Deux Kratos: Pantheon
Séptimo acto: La Primavera Florece -Obertura-
Al llegar a su casa, Maaya se dio cuenta que estaba sola. Recordó que su padre había viajado a las afueras de la ciudad para cuidar a su hermano, mientras que sus hermanitos se habían ido de campamento con otros amigos. Esa ocasión lo aprovecharía para llamar a los demás e ir a ayudar a Aoshi. Sacó una chaqueta del armario y se marchó a toda prisa.
* * *
Aoshi no podía creer lo que estuvo pasando. Cuando una de las tres cabezas del perro lo mordió, pensó que moriría al empezar a sangrar, hasta que llegó alguien a su rescate. El perro, al ver al recién llegado, se volvió temeroso y huyó por un pasaje oscuro.
Para el dios de la guerra era inaceptable el que un completo extraño le hubiera salvado la vida y, que para rematar, estaba cuidándolo en su departamento.
–¿Qué era esa cosa que te estuvo atacando? – le preguntó el joven a Aoshi.
–No sé... Pero no quiero saberlo – respondió. Aún le dolía la herida y, aunque podía sanarse sola, aún pasaría mucho rato para que cicatrizara y se borrara.
–Llamaré a tus padres para que sepan que estás bien y que pueden recogerte aquí, Aoshi. No deberías estar en la calle a estas horas.
–¡Para tu información soy lo suficientemente grande para andar solo! Además... Mis padres viven en Kyoto ¡¿Y cómo es que sabes mi nombre?!
–Ten... – le pasó su carnet de la escuela – La encontré en tu chaqueta.
–Al menos no te la llevaste... Ni la podrías vender si no le quitas la sangre y las mordidas. Ya que tú sabes mi nombre, es justo que me digas cómo te llamas tú.
-Soy Yamato Kobayashi - después de mojar una toalla con un líquido, le quitó las vendas a Aoshi - Esto te va a doler.
–¿Doler qué? ¡Aarrgghh! – gritó de dolor cuando Yamato le colocó la toalla en el hombro.
–Sí... Siempre funciona.
–¡¿Qué diablos fue eso?! – balbuceó al recuperarse.
–Una medicina que me enseñó a hacer mi padre. Desinfecta, acelera la cicatrización y mata neuronas – dicho esto, se tomó un buen trago de la botella – Te daría, pero eres menor de edad.
–¡Tengo diecisiete años! ¡No es para que me trates como a un niño!
–Pero yo te encontré, así que puedo tratarte de cualquier manera.
No había forma de discutir con él. Se resignó a quedarse con Yamato hasta que se curara y luego le daría un escarmiento al monstruo que lo atacó.
Después de un rato, los dos comenzaron a charlar como si se conocieran desde hace mucho tiempo.
–Así que aún estudias en Hokubei. Yo también estuve ahí ¿Sigue enseñando la vieja de la maestra Fujisaki?
–Más vieja y amargada cada día que pasa – continuó contando Aoshi.
–Aún tengo buenos recuerdos de esos días. Una vez pegué los muebles del salón en el techo.
–¿Fuiste tú? Esa hazaña fue mi inspiración desde que entré a la secundaria.
–No creí tener un seguidor... Esa hazaña me costó cinco botes de súper pegamento.
Aoshi sabía que en algún momento tenía que irse. Aún tenía asuntos pendientes con el perro monstruoso.
–Oye... La charla estuvo muy entretenida, pero ya tengo que irme.
–Te llevo a tu casa.
–No es necesario... Yo... Tomaré el bus.
–Ni creas. Yo era experto mintiendo, y sé que te vas a ir a perseguir al monstruo. Iremos a tu casa y no quiero que discutas.
Aoshi lo miró incrédulo. El que Yamato fuera mayor que él y que le hubiera salvado el pellejo, no significaba que se dejaría mandar como si fuera su hermanito menor.
* * *
Los cinco se reunieron en el callejón donde Maaya había dejado a Aoshi con la bestia. Trataron de buscar a Aoshi, pero no lo encontraron por ningún lado; y la mancha de sangre en el suelo no era muy buen augurio.
–No creo que lo hayan matado... – dijo Maaya al ver el suelo – Aoshi no se dejaría tan fácilmente.
–Entonces debe estar en algún lado – Kenji tocó la sangre de Aoshi que estaba en el suelo – Sí. Aún está bien.
–¿Puedes saberlo con solo tocar la sangre? – le preguntó Ryo.
–Eso y porque hay pisadas de alguien más – señaló Reika, al fijarse en las huellas de alguien más en la escena.
–Miren. Las huellas de la criatura van para otra dirección – notó Sakura al examinar otro lado – Debió huir... Esto es raro. Son las mismas huellas que estaban en el muelle.
–Eso significa que el asesinato y lo de Aoshi fue ocasionado por la misma criatura – supuso Reika.
–¿Pero cómo hallaremos a Aoshi? No sabemos si le pasó algo – Ryo estaba también preocupado por su amigo.
–Reika. Maaya. Encárguense de rastrear a Aoshi. Ryo y yo tenemos que ir a buscar a la bestia.
–¿Y yo qué hago? – preguntó Sakura.
–Tú tienes un trabajo muy importante, Takatsuki – le indicó Reika.
* * *
–... Así que tu hermano se va a quedar a dormir con Kenji-sempai y Tenryo-sempai en su casa. Aún les queda mucho qué hacer de su... Trabajo de Física 1 – le explicó Sakura a la niña de 12 años.
–O a lo mejor está tratando de llamar a otra chica desde la casa de Kenji – dijo Emi, la hermanita menor de Aoshi.
–Etto... No sé... pero ellos me enviaron a cuidarte mientras tu hermano está estudiando – no podía creer que la niña fuera tan, o incluso más, precoz que Aoshi.
–¿“Aoshi” y “estudiar” en la misma frase? – preguntó la pequeña – Aunque si están Kenji y Ryo para vigilarlo, sí lo creo posible.
–Bueno... Entonces hagamos algo para que valga la pena el que esté aquí.
–Pues... Quiero trenzarte el cabello.
-... - la chica resopló al escuchar esto - Bien, pero luego iremos a ver televisión y a cenar.
«Las cosas que hago por Kenji-senpai» pensó la chica.
* * *
Kenji y Ryo continuaron recorriendo otro parque, ya que estaba más cercano al callejón. También era lógico pensarlo, ya que ese sería el segundo lugar más favorable para que la criatura se escondiera.
–¿Cómo haremos para encontrar a esta cosa si ni siquiera sabemos cómo es? – dijo Kenji.
–A ver... Creo que tiene dientes...
–Todas las criaturas peligrosas tienen dientes, Ryo.
–¿Y qué hay de la Medusa Asesina? No tenía dientes, pero sus tentáculos paralizantes se hacían cargo del enemigo en un dos por tres.
–Esa serie la veíamos cuando teníamos siete años.
–Pero admite que en verdad te impresionó cómo se batió en duelo con el Gran Tiburón Blanco en el episodio 50.
–Que si lo recuerdo. Yo en verdad apostaba a que el Pulpo Radioactivo iba a ganar.
–Nada que ver. El Pulpo Radioactivo era una pulga comparado con el Monstruo de Algas. Producía sus propias enzimas y se regeneraba con el sol.
–Ahora que lo dices... – entonces Kenji recordó por qué estaban en el parque a las 10.30 pm – ¡¿Qué hacemos hablando de monstruos cuando deberíamos estar buscando uno?!
–Es verdad...
–Pues el último lugar que falta es en esa cueva de osos.
–Y ni siquiera es una verdadera. Es sólo una construcción para las clases de biología de los niños de sexto grado.
–De todos modos debemos entrar.
Kenji se concentró y pudo crear unas chispas en su mano, lo cual le permitió iluminar la oscuridad de la pequeña caverna.
–¿Cuándo aprendiste a hacer eso? – le preguntó Ryo.
–Fui practicando...
–Tus poderes están avanzando muy rápido. A estas alturas podrás dominarlos de nuevo.
–Pues es normal que siga oxidado. Hace milenios que no soy un dios...
–Pues te está saliendo muy bien... Creo que es el entrenamiento que te impuso tu prima.
–No me lo recuerdes... – dijo esto como si se hubiera tratado de la experiencia más traumática de su vida.
* * *
Mientras tanto, Aoshi seguía conduciendo el auto de Yamato, con el dueño del vehículo inconsciente en el asiento delantero. El muchacho mayor quería llevarlo a su casa, pero al parecer el adolescente tenía su propia agenda, y remató el asunto cuando golpeó a Yamato a penas entraron al auto. Con éste último desmayado, Aoshi cogió las llaves del auto y partió hacia el parque, suponiendo que la criatura se dirigía hacia allá.
Su brazo estaba mejor, pero no en el estado para pelear. Aún así, tomaría el riesgo. Eso lo hacía más divertido.
–Esperen un momento... ¿Desde cuando la Cueva del Oso tiene iluminación interna? – se preguntó al divisar la luz en el centro del parque.
Viró el auto y se dirigió a la cueva.
* * *
Maaya seguía tratando de pensar en cómo rastrear al atolondrado de Aoshi Yamaki.
–¿Y si le pasó algo? Nunca debí dejar que peleara solo contra el monstruo.
–Deja de reprenderte tanto, Maaya. Sabes que es el dios de la Guerra. No es fácil destruirlo en un dos por tres – trató de calmarla una serena Reika.
–Eso lo sé perfectamente... Pero también sabes que se confía demasiado de su título. Y ese es el talón de Aquiles que formó él solo.
–Podría decir que empiezas a preocuparte por él, Maaya.
–¡Nada de eso! – refutó Atenea instantáneamente – Sólo que todos los dioses seguimos siendo hermanos, aunque hayamos nacido separados. Es natural que muestre interés por lo que pasa.
–Como digas... – la reencarnación de Artemisa hizo una mueca de incredulidad luego de escucharla. Sabía que Atenea era muy sensata, pero para ocultar sus sentimientos tampoco era muy buena que digamos.
Aún estaban sin pista alguna sobre el paradero de Aoshi, por lo que estaban empezando a desanimarse en la búsqueda.
–Debería haber algún medio para localizarlo.
–¿Pero cuál? La única pista que tenemos es el charco de sangre en el callejón.
–Sangre... ¡Eso es! – Reika pensó en seguida y se entonces recordó algo muy importante – La sangre es siempre la solución a los problemas de los dioses ¿Te has dado cuenta de eso?
–Pues es verdad... Hasta parece tan trillado...
* * *
Cerca de otro callejón, el perro de tres cabezas sintió dos presencias y se puso a la defensiva. La primera persona que apareció resultó ser Goro Hanajima, el cual apoyó una rodilla en el suelo y miró seriamente al animal, el cual se volvió manso como cualquier perro doméstico y se acercó dócilmente al dios del Mar.
–Aún te acuerdas de mí. Buen chico, Cerbero – dijo el hombre, aún acariciando la cabeza central.
–Apuesto a que está perdido aquí... – Marla salió también a escena y también acarició al guardián del Hades – Oye. Apuesto a que buscas a tu dueño, ¿Verdad?
Cerbero asintió y le dio la pata a la diosa. A pesar de verse monstruoso por sus tres cabezas, era un animal muy inteligente, capaz de entender el lenguaje humano. Si no fuera por esas características, pasaría como un gran danés normal.
–Sigues siendo adorable – dijo como si se tratara de una cachorrito tierno.
–Deja eso para cuando tengas hijos – contestó Hanajima sarcásticamente. Luego volvió hacia Cerbero – Si estás aquí, significa que tú también quieres verlo ¿No es así?
Asintió de nuevo, pero mostró un gesto manso y atemorizado a la vez.
–¿Qué te ocurre, Cerbero? – preguntó Hestia.
–Seguro que él ha visto a la otra criatura que sentimos.
El animal se levantó del suelo y miró a Poseidón como si le estuviera pidiendo ayuda.
* * *
Volviendo a la cueva, Kenji aún peleaba con una criatura, mientras Ryo había sido dejado inconsciente por un fuerte coletazo del animal. En esos momentos, una luz desde la entrada de la cueva ilumina el interior. Kenji vio la forma del animal: cuerpo y cabeza de león, alas y garras delanteras de águila y cola de serpiente. Esa era una quimera.
–¡Kenji! – Aoshi salió del auto.
–Aoshi... – Kenji aún estaba arrinconado. Tenía que preguntarle varias cosas a su recién llegado amigo: Si estaba bien y de dónde había sacado el auto, entre otras; pero no era el momento para preguntar algo así.
–¿Contra qué peleas?
–¿Qué pregunta es esa? ¿Acaso no te atacó esta Quimera?
–¡Claro que no! ¡A mí me atacó un perro monstruoso!
–¡¿Entonces por qué peleo contra esto?!
Aoshi fue a ayudarle, así que pateó con rapidez al animal.
–Recoge a Ryo y llévalo al auto – le indicó el castaño.
–De acuerdo. Te lo encargo.
Mientras Kenji llevaba a su inconsciente amigo al auto, Aoshi se iba a preparar para su pelea. La quimera ahora estaba con la vista enfocada en el Dios de la Guerra.
–Oye, una cosa, bestia ¿No conoces a un perro feo de tres cabezas? Aún tengo que ajustar cuentas con él... – le dijo el joven, como si pudiera intimidar al híbrido.
* * *
Cuando Kenji llegó al auto, se sorprendió al ver al joven que estaba en el asiento del acompañante.
–¿Yamato? – dijo el chico de ojos verdes.
–¿Kenji? Has crecido mucho – dijo el joven de 27 años al reconocerlo también. Recién estaba despertando.
–Pues no es buen momento... Tengo que ayudar a mi amigo Aoshi.
–Quién diría que él era conocido tuyo...
Después de dejar a Ryo, Yamato y Kenji entraron a la cueva.
* * *
Casi lo tenía dominado. Sólo habían pasado unos segundos y ya lo tuvo completamente dominado.
–No tienes idea de cuánto te detesto – se quejó Aoshi después de varios golpes y zarpazos que la quimera le propinara.
Una piedra desvió la atención del monstruo mítico. Al voltear, Aoshi se dio cuenta que Yamato fue el que lanzó la roca.
–Cuando pensé que había algo peor... Tenías que venir tú de nuevo – dijo el irónico adolescente.
–Tú y yo hablaremos muy seriamente.
Pero al distraerse, la quimera aprovechó para atacar al recién llegado. Kenji levantó a Aoshi del suelo.
–¿Qué hacía Yamato contigo? – le preguntó Okubo.
–¿Tú lo conoces?
–Él es...
Debieron interrumpir la charla al recordar que Quimera aún quería comerse a Yamato. Cuando todo parecía perdido, otra criatura intervino para salvarlo. Era Cerbero, quien ahora luchaba contra la Quimera.
–¡Es ese perro! – exclamó Aoshi.
–¿Él te atacó? – preguntó Kenji, confundido al ver a las dos bestias luchando ¿A cuál de las dos debía apoyar?
–Ese es... – Yamato parecía estar recordando – Cerbero...
La batalla entre ambos animales estuvo pareja, pero al final quimera demostró ser más fiero que el guardián de los infiernos. El perro terminó lastimado de una pata, quedando indefenso en el suelo, pero Yamato intervino para defenderlo.
–Ya estás bien, amigo... Pasaste todo esto para encontrarme ¿No es así? – le dijo al animal con cariño.
Al escuchar ese comentario, Kenji se dio cuenta instantáneamente. Había una persona con la que Cerbero era completamente sumiso, y esa divinidad era el mismo Hades.
* * *
–Yamato es... – Lina quedó estática frente a la cueva, seguida por Maaya y Reika. Ella había estado preocupada por lo que pasaba y había recibido la llamada de Reika y Maaya.
–No creí que... – Reika iba a decir algo, pero súbitamente Lina cambió a Perséfone al escuchar que Hades estaba ahí.
–Hades... ¡Él está aquí! – dijo completamente emocionada, pero al instante se horrorizó al darse cuenta de la situación – Tengo que ir con él.
–Es muy peligroso. No vayas – Maaya la sujetó con la ayuda de Reika.
–Hazte a un lado... – le ordenó la esposa del señor de los infiernos.
–No.
–¡Les digo que se quiten! – con una gran cantidad de energía, Perséfone se deshizo de la resistencia de las otras dos diosas.
* * *
Hades no podía hacer mucho, ya que sólo el 10% de su poder había regresado. Debido a eso, sólo podía limitarse a defender a Cerbero. Aoshi se lanzó al lomo de la bestia y ató su hocico con una chaqueta. Kenji pudo aprovechar el momento para sacar algo de energía en un disparo, pero otra carga de energía se adelantó y terminó por matar a la criatura.
–Perséfone... – murmuraron Aoshi al ver que la diosa había acabado al instante con el monstruo, mientras que Yamato se extrañaba por la presencia de Lina en la cueva.
–¡Estás aquí! – fue corriendo donde Yamato y lloró sobre él – ¡¿Por qué tenías que desaparecer tanto tiempo de mi lado?! ¡No sabes la falta que me hiciste!
–Estuve siempre contigo, Lina... Pero recién puedo recordar...
–Yo aún no estaba consciente en este mundo. Y no soy Lina...
Yamato miró confundido a Kenji, como pidiéndole una explicación.
–El caso de Lina es diferente... Perséfone vive paralelamente en el mismo cuerpo que ella.
–Ah... – no podía decir nada más, ya que la sorpresa se lo impedía.
Mientras Perséfone seguía abrazada a él, Kenji se fijó en Aoshi, quien tenía la cabeza gacha.
–¿Ahora qué sucede? – le preguntó el del cabello de dos colores.
–Es que me es difícil aceptarlo...
–Bueno... Yamato nos salvó... y Cerbero también...
–No hablo de eso – en ese momento, Kenji se dio cuenta que Aoshi estaba mirando a Quimera – ¿No debería evaporarse, desintegrarse o algo por el estilo? ¿Qué vamos a hacer con esto?
–Pues... – Kenji también tenía cara de no saber qué hacer.
En ese momento, Cerbero se adelantó a rastras y, con sólo ladrar las tres cabezas al mismo tiempo el cuerpo de la criatura se fue.
–¿No recuerdan que su habilidad es deshacerse de los cadáveres del Hades? – les recordó el soberano del mundo subterráneo.
–Vaya... Sería muy bueno para eliminar pistas – bromeó el castaño.
–Hiciste un viaje largo desde el Hades... Debes estar cansado después de todo esto – Apolo le acarició tiernamente a cada una de sus tres cabezas, a lo que el guardián de los infiernos se pone tan manso como un cachorrito.
Perséfone volvió a atraer la mirada de Yamato.
–Lo que me alegra es que estarás conmigo sin que sea invierno.
–Eso es lo bueno... No te vi por más de dos mil años. No podría aguantar hasta el próximo año...
Cuando los dos se besaron, en ese momento Lina abrió los ojos y se dio cuenta de lo que estaba pasando. Lo siguiente que se escuchó fue una sonora cachetada.
–¿Quién te entiende? – se quejó Yamato.
–Eres un aprovechado... – se alejó completamente apenada.
–Pero si ella... Ah, claro... Tiene en su mismo cuerpo a una mujer que sigue loca por mí...
–Mujeres... Cada día están más locas – dijo Aoshi.
–Dale tiempo, Yamato – le dijo Kenji, con una sonrisa de complicidad. La reencarnación de Apolo aún estaba cargando a Cerbero en su espalda.
–Pues creo que debería darte las gracias, sarnoso – cuando Aoshi iba a acariciarle, las tres cabezas le gruñeron – ¿Y qué le pasa a éste?
–¿Acaso lo olvidaste? – le dijo Yamato – Yo recién lo acabo de recordar.
* * *
(Hace 4000 años)
Un adolescente Ares fue de visita al mundo subterráneo, ya que tenía que hacerle una visita anual a Perséfone por parte de su padre.
–Y recuerda. No toques nada – le siguió prohibiendo su tío Hades.
–Tengo más de 500 años. No me sigas tratando como a un niño – le respondió el joven dios de la guerra.
-Muy bien. Espera aquí mientras voy a decirle a tu hermana.
El travieso dios adolescente se dirigió a las orillas de Estigia para ver cruzar a los muertos, cuando vio a Cerbero a la orilla del río congelado.
–Oye, sarnoso ¿No tienes nada qué hacer?
El perro parecía tener ganas de ignorarlo y seguir con su juguete.
–Deberías estar ahora comiendo carne muerta... – con un gesto aburrido, miró alrededor. Vio la pelota que estaba masticando la cabeza central y se la quitó – ¿La quieres?
Cerbero, como todo can que era, siguió animosamente la pelota con la mirada. Después de moverla para varios lados, Ares finalmente la lanzó, pero la bola rebotó por varios sitios hasta que cayó justo en las aguas del Estigia. Cerbero la siguió, pero fue muy tarde. El agua helada lo tenía atrapado, ya que si alguien caía no podría regresar a la superficie. De no ser porque Caronte pasaba por ahí, el pobre canino se hubiera ahogado en las heladas aguas.
–No le diré nada a tu tío, pero espero que no note el olor a perro mojado – le regañó el remero del río al joven dios de la guerra, mientras secaba al guardián del Hades con una gran tela.
–Fue un accidente. Pero fue sin intención ¿No hay rencores, sarnoso? – Ares le extendió la mano, pero Cerbero trató de morderle – Bah. No necesito tu amistad, ni tú la mía.
Era comprensible que Cerbero le tuviera rencor al dios de la guerra, ya que caer en las aguas de Estigia era un asunto muy grave.
Desde lejos, Hades tuvo ganas de reprender a su sobrino, pero no quería que Perséfone se molestara más, por lo que decidió también hacer de cuenta que el accidente nunca pasó.
(Fin del recuerdo)
Después de que todos escucharon el relato, Kenji, Reika, Ryo y Maaya miraron acusadoramente al Dios de la Guerra. Se encontraban con Cerbero y Yamato en el departamento de éste.
–Dejen de mirarme así. Eso fue hace más de 4000 años. No esperen que me acuerde de algo así si mis recuerdos no están reconstruidos del todo – se defendió el aludido.
–Pues Cerbero sí lo recuerda muy bien ¿Verdad que sigues enojado con éste cabeza hueca? – Atenea le acarició con cariño, por lo que el perro le lamió la mano con la cabeza de la izquierda.
–¡Hola!... ¡Él intentó matarme! – Aoshi trató de llamar la atención al mostrar su vendaje del hombro – ¡Me mordió mortalmente el hombro y casi cortó mi yugular con sus dientes!
–Pues tú tuviste la culpa para que él siga molesto contigo – Reika le seguía haciendo mimos a la cabeza de la derecha – Además él aún pensaba que eras un dios y que no morirías por ese “rasguño”
–Así es... No te pasó nada, así que no te quejes – le calló Maaya.
–Creo que el aura de un dios es muy distinta al cuerpo biológico. Cerbero come carne humana muerta, así que el aura que él percibe tiene muchas diferencias desde su perspectiva – trató de explicar Kenji.
–Sí... Debe ser eso... – Aoshi contestó aún molesto.
–Lo que sucede es que él es muy inteligente y se da cuenta de lo que pasa a su alrededor – intervino el dueño del perro – Él entiende perfectamente cada indicación que le doy.
–Pues a mí me sigue pareciendo el mismo fenómeno pulgoso – el Dios de la Guerra se cruzó de brazos, intercambiando una que otra mirada hostil con el perro negro.
Mientras los seis chicos aún conversaban sobre Cerbero, Lina aún seguía molesta con Yamato por el beso. La joven cogió la botella que usara Yamato para la herida de Aoshi y tomó un buen trago al contenido. Habían muchas cosas que no cambiaban.
–Si ya te dije que fue porque besé a Perséfone – se excusó Hades reencarnado.
–¿Y ella besa mejor que yo? – contestó irónica.
–No sé ni porqué te molestas. Sigues siendo igual de renegona desde que te conocí.
–¿Ustedes se conocían? – preguntaron Aoshi y Maaya.
–Claro que sí – respondió Yamato.
–Estudiamos en Hokubei también – dijo Lina.
–Estuvimos en el mismo salón.
–Él y yo éramos mejores amigos.
–Más que amigos.
–Fuimos novios... – respondió aún más avergonzada.
–Un poco más que eso – coronó el castaño.
Aoshi y Maaya estaban sorprendidos, pero al parecer Kenji, Reika y Ryo no lo estaban, lo que significaba que ellos tres ya lo sabían. No quisieron saber si la frase ambigua de Kobayashi era simplemente eso o algo más.
* * *
Después de la reunión, en la que Lina le explicara mejor todo el asunto, Yamato estaba por irse a dormir. Si hacía caso a las indicaciones de Lina sobre las técnicas para activar sus habilidades especiales, podría hacer algo para conservar a Cerbero a su lado.
–Ni de broma te enviaré al Hades otra vez si no voy yo contigo, así que te quedarás en el reino mortal conmigo, amigo – le habló a su mascota.
Había que hacer algo con las otras dos cabezas, ya que sería anormal si la gente lo viera con un perro así. Después de leer un párrafo del pequeño papel con la letra de Lina, Yamato ya supo qué hacer. Concentró su poder en la mente y tocó con dos manos las cabezas laterales del guardián. Después de un rato, se volvieron invisibles dos de las cabezas, quedando visible sólo la del medio.
–Así pasarás desapercibido frente a los demás... Sería un truco sucio y sé que tampoco te gusta esconderte, pero vamos a aprender a aparentar ser normales.
Cerbero asintió y se echó a los pies de su dueño.
–Buenas noches, amigo...
Antes de dormirse, Yamato se preguntó en voz alta.
–Aún no puedo creer que me encontraras en la cueva... Se supone que tú rastreas por el aura, pero la habilidad de la quimera era disipar las presencias... Supongo que fue suerte.
Si Cerbero pudiera hablar, podría decirle que recibió ayuda del segundo hermano mayor de su amo.
* * *
–Emi... ¿Qué le hiciste a Sakura? – le preguntó Reika al ver a la pobre muchacha dormida en posición fetal y temblando en medio de la sala.
–... No puede ser... Oh, Dios mío... Oh, Dios mío – murmuró la chica, aún dormida.
–Se desmayó cuando se vio al espejo.
–Yo no la culpo... – comentó la Okubo al ver a la chica de secundaria con varias trenzas chuecas en la cabeza.