Decimotercero
Acto: Recordando
Viejos Vínculos
A la mañana siguiente, todos se aliviaron al ver que Kenji estaba bien, como si nada hubiera ocurrido. Decidieron ir al comedor y desayunar.
–¿Qué
tal durmieron? – pregunto Kenji al ver salir a los otros cuatro muchachos de
la habitación de Tetsuo y Mizuki.
–Quién
diría que las alas ocupan toda la cama – se quejó Tetsuo con el peliblanco.
–Perdón...
– se disculpó Takahashi.
–Descuida...
Ya estoy acostumbrado a este tipo de cosas... al menos no dormí con los
ronquidos del abuelo a través de la pared.
Como
sólo habían dos camas, Tetsuo y Mizuki tuvieron que compartir una y Aoshi y
Ryo la otra. Lo único malo era que el muchacho de cabellos blancos dejaba salir
sus alas inconscientemente mientras dormía, por lo que Tetsuo no había pasado
una noche tan cómoda.
–Oigan...
Perdón por botarlos del cuarto – se disculpó Kenji con Ryo y Aoshi.
–No
te preocupes por eso, Kenji – le dijo el muchacho de lentes – Sé que tú y
Reika necesitaban un tiempo a solas. A ella le hace bien tu compañía.
–Claro...
Además no estuvo tan mala nuestra noche. Ryo y yo nos pusimos a analizar el
caso de ver a Tetsuo y Mizuki en la misma cama... – bromeó el castaño.
Al
escuchar eso, los dos aludidos se sonrojaron y voltearon algo molestos por la
broma de Aoshi.
–Quién
habla... – contestó Akiyama – Supongo que los dos estuvieron muy cómodos
esa noche.
–Uy...
Nos descubrieron, Tenryo – Aoshi usó su mejor tono irónico – Quién lo diría...
Ya no podemos ocultarlo...
–No
me pegues tus tendencias ocultas, Yamaki – le dijo el más alto del grupo.
Mientras
Tetsuo, Ryo y Aoshi continuaban fastidiándose, Mizuki puso su mano sobre el
hombro del dios de ojos verdes y dijo con su actitud inexpresiva:
–No
creo que él quiera problemas nuevamente... Suficiente tuvieron anoche...
–Tienes
razón, Mizuki... También lo sé...
–Lo
que significa que hablarás con él hoy... Puedo sentir que aún lo respetas
como antes... Todavía le tienes la estima que había entre ustedes...
–Sí...
pero esas fueron otras épocas, Mizuki... Él ahora es Goro Hanajima y yo soy
Kenji Okubo...
Después
de algunos chistes de gays entre los otros tres, les dieron alcance a las
muchachas, las cuales estaban esperándoles en una mesa del comedor.
*
* *
Al
terminar la conferencia de prensa, los periodistas por fin dejaron tranquilo a
Goro Hanajima. El CEO de la corporación más grande de Japón estaba agotado
por la tensión mental a la que tuvo que someterse. A pesar de eso, él aún no
dejaba de pensar en Apolo. No creyó que fuera a encontrarse con él en una
situación como esa.
–Goro...
– Marla tocó la puerta antes de entrar.
–¿Qué
quieres? – le preguntó a secas.
–¿Todavía
estás molesto por lo de anoche? – la diosa le vio como a él realmente le
gustaba estar: fuera de sus ternos de negocios y sin la rigidez que le demandaba
estar en un puesto tan alto.
Él
estaba vestido casualmente, jeans informales y una camisa negra de mangas
cortas, queriendo olvidarse de las obligaciones por lo menos un día. Quería
pasar la tarde como alguien de su edad, en lugar de parecer un businessman
como otro.
–Anoche
no ocurrió nada para molestarme, Marla. Es más... debería estar tranquilo al
ver que Apolo está bien y no falló en mi prueba.
–¿Entonces
por qué andas así? Dices que deberías estar tranquilo, pero no lo estás...
–Adivina
a una persona en la que pienso en este momento y me produce migrañas cada vez
que escucho su infernal voz llena de quejas.
–Oh,
ya veo... – por dentro, la americana rió al saber a quién se estaba
refiriendo su amigo – Queda mucho tiempo, así que despreocúpate. Además...
Se ve que el Apolo de ahora es muy diferente al que conocíamos. Él es más...
–Humano
– completó el otro dios.
Alzó
su mano y la miró, aún echado sobre la cama de su cuarto.
–¿Tú
crees que me estoy perdiendo entre tantas cosas, Hestia?
Ella,
aún parada frente a la cama de su mejor amigo, simplemente le respondió:
–No
sabría decirte eso, Goro... Al final de cuentas, eres y seguirás siendo Poseidón
aunque reencarnes en otra sangre que no sea la de los Hanajima.
–Supongo
que eso es lo que siempre seré...
Entonces
ella comprendió a qué se debía la frase del japonés.
–Supera
eso, Goro... Tú no tuviste la culpa de lo que ocurrió en ese entonces...
–¿Entonces
por qué aún sufro como si hubiera sido mi culpa, Marla?
Los
dos se quedaron en silencio.
*
* *
–¿Así
que ya firmaron el contrato con Hanajima? – les preguntó Ryo a sus papás,
quienes les acompañaban en el desayuno.
–Sí.
Fue un largo debate y aceptamos finalmente. Este trato beneficiaría a los dos
lados – respondió la madre del muchacho.
–Supongo
que sí – comentó Maaya – La corporación Hanajima tiene muchas
organizaciones en sus ramas, así que nunca estaría de más que tuvieran más
contactos.
–Con
el capital de la Corporación Hanajima se podrán hacer innovaciones en los
nuevos proyectos. Van a ver que todo saldrá bien – sonrió la mamá de Ryo.
–Entonces
la siguiente semana van a estar libres, ¿Verdad, papá? – le dijo un
entusiasmado Ryo.
El
señor Tenryo, quien siempre estaba silencioso, volteó a ver a su hijo, pero
tampoco respondió nada. La señora comprendió la expresión nula de su esposo
y trató de pensar en cómo decirle a su hijo.
–Disculpen
que no podamos acompañarles... Es sólo que después de firmar el contrato,
tenemos otras obligaciones. Después de tratar con los abogados de la corporación,
tu padre tiene que ir a Madrid y yo debo regresar a Tokio para hacer tratos con
los accionistas – hizo una pausa al ver que Ryo ya no sonreía tanto – Perdóname
por no quedarnos más tiempo, aunque ustedes aún pueden disfrutar la semana de
vacaciones antes de que inicien sus clases.
–Descuiden...
Entonces nos divertiremos mucho por ustedes – trató de sonreír el muchacho
de lentes.
A
pesar de la tranquilidad con la que lo tomaba, Reika podía saber lo que ocurría
con su mejor amigo.
*
* *
Mientras
los demás jugaban en la playa, Ryo había formado un montículo de arena para
construir un castillo.
–Después
de todo... A ellos les cuesta trabajo quedarse un momento conmigo... Esta ha
sido la conversación más larga que hemos tenido en el año – murmuró para sí
mismo.
–Ryo...
– Reika recién llegaba del mar, por lo que su cabello aún goteaba algo del
agua salada.
–Oh,
hola... – le saludó algo indiferente.
El
muchacho centró su atención a la elaboración de su castillo y Reika continuó
viéndolo trabajar.
–Oye...
¿En serio estás bien? – le preguntó la muchacha, secando sus cabellos
cortos rubios y negros con una toalla.
–Sí...
No te preocupes. Estoy acostumbrado a que mis papás se vayan a mitad de las
vacaciones... Por eso siempre me dice que lleve amigos cada vez que viajamos...
–Oye...
fuera de ser ejecutivos ocupados, no cualquiera paga vacaciones para siete
adolescentes en un hotel de cinco estrellas.
–Es
que... Me parece tonto que traten de comprar mi perdón con vacaciones así y
enviarme tarjetas de cumpleaños en lugar de ir a verme...
–¿Te
quejas de que ellos no te dedican tiempo suficiente y hay personas que no los
han visto en años? – Reika se resintió un poco al decir esta frase.
–Perdón,
Reika... Yo no quería que tú...
–Olvidaste
tu bloqueador – Reika cogió la botella con la loción y se la esparció a Ryo
por la espalda.
Ryo
se sonrojó considerablemente cuando sintió las manos suaves de Reika por su
espalda; aunque ésta no lo vio por estar detrás de él.
–¿Se
siente el bloqueador? – le preguntó Reika.
–Casi
no...
–En
ese caso están los papás – le empezó a decir – No están visibles, pero
de todos modos te protegen sin que te des cuenta. Listo. Terminé.
–Oye,
gracias...
–Espera
un momento.
Dicho
esto, Reika le pateó el castillo de arena.
–De
nada, Ryo. Y gracias a ti – comenzó a reír a grandes carcajadas.
–Ya
vas a ver, bandida – Ryo sonrió y comenzó a perseguirla hasta el agua.
Mientras
los muchachos jugaban, Goro Hanajima pasó por ahí junto a Marla y Katsuya.
–Qué
pena no tener esa edad nuevamente – comentó la Diosa del Hogar al ver jugar a
los demás.
A
lo lejos, Aoshi había recibido otra cachetada de Maaya por “hacerse el
vivo”.
–Me
alegra que Sakura esté haciendo buenos amigos – comentó Hefesto – Se ve
que ella los aprecia mucho.
Al
mismo tiempo, la susodicha estaba golpeando a Tetsuo por una broma gastada por
éste, mientras Mizuki seguía con la mirada a su mejor amigo.
–Dentro
de poco tendremos que recurrir a ellos. No quisiera tener que cortar la diversión
de estos muchachos... – Poseidón miró a Kenji, Reika y Ryo lanzándose agua.
Su atención se centró especialmente en Kenji, recordando algunos eventos
ocurridos en el pasado.
*
* *
–La
primera es un niña – le dijo la partera a la titánide.
Éste
nuevo bebé comenzó a llorar con fuerza, pero el llanto pronto fue acompañado
por otro, ésta vez de un niño idéntico. Habían nacido dos nuevos Olímpicos
en la isla Delos para que la rencorosa Hera no encontrara a otra de las amantes
del emperador de los Dioses. Leto sabía que no podía cuidar de ellos dos, ya
que si regresaba al Olimpo con los dos infantes, la esposa de Zeus descargaría
su ira sobre los pequeños.
–Descuida...
Yo me encargaré del entrenamiento de los dos – le dijo un individuo a la
madre de los dioses gemelos.
–No
sabría cómo agradecértelo – le dijo Leto, aún amamantando a los bebés.
–¿Y
ya les escogiste los nombres, Leto?
–Quería
que su padre los bautizara, pero él no se encuentra aquí... Quisiera que lo
hicieras tú...
–Entiendo...
Mi hermano mayor no ha sido tan responsable que digamos con sus demás hijos...
– sus ojos azules se posaron sobre el varón, quien mostró unos brillantes
ojos verdes al abrirlos – Su nombre será Apolo. Ella se llamará Ártemis.
Al
pasar tres meses, Leto tuvo que regresar a su tierra y dejar a sus dos hijos al
cuidado del Dios del Mar. Los muchachos crecieron rápido y fueron entrenados en
las artes de combate por su tío, quien se encargó de su cuidado personalmente.
–Les
prestas más atención que a mí – le reclamó Anfitrite, la esposa del dios.
–Son
mis sobrinos. Y debo cuidarlos hasta que tengan edad suficiente para presentarse
ante Zeus y puedan hacerse respetar por Hera.
–¿Acaso
no recuerdas que tú también tienes hijos? ¡Mírame cuando te hablo, Poseidón!
–¡Te
entendí perfectamente! – miró por un espejo mágico a los dos gemelos
practicando sus rutinas en la isla – Pero aún así no podría dejarlos... Le
prometí a Leto que estarían bajo mi cuidado hasta que pudieran defenderse de
su madrastra.
–No
me interesa. Mándalos ahora mismo donde Zeus. Él es padre de ambos, no tú.
No
quería hacerle caso a su esposa, pero también sabía que eso era lo que tenía
que hacer. Llegó a la isla en medio de la noche y, cuando estuvo a punto de
entrar a la cabaña donde ellos dos dormían, fue detenido por el sonido de unos
sollozos.
Llegó
a un rincón de la playa, donde encontró a un triste Apolo. Él, al igual que
su gemela, tenían ya 400 años, lo cual equivalía en ellos a los 14 años de
un adolescente mortal. Su tío podía saber perfectamente que el muchacho
lloraba.
–¿Me
vas a entregar a mi padre, tío? – preguntó sin voltear a verle.
–¿Cómo
supiste que venía por eso?
–No
lo sé... simplemente lo supe... – contestó – Como supe que mañana el príncipe
Aristeo derrocará a su padre por la corona.
Parpadeó
sorprendido ante estas nuevas habilidades del joven dios. El joven Apolo podía
saber lo que ocurriría en el futuro inmediato. Ese don ni siquiera lo tenía su
hermana Ártemis, lo que significaba que él era especial.
–Apolo...
Sabes entonces lo que tengo que hacer... – se sentó al costado de su sobrino
y los dos se pusieron a arrojar piedras al agua – Tú también sabes que es lo
correcto. Tienes que conocer a tu padre... Y allá arriba será lo mejor. Podrás
conocer también a tus medio-hermanos.
–No
lo sé... Me da miedo lo que escucho sobre Hera... ¿Y si ella me odia?
–Entonces
el problema es de ella, no tuyo. Hera es... algo loca...
–Una
vez vino Hestia y estuvimos hablando sobre ella... Es muy bonita...
–¿Te
refieres a Hera?
–No...
Hablaba de Hestia... – el muchacho sonrió de lado al recordar la maravillosa
figura de su tía.
–No
vale la pena que te fijes en ella. Ha hecho votos para conservar su
virginidad... – él también sonrió de lado al recordar algunas cosas – Te
diré algo que ni Anfitrite sabe. Quería que ella fuera mi reina en el mar...
después de todo, Zeus está casado con Hera y tu tío Hades terminó raptando a
tu prima Perséfone. Pero ella me rechazó al igual que todos los demás que
intentaron cortejarla... Como te digo, hay muchas mujeres, tanto allá arriba
como en el reino de los mortales.
–Gracias
por los ánimos – dijo sarcásticamente – Tus palabras de aliento hacen que
quiera volver a intentar suertes.
–Chiquillo
tonto – murmuró.
Los
dos siguieron lanzando piedras al agua hasta el amanecer, cuando ambos dioses
gemelos regresarían al Olimpo con su padre.
–No
quiero ir y conocerle...
–Zeus
no será la mejor persona del mundo, pero no puedo hablarte mal de él porque
también es mi hermano y tu padre, Apolo.
–¿Por
qué no pudiste ser tú mi padre?
–Fui
tu tutor, pero creo que eso no debe saberlo nadie... Tú sabes por qué.
–Entiendo,
tío...
En
el fondo, Apolo despreciaba la idea de conocer al que se le atribuía el
haberlos engendrado a él y a su hermana. Sabía también que tenía más de 50
medios-hermanos y medias-hermanas, tanto dioses como semi-dioses; muchos de
ellos ni siquiera eran reconocidos ¿Qué tipo de persona sería el emperador de
los Olímpicos?
*
* *
Llegada
la noche, se realizaría un festival en la ciudad. Los muchachos se habían
alistado con trajes típicos para el festival de verano. Como de costumbre, los
muchachos esperaban a las chicas en el lobby del hotel. Ellos ya tenían puestos
sus trajes: el de Kenji era azul, el de Aoshi era rojo oscuro, Ryo tenía uno de
color anaranjado, Mizuki uno blanco con algunas manchas negras y Tetsuo usaba
uno de color gris con azul y negro, y su pañoleta la usaba como siempre en su
cabeza.
–¿Es
costumbre femenina hacer esperar al hombre? – se quejó un aburrido Tetsuo.
–Trata
de decirles eso a ellas – murmuró Mizuki, quien leía una revista en el sofá.
–Bueno...
todavía nos queda una semana de vacaciones, así que tendremos que soportar
esto siete días más – comentó Aoshi. Él ya se había ganado billetes de
turistas por estar tocando la guitarra en el lobby.
–Es
una pena que mis papás se tuvieran que ir hace unas horas... – comentó Ryo.
–Sabes
que les habría gustado estar más tiempo aquí... – le dijo Kenji – Al
menos piensa que iremos a divertirnos.
En
ese momento, Hanajima salió al lobby, acompañado por Marla Winslow. Al estar
vestido tan informalmente, ninguno de sus empleados llegó a reconocerle, a
excepción de Kenji, quien sabía que era él por el aura.
–Hola,
muchachos ¿Qué tal están pasándola? – les saludó la diosa, igual de
sonriente.
–¡De
maravilla, señorita Winslow! – dijo un emocionado Tetsuo.
Mizuki
le cerró la boca y volvió a sentar a su amigo.
–Límpiate
la baba – le susurró el peliblanco.
Hanajima
y Kenji se miraron por unos momentos.
–¿Van
a salir? – les preguntó.
–Sí...
Vamos a ir al festival en la ciudad – respondió el sonriente muchacho.
–¿Acaso
no van a acompañarnos? Ah, no. Lo olvidé... El importantísimo Hanajima, o
mejor dicho “Poseidón”, no perdería el tiempo con unos chiquillos como
nosotros – la ironía en Aoshi era muy evidente, pero fue callado cuando sintió
un golpe en la cabeza, propinado por una molesta Maaya.
–Tú
cállate – le dijo la pelirroja, quien vestía un kimono verde – No te
cuesta nada ser más cortés, cabeza dura.
–Ya
era hora que vinieran – le dijo Tetsuo a Reika, la cual lucía un kimono negro
con bordes amarillos – Se demoraban mucho, tardonas.
–Pero
vale la pena, ¿No? – Reika se lució frente a su hermano – ¿Qué tal me
queda, Kenji?
–Te
vez bellísima, Reika...
–Eso
es obvio... Yo hago que este atuendo se vea bien – dijo tan orgullosa como
siempre, luego volteó hacia Sakura, quien permanecía tímida con su traje
morado – Oye, ven para que puedan verte, Takatsuki.
–Te
ves muy bien, Takatsuki – le sonrió Kenji.
–Gracias,
sempai – su sonrojo apareció con una sonrisa al recibir el cumplido.
–Oye...
– Reika se dirigió hacia Goro – Aún no me olvidé de lo que pasó.
–Sí...
sueles ser así de explosiva – le respondió indiferente – No debería
sorprenderme.
–Vas
a vértelas conmigo a penas sepa que le has puesto un dedo encima a mi
hermanito.
–¿Cuándo
dejará de decirme “hermanito”? – murmuró su gemelo.
Hestia
se adelantó hacia la molesta Ártemis y le extendió la mano.
–Sé
que comenzamos mal, así que podemos hacer las paces ahora ¿Te parece? – le
dijo la americana.
–Diablos...
Me es imposible mantenerme enojada contigo – Reika tuvo que tragarse su enojo
y le estrechó la mano a la otra diosa.
–¿Entonces
aún podemos ir juntos?
–Sí,
claro... No hay problemas.
*
* *
El
lugar donde se realizaba la feria estaba iluminado con faroles de colores y todo
tipo de puestos llamativos con comida, juegos y más recuerdos. Mientras los demás
recorrían el lugar, Goro había llamado a Kenji para hablar con él en privado.
Los dos llegaron a un templo y se sentaron en una banca.
–Quería
que habláramos, pero no pudimos terminar la conversación en la cueva... – le
dijo la reencarnación de Poseidón – Pensaba en que podríamos terminar esto
a penas salieras del reto.
–Ha
pasado muchísimo tiempo desde que nos reunimos... – comentó el adolescente.
–¿Aún
me ves de la misma manera?
–Aunque
haya ocurrido mucho, tú siempre serás mi maestro.
–Como
te lo he dicho antes. No quiero que Hera o que algún otro te mate... Pero no iré
a defenderte, ya que tú eres capaz de hacerlo por ti mismo. Eso fue lo que te
enseñé a penas pudiste caminar.
–Eso
fue hace más de 4000 años... Además... Quisiera que me llamaras por mi
nombre. Soy Apolo, pero en esta vida, como en todas las demás, soy diferente a
lo que fui. Supongo que piensas igual y quisieras que te llame por tu nombre.
–Eso
lo sé... En verdad has cambiado muchísimo. Ya no eres el mismo idiota de
siempre...
–Oye...
– le miró algo molesto por el comentario.
–Eso
de cortejar damas lo habías sacado de tu padre... aunque veo que ahora eres
distinto...
–Sabes...
Esta es la charla más entretenida que hemos tenido desde que trabajamos en las
murallas de Troya.
–Qué
decir... Eres el único que puede hacerme hablar tanto, muchacho.
Después
de un rato de silencio, ambos comenzaron a reír, lo cual era completamente raro
ver en Goro Hanajima.
–¿Me
vas a contar de todo lo que me perdí durante los milenios que no nos hemos
visto? – le preguntó Kenji.
–Qué
decir... Manteniendo tradiciones familiares desde ocho generaciones atrás ¿Qué
hay de ti?
–La
primera vez me asesinó Ares, como debiste saberlo... De ahí, siguió Hebe...
Luego Dionisio... Y la lista se extiende hasta hoy. Pero no le daré gusto a
Hera de que sea ella la que acabe con alguna de mis vidas.
–Te
debe ser difícil vivir en cada época menos de 28 años... Yo ya tengo esa edad
en esta vida y me siento cansado.
–Cargas
demasiadas cosas... Necesitas salir más... Y tienes la ventaja de que Hestia te
está acompañando – le sonrió burlonamente.
–Eso
ya fue. La mujer es una cotorra. No me deja en paz ni un solo instante y cada
generación siempre viene a Japón para fastidiarme – dijo indiferente, pero
algo sonrojado.
Kenji
rió al ver que él aún era uno de los pocos capaces de arrancarle emoción
alguna al frío emperador marino. La relación entre los dos era prácticamente
de amigos, como si hubieran sido realmente padre e hijo.
–Pero
ella sigue estando fuerte – comentó con una sonrisa parecida a las de Aoshi.
–Ese
sí es el Apolo que conocí
–En
ésta época todos me conocen como el amable Kenji... No niego que lo sigo
siendo, pero la mitología me ha dado mala fama.
–Debo
suponer que te arrepientes de las locuras que hacían Hermes, Ares y tú cuando
aún vivíamos como supremos.
–Pues...
Creo que sí. Aunque no recuerdo muchas de las cosas que hice, aún me queda
claro el sentimiento de las muchachas a las que lastimé antes... Y sé que
Reika se burlaría de mí si lo recordara también.
–Por
algo corrías a mí para pedirme consejo cuando metías la pata, muchacho.
–Sí...
algo así...
–Aún
así... Tus pruebas no terminan, Kenji. Seguiré sometiéndote a esto cada
cierto tiempo.
–Está
bien... Gracias por tratar de ayudarme, Goro.
–Entonces
con permiso... – dicho esto, se separó de él dos centímetros.
A
penas hizo esto, un golem salió del bosque y cogió a Kenji.
–Eres
una basura... – le maldijo el rubio, el cual se defendió del monstruo que le
envió el dios.
–Lo
sé... Disfruta de una prueba más – sonrió por lo bajo y se apoyó en un árbol
para ver.
*
* *
–Anuncien
quién se presenta – dijo un joven que portaba sandalias aladas.
–Apolo
y Ártemis. Vinimos a hablar con Zeus – dijo el varón.
–Él
les atenderá en un momento... – el dios mensajero miró a los dos y le sonrió
a Apolo – Ya veo. Ustedes son otros más de la gran mayoría.
–¿Eres
también medio-hermano nuestro? – le preguntó Ártemis.
–Si...
– el chico dejó su maletín con los pergaminos a entregar y les extendió la
mano a los gemelos – Me llamo Hermes. Mi madre es la titánide Maya.
–¿Hace
cuanto que llegaste a Olimpo? – le preguntó el Dios de la Profecía al
estrecharle la mano al dios de cabello blanco.
–No
menos de cincuenta años... – afirmó el joven dios – Supongo que se criaron
en otro lugar que no estuviera vigilado por la “Pisa-hombres”.
–¿Quién?
–Hera,
pues... ¿No les dijeron nada sobre ella?
–Pues
Posei... – Ártemis iba a mencionar el nombre de su tío, pero su gemelo la
interrumpió.
–Hemos
escuchado muchas cosas al respecto – dijo el muchacho.
–Tienen
suerte de que ella no se encuentre aquí – Hermes abrió la puerta del salón
principal – Entremos. En este momento debe estar terminando de hablar con el
sacerdote de Medis.
Antes
de entrar, Apolo detuvo a los otros dos y los tres se hicieron hacia la
izquierda. Seguido de esto, el susodicho sacerdote fue lanzado por la puerta.
Hermes estaba asombrado al ver que el nuevo dios había previsto que sucedería
eso.
–Charlatán...
– murmuró el soberano del Olimpo cuando echó al mortal de su salón.
–Papá...
Han venido a hablar contigo – le dijo Hermes.
–Hermes.
Te dije que no dejaras entrar al cretino ese del sacerdote... Es una pena. Tendré
que enviar un par de rayos a la aldea.
–Bueno.
El sujeto resultó ser muy insistente – sin que Zeus se diera cuenta, Hermes
guardó un saco con monedas de oro dentro de su casco, que colgaba de su cinturón.
–Así
son... Sacerdotes... Todos están locos – entonces vio a los dos jóvenes que
seguían a su hijo – ¿Qué buscan aquí, jóvenes?
–A
ver... cómo empezar esto... – Ártemis jugó un rato con la punta de su larga
trenza rubia.
–Gran
Zeus... Nosotros somos hijos suyos – le dijo Apolo.
–No
saben la cantidad de jóvenes como ustedes que llegan a decirme lo mismo...
–Le
resultará conocido el nombre de Leto... – le dijo el rubio, permaneciendo
firme.
–Leto...
Ah, sí... Leto... – Zeus tuvo nostalgia al recordar sus días con la titánide
– Una chica muy dulce... ¿Cómo está ella ahora?
–No
lo sabemos... No la hemos visto desde que tenemos memoria – dijo la Diosa de
la Cacería.
–Ya
veo... – Zeus miró un poco apenado al suelo – Pero al menos podemos
conocernos. Quiero compensar todos los años de no vernos.
«Eso
es lo que dirán todos los padres desnaturalizados de los próximos tres
milenios» pensó
el sarcástico Apolo.
Por
lo bajo, Ártemis le preguntó a Hermes:
–¿Eso
se lo dice a todos?
–Sí...
A mí me lo dijo también... – dibujó una mueca de aburrimiento.
–Por
mientras... Supongo que querrán conocer a sus hermanos y el resto de Olimpo –
como Hermes tenía un encargo para Perséfone en el Hades, decidió llamar a
otro que estuviera libre – ¡Ares! ¡Ven aquí, holgazán!
Después
de un rato, un adolescente que vestía una armadura algo manchada de sangre y
lucía una cicatriz en la mejilla izquierda entró al salón. El Dios de la
Guerra tenía la misma edad de los gemelos, 400 años de edad, pero se veía más
agresivo, contraste con la delicada fisonomía de Apolo, pero atractivo a su
manera.
–No
me grites, viejo... Acabo de regresar de una guerra encabezada por los
espartanos – le dijo a penas ingresó.
–Cállate
tú, bueno para nada – le respondió su padre – Te presento a tus nuevos
hermanos, Apolo y Ártemis.
–Ah...
Otros más... – torció una ceja al echarle un vistazo a los gemelos.
–Supongo
que ustedes también son tan bastardos como los otros diez que vinieron el mes
pasado.
–¡¿Qué
dijiste?! – Ártemis iba a golpearlo, pero su hermano la detuvo.
–Sí...
Por eso vinimos – Apolo podía ocultar mejor su enfado – ¿Entonces nos
vamos a recorrer el Olimpo?
–Sí,
claro... Pero justo hoy tenía pensado visitar a Perséfone en el Hades... Así
que sería buena idea que fuéramos todos juntos – les dijo tratando de sonreír
falsamente mientras Zeus miraba a sus cuatro hijos. Hermes se mantenía neutral,
pero sabía que Ares tenía un truco guardado bajo la manga.
–Buena
idea. Así conocerán también a Hades – Zeus recordó entonces que debía
lanzar los rayos a la aldea de Medis – Ahora me disculparán. Tengo unos
asuntos pendientes.
Cuando
el supremo se retiró, los cuatro se quedaron solos.
–Escuchen
bien. Los dos son nuevos en esto, así que les iré adelantando que no les será
nada fácil estar aquí conmigo – les dijo el dios de la guerra, con una
arrogancia tan brillante como sus ojos color plata.
–Veremos
quién gana esto al final – le dijo Ártemis, sonriendo desafiante.
–Oigan...
Ya tengo que irme al Hades, así que apresúrense si quieren entrar conmigo –
les interrumpió Hermes.
–Sí,
ya vamos – respondió desganadamente Ares.
–Oye,
cuidado con el jarrón – le dijo Apolo.
–¿Qué
jarrón?
Sin
darse cuenta, Ares se topó con un jarrón, pero lo salvó de caerse. En ese
momento, Ártemis tronó los dedos y una vasija de metal le cayó en la cabeza.
Al ser dios, ese golpe no significaba nada.
–Ese
jarrón – respondió el triunfante Apolo.
Hermes
miró a los dos gemelos, quienes ya habían comenzado a hacerse respetar rápidamente.
–Ese
par me agrada – sonrió el dios mensajero.
*
* *
Hestia
y Reika ya se habían llevado de maravilla y, junto con Atenea, estaban
rememorando buenas épocas, con Sakura escuchando atenta. Por mientras, los
muchachos intentaban en los juegos de atrapar peces dorados.
–Vas
a ver, montón de escamas – Aoshi compró otra red de papel, pero se rompió a
penas la introdujo al agua – Maldita sea...
Tetsuo
y Ryo no tenían suerte tampoco. Entonces voltearon a ver al callado Mizuki,
quien ya había capturado once pececitos.
–Presumido...
– dijeron los tres entre dientes.
Los
dos grupos entonces sintieron llegar a Goro y a Kenji. El primero estaba igual
de inexpresivo, pero el muchacho estaba algo golpeado y con otra ropa distinta.
–Eres
un abusivo, Goro – sonrió Marla.
–¡¿Qué?!
– exclamaron los otros jóvenes al darse una idea.
–¿Cómo
pudiste dejarte hacer eso? – le reclamó Aoshi a Kenji, algo horrorizado.
–Es
que simplemente pasó... Los dos hablamos de todo un poco y entonces se me lanzó
encima – dijo el rubio.
–Pero
te las pudiste arreglar contra el golem sin ayuda – le dijo la diosa del
hogar.
A
penas Hestia hizo mención del golem, los demás rieron tratando de hacerse los
locos. Por un momento pensaron otras cosas que no eran.
–Uy,
la pelea se ve que fue dura, Kenji – comentó Ryo.
–Sí,
sí. Mira cómo estás hombre – dijo Tetsuo.
–Sí
que te dieron buena pelea, Kenji – dijo Reika.
–¿No
te hicieron nada grave? – preguntó Maaya.
–¿Se
encuentra bien, senpai? – dijo Sakura.
Mizuki,
Goro y Kenji miraron seriamente a los demás y murmuraron un «Sí, cómo no»
–Gracias
por preocuparse tanto por mí – dijo Kenji sarcásticamente, ya que suponía
qué debieron pensar sus amigos al verlo irse solo con Hanajima.
Sería
una larga semana de vacaciones y playa en Okinawa.