mi vida es intrascendente como la de un gatito, Diario, por eso escribo poco en estos últimos días. La otra semana es el Día del Maestro. ¿Le regalaré algo a mi tutor? Creo que no. Por lo visto, mis regalos no le interesan, puede prescindir de ellos sin problema alguno. Y eso duele. Duele que hagas méritos por gusto.
Falta poquito para las vacaciones de medio año. Mis últimas vacaciones. En este año todas las cosas son por última vez.