Deux Kratos: Pantheon

 

 

 

Undécimo acto: Spots

 

 

 

–No puedo creerlo. Faltan tres horas para que se acaben las clases y comencemos a tener ocio durante los meses de verano – suspiró Aoshi, todavía aburrido.

–No cuentes con eso si no aprobaste el examen de Flanagan-sensei – le dijo Reika.

–Bah... Tonterías. Flanagan ha faltado a seis clases y no creo que se haya acordado de promediar lo demás – dijo el castaño – Supongo que es por lo que pasó hace un mes.

–Es verdad... Supongo que ahora Flanagan-sensei, Lina y Yamato deben estar ocupados con el asunto de la profecía – dijo Ryo.

–¿De qué profecía hablan? – preguntó Tetsuo.

–Lo que pasa es que nuestra familia se está dedicando a estudiar los pergaminos de la familia Flanagan. Dicen que hay una profecía que tiene que ver con los dioses de la apuesta, o sea nosotros – explicó Kenji.

–Lo que no se sabe todavía es lo que va a ocurrir después de que nosotros cinco estemos reunidos – terminó Aoshi.  

–Supongo que nos preocuparemos de eso cuando terminen las vacaciones – terminó el rubio – Sólo falta el examen de literatura y no habrán problemas.  

 

Cuando Roy Flanagan llegó al salón, los muchachos fueron a sus respectivos lugares.  

 

–Voy a decir la condición que tienen junto con sus exámenes. A los que reciban el calificativo de “Desaprobado” deberán quedarse después de clases para conversar sobre las clases de nivelación.  

 

Aoshi esperó no tener que quedarse en verano estudiando mientras Emi le restregaba en la cara el que ella se estuviera yendo de campamento a la playa y él no.  

 

–Asamiya, Sobresaliente. Sakata, Aprobado. Shimata, Desaprobado. Okubo Kenji, Sobresaliente. Okubo Reika, Sobresaliente...  

 

Los mellizos revisaron sus exámenes. Kenji tomó su 95/100 como lo más normal del mundo, mientras que Reika puso mala cara por su 95.  

 

–Incluso en notas coinciden ustedes dos – le susurró Tetsuo, quien también había salido aprobado con un 65.  

–Pues a mi no me gusta nada de esto – se quejó Reika – Se supone que mi examen debería ser perfecto.  

–Mira, pues. Faltó esto en la parte de explicación sobre las obras de Cervantes – le hizo notar Ryo, luego de que él sí recibiera su 100/100.  

–Si no estás conforme te lo cambio – bromeó otro muchacho que había salido desaprobado.  

–Los veré en verano... desde la ventana de la escuela – dijo Aoshi, sonando pesimista.  

–Yamaki, Aprobado... – dijo Roy al llegar a su examen.  

 

Todos se quedaron atónitos al escucharlo, incluso el mismo Aoshi.  

 

–Te salvaste con las justas – le dijo Roy al darle su prueba.  

 

Cuando Aoshi dio su vistazo a sus 56 puntos, todos en el salón pudieron escuchar el fuertísimo “¡Sí! ¡En tu cara!” del castaño. Cuando el muchacho se dio cuenta, todos lo miraban con cara de extrañeza. Flanagan sólo tosió un poco.  

 

–Voy a tomar eso como una auto-felicitación. Ahora siéntate y quédate callado antes de que te quite los puntos extras por las poesías que mandaste – le dijo el profesor anglo-chino.  

 

Cuando Yamaki regresó a su sitio, Tetsuo le golpeó el hombro.  

 

–Por un pelo. Dime que no entregaste las canciones que íbamos a componer este verano – le dijo el muchacho de la pañoleta.  

–Estaba desesperado. Pero no te molestes. Ya compondré más para cuando entremos a clases otra vez – le calmó el castaño.  

 

Por lo pronto, los muchachos estaban tranquilos al saber que Aoshi no tendría clases en verano. Eso al menos le daba un alivio al joven músico para el próximo semestre.  

 

* * *

 

Por otra parte, para Ryo el verano significaba que sus padres regresarían después de meses de sus viajes de negocios. En esta ocasión se habían ido Seattle, haciendo escala por Atlanta. Ryo no veía a sus padres desde enero, por lo que pasaría las vacaciones de verano en su casa con ellos. Sin embargo...  

 

–¿Tienen que irse de nuevo de viaje? – dijo un sorprendido Ryo.  

–Cuando llegamos al aeropuerto, uno de los abogados del señor Hanajima quería que aceptáramos ir a la sucursal, ya que el CEO de la corporación se encuentra allá – explicó su madre.  

 

La señora Tenryo tenía el cabello corto negro y se veía más joven de lo que realmente cumplía de edad. Podría decirse que ella era la versión adulta de Reika. Por otra parte, el padre de Ryo permanecía callado sobre su sillón. Era idéntico a su hijo, excepto por el bigote y las canas más notorias, además de que él era de los hombres que sólo hablaban para decir algo de suma importancia.  

 

–Bueno... Si es que tienen que irse de nuevo, no me opongo... – Ryo trataba de ser comprensivo, pero en el fondo estaba algo decepcionado por no pasar más tiempo con ellos.  

 

Al captar eso, su madre sonrió y le acarició los cabellos a su hijo.  

 

–Si gustas puedes acompañarnos... Y tus amigos podrían venir con nosotros...  

–¡¿Lo dices en serio?! – por el ofrecimiento de su mamá, Ryo se emocionó, olvidándose de que estuvo a punto de recurrir a la lástima.  

–Por mí no hay problema. Y si van Kenji, Reika y los demás, te podrán hacer compañía mientras nosotros estamos ocupados. Ahora hay que convencer a tu padre.  

–¿Qué dices, papá? – le preguntó el joven de lentes, esperando que la respuesta fuera afirmativa.  

 

Su papá, aún con la vista en su periódico, hizo un leve movimiento de cabeza. Tanto la señora Tenryo como su hijo estaban acostumbrados al lenguaje sin palabras del jefe de la familia, lo cual significaba a su modo un “Está bien”  

 

–Llamaré a los muchachos ahora... – Ryo cogió su celular – A propósito... ¿Dónde es su junta, mamá?  

 

* * *

 

–¡Iremos a Okinawa! – chilló una emocionadísima Reika.  

–Te pasaste, Ryo – le agradeció Kenji – Sólo espero que no incomodemos a tus padres...  

–No hay problema. El gasto del hotel viene de la compañía Hanajima. Ellos invitaron a mis papás por la junta de comité – explicó el muchacho.  

 

Ryo, Reika, Kenji, Aoshi, Maaya, Tetsuo y Mizuki se encontraban en el departamento de los mellizos. Se habían reunido justo después de que Ryo llamara a cada uno; sin embargo, Sakura no pudo asistir por el trabajo de la herrería.  

 

–No sabía que la compañía de tus padres era asociada a la Corporación Hanajima – dijo Tetsuo, todavía contemplando el boleto de avión que le dieran.  

–Aún no lo son... Pero están a punto de firmar...  

–Yo escuché muchas cosas sobre Goro Hanajima... – comentó Mizuki, igual de serio – No muy buenas...  

–¿Qué tipo de cosas?  

–Pues... Su familia es la más antigua de Japón, pero existen rumores de que su fortuna se mantiene debido a un pacto con los demonios marinos. Además de eso, no sólo se han valido de las inversiones. Se escuchó que Hanajima también ha incursionado en las artes oscuras desde sus orígenes.  

–No sé si asustarme del cuento o robarme la idea para un buen tabloide – se burló Aoshi – Lo único cierto es que el jefe de esa empresa tiene muchas inversiones y posee contactos de alta influencia...  

 

Todos se pusieron pensativos por unos instantes. Tenían razones para considerar reales los rumores, pero también estaba comprobado que la prensa amarillista y algunas personas trataban de correr historias falsas para atraer la atención de la gente.  

 

–Bueno... ¿A quién le importa si Goro Hanajima cría dragones en sus peceras? Lo importante es que va a pagarnos las vacaciones de verano – dijo finalmente Reika para girar la conversación.  

–Pasaremos un buen verano... Aunque me siento mal al dejar aquí a mi papá y a mis hermanos... – comentó Maaya – Se supone que debía ayudar en la tienda.  

–Tu papá me insistió para que no te dejara quedarte en Tokio – le dijo Ryo – ¿Recuerdas lo que te dijo?  

–Sí... “Diviértete mucho... Esa es la única ganancia que espero de ti en el verano” – Maaya tuvo ganas de darle un coscorrón a su papá al escucharle decir la frase, pero sabía que lo hacía de buena voluntad.  

–Me habría gustado que Takatsuki nos acompañara... – dijo Kenji – Pero dijo que como su papá tenía un trabajo fuera de Tokio, ella le acompañaría.  

–¿Te dijo adónde se iría a trabajar su papá? – le preguntó su hermana.  

–Ahora que lo mencionas... No me dijo nada...  

–Al menos le hubieras preguntado antes de que se fuera – Reika comenzó a esbozar su sonrisa maliciosa – Así le hubieras mandado una postal para decirle cuanto la extrañarás en las vacaciones.  

–No digas disparates... – le calló su gemelo.  

–Mira... hasta te pusiste rojo... – señaló Aoshi hacia sus mejillas sonrosadas – Pues no hay que olvidar que Sakura-chan está bien, aunque aún sigue siendo chibola.  

–Ella sólo tiene 14 años. No hay mucha diferencia de edades entre ustedes dos – siguió Reika.  

–¡Basta! ¡Cállense los dos! – Kenji terminó aventándoles todos los cojines que tenían a la mano.  

 

Los demás vieron lo que se había vuelto el nuevo hobby del grupo: fastidiar a Kenji con Sakura. Kenji todavía no se daba cuenta de lo que sentía la muchacha por él, pero de todas maneras no evitaba sonrojarse al escuchar alguna insinuación sobre ella.  

 

–Senpai, lo amo... Kenji-senpai... Kenji-senpai – Tetsuo también se unió al juego y empezó a abrazarse a Kenji mientras imitaba a Sakura con su conocido “Kenji-senpai”.  

–¡No es gracioso! ¡Suéltame ahora, Tetsuo! – a pesar de la vergüenza, Kenji no evitó reírse por las bromas.  

 

* * *

 

–Es raro que te enfermes aquí, Sakura – le dijo su padre al escucharla.  

–No me pasó nada... Fue sólo un poco de polvo – le dijo la chica, todavía sosteniendo un arco de metal – ¿Para qué es esto, papá?  

–El cliente nos mandó a hacer unos ornamentos para la nueva construcción – se limitó a contestar.  

 

Hefesto sabía que no debía darle muchos detalles a su hija sobre el nuevo proyecto, ya que no podía revelarse nada hasta que se concluyera.  

 

* * *

 

Después del viaje en avión, los muchachos llegaron al aeropuerto de la isla japonesa, recogieron su equipaje y fueron a una camioneta que enviara el hotel por ellos. Los padres de Ryo también estaban con el grupo.  

 

–Espero que disfruten estas vacaciones... Aunque estaremos un tiempo considerable aquí... Hay algunos asuntos que tratar después de la firma – explicó la mamá de Ryo.  

–Descuide... Es que es la primera vez que salgo de Tokio – comentó un emocionado Tetsuo – No importa si nos tomamos todo el verano.  

–Es muy diferente aquí... – comentó Maaya – Tokio no es tan tranquilo.  

–Esperen cuando vayamos a la playa – comentó el guía – El hotel Neptuno tiene una playa privada, además de piscina, canchas deportivas, spa... Es el mejor hotel de Okinawa.  

–No puedo creer que sigo consciente... – comentó Aoshi, fingiendo delirio – Debo estar soñando, es tan bonito que no pareciera real...  

–Un mes nos va a quedar corto a este paso... – dijo Reika.  

–Me parece demasiado bueno... – murmuró Mizuki – Y me parece raro que nos ofrezcan tanto lujo simplemente porque vamos con dos socios de la Corporación.  

–Lo sé... – respondió Kenji – No eres el único que ha sentido eso, Mizuki. Aquí hay presencias muy fuertes...  

 

Ryo y Tetsuo notaron que los cinco dioses se habían tornado serios de repente. Significaba que no sólo iban a ser vacaciones.  

 

* * *

 

Al llegar al lobby del hotel, los muchachos se encontraron con un hombre de apariencia joven, pero a la vez muy seria, cabello corto azulado, ojos azules detrás de las lunas de sus lentes y con una presencia tal que podía infundir respeto inmediato. El hombre iba acompañado por una mujer de largo cabello verdoso bien arreglado, ojos de un color entre ámbar y verde y usaba un vestido ligero de colores suaves. Sus razgos la hacían notar como occidental, al igual que la elegancia del mínimo movimiento que hiciera..  

 

–Les damos la bienvenida a Okinawa – les dijo la mujer.  

–Un momento... – al reconocerla, Tetsuo brilló de la emoción – Usted es Marla Winslow. He visto todas sus películas y el desfile de su última colección... Claro, sólo lo veía por las modelos, jaja... – dijo el emocionado muchacho.  

–Vaya... Me atrapaste, lindo – Marla guiñó un ojo y sonrió.  

–No puedo creer que una diva americana se encuentre en Okinawa ¿Tuvo alguna razón en especial? – le preguntó el muchacho de la pañoleta, todavía maravillado al ver a uno de sus ídolos en persona.  

–Simplemente porque soy muy buena amiga de Goro – Hestia se colgó del hombro de su acompañante. La actriz, diseñadora y crítica de modas había accedido a firmarle un autógrafo a su fan, luego de que Tetsuo prácticamente le hiciera un altar.  

 

Los demás fijaron su vista ante el hombre de 29 años al que acompañaba Marla Winslow. Habían imaginado que Goro Hanajima sería un hombre de mayor edad al ser presidente de tal imperio como lo era su corporación. Sin embargo, no sólo eso captó las dudas de Kenji. Por momentos Kenji tenía el presentimiento de que Hanajima lo miraba cada vez que él volteaba a otro lado.  

 

–La junta comenzará dentro de dos horas. Tendrán tiempo exacto para desempacar, señores Tenryo – dijo el callado CEO de Corp. Hanajima – Yo aún estoy muy ocupado. Los chicos no tienen nada que hacer aquí, así que tendrán que ver cómo se ocupan.  

 

Dicho esto, el serio millonario se marchó, seguido por su acompañante. Los siete chicos lo miraban marcharse completamente impresionados con el porte de Hanajima.  

 

* * *

 

Al subir, se asignaron los cuartos de la siguiente manera: Kenji, Aoshi y Ryo en el mismo cuarto, Tetsuo y Mizuki compartirían la pieza y Reika y Maaya dormirían juntas. Después de desempacar, los chicos se reunieron en la habitación de Kenji, Ryo y Aoshi para hablar sobre el nuevo problema.  

 

–De por sí ese sujeto ya me cae mal – bufó Aoshi – Pareciera que se cree la última Coca Cola del desierto ¿Han escuchado el “Discurso de bienvenida” que nos dio? Más parecía que nos daba una orden.  

–Este hombre no es ordinario... Igual con la señorita Winslow – comentó Mizuki.  

–Vamos... Ella es deslumbrante... aunque no al extremo de “peculiar” – dijo Tetsuo.  

–Eso no... Todos nosotros lo sentimos – le explicó Maaya – Ellos dos despiden energía muy fuerte. No habíamos sentido tal magnitud desde hace milenios.  

–Por desgracia, ninguno de nosotros aún puede recordar el origen... Pero el instinto nos dice que se trata de algo muy familiar... – comentó Reika.  

–¿Creen que Goro Hanajima y Marla Winslow sean otros dioses? – preguntó Ryo – Quizás ellos intenten matarlos...  

–No lo sé... Lo hubieran hecho antes de que viniéramos a Okinawa... – respondió Kenji – De repente son inofensivos... Por el momento no diremos nada. Quizás ellos no se dieron cuenta de nuestras verdaderas identidades.  

–En ese caso, lo mejor que podemos hacer es ir a la playa – Reika trató de cambiar el tema para distraer las preocupaciones, ya entusiasta por bajar y divertirse.  

–Buena idea – asintió Aoshi – Nos encontramos en el lobby en media hora. Ahora lárguense y dejen cambiarnos.  

–Como si hubiera mucho que ver – se burló Maaya.  

–¿Lo quieres comprobar? – sonrió el castaño desvergonzadamente.  

 

Antes de que Maaya le respondiera un par de cosas a Aoshi, Mizuki cogió a su amiga y la empujó fuera del cuarto, mientras Tetsuo y Reika les seguían.  

 

* * *

 

Los muchachos ya habían terminado de cambiarse y sólo esperaban a que llegaran las chicas. Kenji tenía una camisa celeste con negro y las bermudas. Ryo tenía una camiseta blanca y shorts en negro y gris. Aoshi sólo usaba unas bermudas rojas con negro y traía también su guitarra y una tabla de surf que había alquilado en el hotel. Por otra parte, Tetsuo y Mizuki recién llegaban de su habitación. El primero llevaba una camisa abierta con las mangas rasgadas, shorts de mezclilla, lentes oscuros y su eterna pañoleta atada a la cabeza. Mizuki usaba casi lo mismo que Kenji, pero con la camisa en verde y anaranjado.  

 

–Esperar a que esas dos se arreglen será para que se nos haya ido todo julio – bufó Yamaki.  

–Vas a ver que la espera valdrá la pena... – comentó Tetsuo – Siempre me pregunté cómo se vería Reika en traje de baño.  

–Imagina a Kenji y ahí la tienes...  

–¡Oye! – reclamó el aludido, visiblemente irritado por la comparación.  

 

Entonces Ryo se fijó en dos personas que caminaban en el lobby. Le resultaron familiares a simple vista, hasta que Mizuki también se percató.  

 

–¿Esa no es Takatsuki? – señaló el chico de pelo blanco, logrando captar la atención de los otros tres.  

–Sí... es verdad – dijo Ryo al revisar mejor sus lentes.  

–Oye, Takatsuki – llamó Aoshi – Qué coincidencia.  

 

La muchacha volteó a verles notablemente sorprendida. No se imaginaba que sus amigos estarían en Okinawa... ¡No imaginaba que Kenji estaría en Okinawa!  

 

–Hola, Takatsuki – le saludó el sonriente rubio.  

–Ke-Kenji-sempai... – tartamudeó atónita.  

 

Kenji parpadeó confundido un par de veces cuando Sakura se limitó a levantar la mano para saludarle, ya que sus nervios y su sonrojo le impedían hablar.  

 

–Oye. Ven con nosotros a la playa – le llamó Ryo.  

–Sí. Mientras más seamos será mejor – dijo Tetsuo.  

–Claro. Dentro de poco vienen las chicas – terminó Mizuki.  

–Ustedes llámenme Katsuya con toda confianza – les dijo el sonriente orfebre.  

–Pues... Yo... – Sakura estaba prácticamente muda al tener a Kenji enfrente.  

–Anda. Ve a divertirte con tus amigos – le susurró su papá al oído.  

–Pero papá... ¿No necesitabas que te ayudara?  

–Descuida. Ahora sólo tengo que hablar con el cliente.  

 

Hacía poco que ellos dos regresaron de trabajar en la playa. Pero iría con sus amigos para divertirse un poco. Sólo esperaba que su papá no necesitara más ayuda mientras ella se ausentaba.  

 

–¿Quién es él? – le preguntó Mizuki a Ryo.  

–Es el papá de Sakura... Y también es Hefesto – le explicó el intelectual del grupo.  

–¿Hefesto? – repitió algo sorprendido por la respuesta.  

–Es normal que te sorprendas. Pero no te preocupes. Él ya no quiere matarlos.  

–Perdón por la demora – dijo Reika, recién llegada con Maaya.  

 

Reika usaba un traje de baño de dos piezas color amarillo, azul y negro y unos shorts de jean. Maaya, a su vez, usaba un bikini verde con un vestido semitransparente encima. Su cabello rojo estaba atado en una trenza que llegaba hasta la cintura. Verlas así arrancó una que otra impresión de los muchachos. Al mismo tiempo, Sakura se apenaba al no ser tan voluptuosa como las dos chicas, más aún cuando se fijó en la expresión de su senpai.  

 

Kenji estaba impresionado, pero Ryo lo estaba todavía más al ver bien la perfecta figura de Reika. Por su parte, Aoshi hizo un esfuerzo sobrehumano para no mostrar interés por la apariencia de Maaya. Mizuki y Tetsuo simplemente se abstuvieron de hacer comentario alguno.  

 

* * *

 

Cuando Sakura fue hacia ellos, Katsuya se escabulló hacia el comedor del hotel, donde debía encontrarse con Hanajima.  

 

–Qué bien que te hemos encontrado, Katsuya – le dijo Marla cuando coincidieron en la puerta.  

–Pues si no más recuerdo, Hanajima dijo que nos reuniéramos aquí.  

–Al menos déjame saludar amablemente, Querido.  

–Eso sí, Marla.  

–Ojalá hayan conversado lo suficiente – les interrumpió el dios del mar – Ahora sí tenemos que ir. Espero que hayas terminado las piezas, Takatsuki.  

–Sí, ya están. Las dejé en la cueva. Sólo faltó el adorno del vestíbulo del hotel.  

–Se puede prescindir de eso. Hay trabajo qué hacer.  

–Siempre pensando en trabajar, Goro... – dijo Hestia – Supongo que esa es tu idea de las vacaciones ideales, querido.  

 

Aún había un asunto pendiente que debía resolver Poseidón en sus dominios, y ahora que contaba con el poder que necesitaba, podría cumplirlo.  

 

* * *

 

Por otra parte, los demás se divertían en la playa. Mizuki estaba sentado en la arena, observando a Kenji, Sakura, Tetsuo, Reika y Ryo jugando en el mar. Aoshi estuvo surfeando y Maaya estaba al costado de su mejor amigo mientras tomaba sol.  

 

–Oye, Mizuki...  

–¿Sí, Maaya?  

–¿Podrías echarme el bloqueador? – la pelirroja hizo la trenza a un lado y le pasó el frasco.  

–Sí, claro... – el chico de cabellos blancos se acercó a Maaya, quien estaba bocabajo sobre una toalla.  

 

Cuando Mizuki le esparció el bloqueador por la espalda, Maaya le dijo:  

 

–Deja de angustiarte... Vinimos a divertirnos y nos gustaría que trataras de hacer eso.  

–Lo sé, Maaya... Es solo que... aún hay muchas cosas q me preocupan.  

–Nos encargaremos después de eso. Es el primer día aquí, así que te quiero ver divertirte. Ya estás mejor de tus males desde que la hermana de Flanagan-sensei te atendió.  

–La señorita Misty es muy buena en el campo de la medicina... Incluso me sorprende que haya podido tratar con mi caso...  

–Lo importante es que estás bien. Si ocurriera algo, sabes que los dos siempre estaremos apoyándonos, así que no quiero que te sigas preocupando por la energía que sentimos esta mañana.  

–De acuerdo, Maaya...  

 

Cuando Mizuki terminó, Los dos se sentaron sobre la toalla y observaron a los demás.  

 

–Los de Hokubei son muy raros... – comentó Maaya al ver a Aoshi jugando con Reika a lanzarse agua, luego de que la muchacha de pelo corto lo tirara de su tabla.  

–Pues sí... – Mizuki centró su atención en Tetsuo, quien le lanzaba más agua a Kenji.  

–No hará daño si nos unimos a ellos – la pelirroja se puso de pie.  

–Sí... – el chico sonrió y siguió a su amiga.  

 

Por su lado, Kenji y Sakura regresaron del agua y se sentaron bajo la otra sombrilla.  

 

–Qué genial que hayas venido, Takatsuki.  

–Había olvidado decirle que Hanajima-san había contratado a mi papá para que le hiciera unos trabajos.  

–No te preocupes... Quizás el destino quería que todos nos encontráramos aquí. Al menos pasaremos el verano juntos – sonrió inocentemente.  

–Eso es bueno. Me alegra que estaré con usted... – pero luego repitió mentalmente lo que dijo y se apresuró a agregar – ¡Sí! ¡Con usted y con Reika-senpai y los demás! – el sonrojo era muy notable.  

 

Kenji miró confundido a Sakura por su reacción. Luego se percató de que Reika, Ryo y Tetsuo le miraban burlonamente. Reika y Ryo remedaban a los dos abrazándose cariñosamente, mientras Tetsuo fue de nuevo al agua para que Kenji no le viera burlándose de él a pleno.  

 

–Tarados... – murmuró Kenji.  

–¿Qué dijo, senpai? – le preguntó la chica, no pudo escuchar lo que dijo el chico de ojos verdes.  

–¿Eh? Ah, no... Sólo pensaba en voz alta...  

 

Tanto él, como los demás dioses del grupo escucharon un murmullo placentero que iba desde lo lejos. Algo les sonaba familiar en aquel coro.  

 

–¿Pasa algo? – le preguntó Ryo a Reika.  

–¿No escuchas eso?  

–¿Escuchar qué?  

–No... no es nada – intervino Aoshi, quien acababa de correr una ola – Mejor no le tomes importancia.  

 

Los cinco se miraron extrañados, pero a la vez aliviados, ya que Tetsuo, Ryo y Sakura no estaban afectados por el encanto.  

 

* * *

 

A unos metros de la playa, había una pequeña isla vacía, a la que se podía llegar a nado. Debido a esa cercanía, Goro Hanajima consideró que ese era el lugar clave para proceder. El millonario esta vez no estaba con sus trajes de negocios. La manera casual en la que estaba vestido podía encubrirlo de cualquiera de su compañía que pudiera reconocerlo.  

 

–¿Ahora qué hay que hacer? – preguntó Hestia.  

–Tengo que ver algunas cosas... – se limitó a contestar.  

 

Sacó de una maleta las partes de su tridente y lo volvió a armar. Cuando terminó, lo usó para cortar el agua y hacer una fisura que lo llevaba hacia el fondo. Aunque fueran dioses, las otras dos deidades no evitaban sorprenderse al ver que Poseidón no había perdido sus poderes sobre el océano.  

 

–Volveré en un momento... Vigilen que no venga nadie.  

–¿Quién vendría a una roca vacía en medio de la playa? – respondió Hestia, sonando irónica.  

–Saben a lo que me refiero.  

 

Poseidón bajó por la fisura que hizo en el agua y ésta se volvió a cerrar después de que él ingresara a las profundidades.  

 

Cuando se sentaron a esperar a que Goro regresara, Katsuya pudo escuchar un ruido muy leve. Pareciera que alguien cantaba a lo lejos.  

 

–¿Sientes eso? – le dijo Hestia, quien también pudo escucharlo.  

–Lo sé... Es un llamado para los que nadan cerca de aquí...  

–Sabemos lo que significa... La muerte comienza a cantar – dijo resignada.  

 

Entonces la vista de ambos se dirigió hacia una lancha que iba a toda prisa mar adentro. Suponían que otro había caído en la trampa. Sabían lo que les ocurriría a los desgraciados que iban hacia allá, pero no podían quedarse tranquilos.  

 

–Vamos... – Katsuya le ofreció una mano a Marla.  

–De acuerdo – ella aceptó su invitación y se dirigieron a la lancha en la que llegaron.  

 

* * *

 

Los cánticos resonaron al llegar a otro peñasco que estaba ubicado a unos pocos kilómetros de Okinawa. Los dos jóvenes que habían navegado hasta ahí en busca de esas atrayentes voces vieron a tres sirenas. No les importó si estaban alucinando por el sol, pero quedaron maravillados al ver a las mujeres y sus sensuales voces entonando cánticos.  

 

Cuando el primero que se acercó tuvo contacto con una de ellas. Después de quedar un rato bajo su trance, el ser místico transformó el rostro a uno más monstruoso y devoró al sujeto. El otro no reaccionaba, ya que aún se encontraba bajo el encanto de las sirenas. Cuando fue turno del otro muchacho, un rayo de energía detuvo a la sirena. Al perder la concentración, la víctima cayó inconsciente al suelo.  

 

–¡¿Quién anda ahí?! – dijo la sirena, aún con la mejilla quemada.  

–¿Quién osa interrumpirnos? – secundó la otra.  

–Quien entra aquí sabe que será nuestro alimento – terminó la tercera sirena.  

 

Hestia y Hefesto caminaron hacia donde estaban sentadas las sirenas.  

 

–No están en el derecho de comer humanos. Aquellas épocas terminaron – dijo la diosa del hogar.  

–Y de hecho... Este no es territorio de ustedes – siguió el herrero.  

 

Las sirenas no podían creer que dos mortales se atrevieran a contestarles así y que tuvieran el valor para darles la cara, sabiendo lo mortales que era estar con ellas.  

 

–No es...  

–Nuestro terreno...  

–Pero nosotras llegamos...  

–Aquí...  

–Nadie puede...  

–Controlarnos...  

–Y Poseidón...  

–Ya no se encuentra...  

–Como está indicado...  

–Ustedes también...  

–Serán devorados...  

 

Hestia echó a reír y las sirenas quedaron sorprendidas por su arrogancia.  

 

–¿Qué tienen con hablar de a tres? Ustedes se pasan... Con razón nunca me cayeron. Y yo que le decía siempre a Poseidón que crearlas fue pérdida de tiempo y energía.  

–¿Quién te crees que eres...  

–... para hablarnos así?  

–No eres nadie mas que una simple mortal...  

–Vas a tragarte tus palabras... – sonrió la mujer de cabello verdoso.  

 

Estaba resuelta a atacar, así que formó otra vez un fuego sagrado en la palma de su mano y lo lanzó hacia las sirenas, logrando quemar las puntas del cabello de una.  

 

–No puede ser...  

–Sí que lo es... – respondió Marla.  

–Ese era un fuego sagrado...  

–Hestia...  

 

Tenía lógica, ya que Hestia era la diosa que controlaba los fuegos sagrados de los templos. Nunca imaginaron que su reencarnación aparecería en esos momentos. Pero aunque ella fuera la mismísima Hestia, aún era mortal, por lo que seguiría teniendo las mismas debilidades que uno. Si se deshacían de Hestia, sería un problema menos.  

 

–Aún así...  

–Este territorio...  

–Ya es nuestro...  

–Por eso...  

–Podemos matarte...  

–Aunque seas...  

–Una diosa...  

–Todavía eres mortal...  

–Eso entra...  

–En nuestro campo...  

 

Cuando empezaron a cantar, Hestia formó otro fuego y golpeó a otra sirena.  

 

–¡¿Por qué...  

–Nuestro canto...  

–No funciona?!  

 

–Idiotas... – rió la diosa – Aunque sea mortal, no deben olvidar que mis poderes como diosa del Olimpo siguen. Los cánticos que ustedes sueltan no me afectan en lo absoluto.  

 

Katsuya se limitó a observar a su compañera. Sabía que Marla estaba pisando hielo delgado al meterse con las sirenas, y obviamente el comentario no les cayó nada bien.  

 

Debido a que no funcionaba el encantamiento con ella, decidieron usar otra táctica contra la diosa del hogar. Las tres entonaron otra canción distinta. Al escuchar esa canción, Hestia reconoció aquella táctica de las damas marinas. Debido a esto no sería capaz de usar energía pura para formular sus ataques. Sin embargo fue cogida por sorpresa cuando las ondas sonoras impactaron directamente contra ella.  

 

Shit... Eso dolió... Bitches... – murmuró al reponerse del golpe.  

 

Se dio cuenta que no podría atacar mientras ellas mantuvieran la canción. La barrera sonora seguía rodeándolas y no cabía la posibilidad de atacarlas directamente.  

 

Hefesto iba a intervenir en la pelea, pero Hestia le detuvo.  

 

–Yo me encargo de esas golfas marinas, así que no intervengas.  

–De acuerdo... ¿Quién soy yo para contradecirte, Marla? – respondió con una sonrisa despreocupada.  

 

Supuso que no podría seguir haciendo ataques frontales. Por efecto de esos cantos no podía producir más flamas sagradas y las ondas sonoras seguían golpeándola. Necesitaba que al menos una de ellas pudiera callarse.  

 

Cuando una quinta onda la golpeó, una partícula de agua a gran velocidad rompió la barrera y logró herir a la tercera sirena en el rostro. En ese momento, Hestia vio que el campo se desvaneció y aprovechó para calcinarlas con una gran concentración de fuego sagrado en sus manos. Marla y Katsuya voltearon para ver a un recién llegado Goro, quien llevaba su tridente en la mano izquierda. Por la posición de su mano derecha, se notaba que él había disparado hacía unos instantes para ayudar a su colega.  

 

–Creí decir que no quería ayuda – dijo la diosa, al ver que terminó con sus enemigas.  

–Qué pena. No estuve cuando lo dijiste – respondió Goro con su mejor tono irónico.  

–Bien... De todos modos gracias.  

–Era hora que llegaras... ¿Cómo está todo allá abajo? – le preguntó Hefesto.  

–Como lo ha estado desde que me fui... Todos desalojaron la Atlántida.  

–Sabes, aún me pregunto algo... ¿Por qué me ayudaste a deshacerme de ellas? Creí que eran tus creaciones – le preguntó la mujer.  

–Si ellas no obedecen mis mandatos, aún cuando yo no me encuentre en mis dominios, no merecen seguir aquí. Dejé bien en claro que ellas debían custodiar la zona del Mediterráneo y aún así se atrevieron a venir a Japón.  

 

Muy en el fondo, ellos dos sabían que Goro sintió lo mismo cuando ellos vieron cómo devoraban al muchacho. A pesar de que no les incumbiera el problema, aún seguían siendo humanos, y ver morir a otro mortal no cabía en la moral que ellos mismos tenían. Quizás a Hanajima no le gustara admitirlo, pero había aceptado perfectamente su nueva naturaleza humana. Eso les recordó que quedaba pendiente el otro muchacho que seguía inconsciente.  

 

–¿Ahora qué le hacemos? No tenemos una explicación que darle... – dijo Hestia al ver al chico.  

–Podríamos decirle que ocurrió un accidente con la lancha y que por desgracia su amigo... pues... – Katsuya aún trataba de elaborar mejor la mentira que iban a ponerle.  

–Me encargaré de eso. Primero lo tenemos que llevar a la costa nuevamente – Goro cargó al muchacho y lo llevó hasta el bote con ayuda del otro dios.  

 

* * *

 

–¿Sentiste eso, Kenji? – le preguntó Reika.  

–Sí... El murmullo se apagó... – respondió Kenji.  

–¿Crees que las sirenas hayan decidido regresar al Mediterráneo?  

–Ojalá que sí. Hubieran hecho muchos estragos aquí.  

 

 

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