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Cuentos y Escritos>¡Gloria a la Naturaleza!
¡Gloria a la Naturaleza!
Dios no existe, no. Y eso lo sabemos bien tú y yo. Lo sentimos como algo patente, palpable, que se discurre por todos lados como los rayos de sol que cubren día tras día la tierra. Podemos ver la inexistencia de dios, la podemos sentir. Está presente cada vez que un niño sonríe, o cada vez que un ave canta, está presente en las flores y está presente en los inmaculados bosques, en los océanos, en el canto secreto de la ballena azul y en la asombrosa transformación del moho del limo (o mohos plasmodiales del fango), en una inmutable babosa. Está en los crepúsculos carmesí del pacifico, y en las noches estrelladas del Magreb, lo estás viendo y sintiendo en este momento frente a tus ojos como miles de millones de electrones que chocan sobre la película de tu monitor (si tienes un monitor de tubos catódicos.)
La ausencia de un dios conocedor de la todas las verdades y que puede estar en todas partes es una idea de mentes cautivas, de mentes paleolíticas que intentan justificar su moral y su entorno con algo mágico. Sin embargo, esto no es peligroso para el hombre en sí. Es más, fue una virtud por mucho tiempo. El hombre necesito de este tipo de entes mágicos a los que llamó dios (Ra, Jave, Alá, Cristo, Tupá, etc.) para poder controlar a las masas (no intento hacer apología al marxismo) según sus fines políticos. Pero entrar a hablar de los fines políticos de la religión sería hablar mucho para decir poco. Creo que todos los que pueden tener acceso a este escrito es por que como mínimo utilizan con cierta regularidad Internet y se supone que son gente que maneja información. Hoy les quiero contar la Mala Nueva que baña la tierra, el Disvangelio.
Señores, no voy a intentar que dejen de creer en su dios, sea cual fuere éste. No quiero que abandonen sus templos, no quiero que dejen de orar. No. Eso sería muy tonto de mi parte, sería una estupidez que ni siquiera se puede justificar con la supinés (si es que me permiten utilizar ese termino.) El mundo no va a dejar de creer en dios, por lo menos no mientras yo viva. Sin embargo creo que es justo que sepan que estamos solos en el duro camino de nuestra existencia, que no nos espera un paraíso donde las fieras juegan con los niños y donde las vides crecen en el patio de tu casa. Estamos solos y tenemos una sola arma para paliar los sufrimientos que soporta este montón de células agrupadas al que llamamos cuerpo; esa arma es la Ciencia. La Ciencia no tiene por que estar en contraposición a la idea de dios, sin embargo la Ciencia se encarga de trabajar con cosas tangibles: medibles, repetibles y comprobables. La Ciencia amigos, no es la enemiga de la idea de dios, la Ciencia es simplemente la Antítesis de idea dios, de lo inmutable, de lo eterno.
Es duro aceptar que este mundo es más parecido a lo que decía aquel poema de Heráclito “El Oscuro” en donde se manifiesta que “No puedes bañarte dos veces en el mismo río” Todo pasa, todo se transforma, nada es inmutable, todo cambia. La idea de un dios creador es tan vacía como la mente de las personas que la sustentan. Basta tan solo con mirar a nuestro alrededor para darnos cuenta de que tan alejados estamos de la existencia de algo “superior”. Pero sé que es difícil, sé que cuesta mucho leer algo tan perturbador como los Principia de Newton o algún libro más sencillo como Una breve Historia de Casi Todo de Bill Bryson. Es incomodo salir del centro del universo para situarnos a un costado ínfimo de una de las miles de millones de galaxias que pueblan el gran espacio.
Por eso hermanos, no intenten cambiar de religión ni dejar de creer en un dios. Tan solo traten de dejar abierta la posibilidad de que toda esta naturaleza (y artificialidad) que nos rodea es producto de millones de años de evolución (4500 millones de años desde que se formó la tierra) y que nosotros, los humanos, tal y cual somos ahora, tan solo estamos aquí hace poco más de treinta mil años, nada en comparación a nuestro hogar, que parece ser más hogar de las bacterias que de los mamíferos y que nos muestra a cada instante que si algo tiene la categoría de dios en nuestras proximidades es ella. La Naturaleza.
¡Gloria a la Naturaleza!
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