Decimocuarto
acto:
Recibimiento para Ella
Después
de una semana de vacaciones en Okinawa, había que prepararse para las clases.
Acordaron en que todos terminarían las últimas tareas de vacaciones en el
departamento de Kenji y Reika.
–¿Llego
a salirte la 13? – preguntó Reika, aún con la separata de química.
–Yo
ya la hice – le respondió Ryo, quien era el único desocupado del grupo.
–Sigue
presumiendo, genio – Aoshi aún estaba en blanco y le faltaba física, química,
álgebra, historia, etc (Por no decir TODO)
Voltearon
a otro lado, donde Kenji le estaba explicando a Sakura sobre sus cursos. No
escucharon el chiste, pero vieron cómo Kenji y Sakura rieron por algo que
dijera el joven.
–Ellos
dos se están comenzando a compenetrar mejor... – comentó Maaya.
–Sí...
Es un gran avance si consideramos el carácter tímido de los dos – Tetsuo aún
estaba resolviendo Geometría con Mizuki. El muchacho de cabellos blancos era
quien ayudaba a Akiyama.
Tocaron
el timbre y Kenji fue quien decidió atender la puerta. En cuanto abrió, la
chica se abalanzó sobre Kenji, abrazándole muy cariñosamente. Los demás
miraron con los ojos bien abiertos, en especial Sakura, pero Reika no lucía
sorprendida.
La
recién llegada era de unos 15 años, usaba un vestido muy corto, color blanco
con celeste, largo cabello negro en una trenza y ojos verdes muy brillantes, muy
parecidos a los de los gemelos Okubo.
–Kenji.
Te he extrañado tanto – dijo la chica.
–Madison...
Igualmente – dijo el muchacho, tratando de mantener su sonrisa, a pesar de
seguir en el suelo.
La
muchacha volteó a ver a Reika y también fue a abrazarla. Sakura fue donde
Kenji y le ayudó a pararse.
–¿Quién
es esa chica? – le preguntó la más joven del grupo, ocultando muy bien lo
que sentía.
–Pues
Madison es...
–Uy...
Qué maleducada que soy – la chica dejó a Reika y se presentó con los demás
– Soy Madison Avalon Okubo.
–Okubo...
Eso significa que eres pariente de estos dos – dijo Tetsuo.
–¿Cómo
que “estos”? – dijeron ambos gemelos al mismo tiempo.
Tetsuo,
Mizuki, Ryo y Aoshi se quedaron viendo a la muchacha con una expresión de
embelesamiento, mientras Maaya y Sakura la miraban extrañadas. Por un lado,
Sakura se alegraba de que Madison sólo fuera prima de Kenji, pero algo
en esa chica le parecía raro.
*
* *
Rato
después, todo el grupo tomaba refrescos en la sala y comenzaban a conocer a la
recién llegada.
–¿Vienes
de Florida? – dijo Aoshi, luego de escucharle.
–Sí.
Mis padres me mandaron aquí para que termine de estudiar. Allá tuve unos
cuantos problemas – explicó.
–Al
menos nos hubieras avisado – le contestó Kenji, quien le sirvió más en el
vaso – Así uno de nosotros te hubiera ido a recoger en el aeropuerto.
–Es
que nunca te quitas esa costumbre de dar sorpresas, Madison – le dijo Reika.
–Me
conoces a la perfección, Reika – le guiñó el ojo.
–¿Y
hace mucho que no se ven? – le preguntó Maaya, quien terminaba el tercer vaso
que se servía, viendo también cómo Aoshi miraba a la prima de los gemelos.
–Nos
vemos por lo menos una vez al año en vacaciones y en las reuniones de la
familia – Madison sonrió y luego dirigió una mirada hacia los amigos de sus
primos – ¿Ustedes no me han dicho sus nombres todavía?
–Ryo
Tenryo – contestó sonrojado.
–Yo
soy Aoshi Yamaki – el castaño guiñó uno de sus ojos color plata.
–Tetsuo
Akiyama – respondió el de la pañoleta.
–Mizuki
Takahashi – dijo tratando de sonar indiferente frente a la americana.
–Maaya
Shikura – expresó la pelirroja.
–Sakura
Takatsuki – respondió tímidamente la de cabellos castaños claros.
Durante
lo que quedaba de la tarde, a todos les terminó cayendo bien Madison, incluso a
Maaya, quien miraba con severidad a Aoshi.
Debido
a que Madison se quedaría con sus primos, Reika dormiría con ella, mientras
que Ryo se quedaría de nuevo en el cuarto de Kenji. Sus padres todavía estaban
de viaje y él no quería quedarse solo en su casa antes del primer día de
clases.
–Creo
que no debería incomodarlos ya que tienen otra visita en la casa – dijo Ryo,
acomodando su futón en el suelo de la habitación de su mejor amigo.
–Descuida,
Ryo. Ni notarás que Madison está aquí – le respondió Kenji.
–Es
difícil pensar en eso...
–Oh
no... Conozco esos ojos... – Kenji miró a su mejor amigo a través de sus
lentes.
–¿De
qué hablas? – respondió sonrojado.
–No
debería extrañarme... Madison tiene ese efecto... Aunque yo creía que la cosa
era con mi hermana...
–No
sabes lo que dices, Kenji – refutó enseguida, evidentemente avergonzado –
Es que ella es...
–Ryo...
Deja que te explique algo sobre Madison...
Kenji
se acercó al oído de Ryo y le murmuró algunas cosas que hicieron que pasara
paulatinamente a sorprendido.
*
* *
Al
mismo tiempo, Reika estaba ayudando a su prima a instalarse en la habitación.
–¿Cómo
fue tu viaje? – le preguntó la chica de cabellos rubios y negros.
–Turbulento...
Y pensando en volver a verlos a Kenji y a ti – sonrió.
–Yo
también te extrañé un montón... aunque estés más loca que Lina...
–¿Sigue
con sus ataques de esquizofrenia? – le preguntó Madison.
–No
es esquizofrenia. Sabes que Perséfone está incontenible en algunas
ocasiones...
–¿Y
llegaron a encontrar a Apolo o Ártemis? – le preguntó.
Reika
se quedó callada. Madison aún no sabía que ella y Kenji eran los dioses
gemelos. Era mejor que no lo supiera aún.
–Estamos
en eso... – se limitó a responder la rubia.
–Reika...
– Madison se acercó a ella y tocó los cabellos bicolor a su prima – Extraño
tu trenza...
–Simplemente
decidí cortarme el cabello hace tiempo...
–Te
pareces más a tu hermano.
–Eso
es lo que me dicen todos.
–¿Y
él que opina sobre eso?
Las
dos no intercambiaron frases, hasta que Reika cerró los ojos y sonrió.
–A
él no le molesta... Ahora vamos a dormir.
Compartieron
la cama y, al apagar las luces, Madison le dijo mientras jugaba con los dedos
sobre la cabeza de Reika:
–De
todos modos tu cabello sigue sintiéndose suave.
*
* *
Aoshi,
a pesar de las protestas de Maaya, acompañó a la pelirroja hasta su casa.
Durante el camino, la reencarnación de la diosa de la razón no le habló a su
contraparte mitológica.
–Oye,
Roja...
–¿Qué
quieres? – le respondió la joven atleta.
–¿No
estarás celosa?
–¿Yo?
Es el mejor chiste que has podido inventar, Aoshi.
–Ni
creas que no me he fijado en tus miradas matadoras cuando ella me miraba –
alegó con una gran sonrisa de satisfacción.
–No
necesito estar celosa de nadie... Menos si se trata de ti.
–Oye...
Qué mala que eres. Está bien... entiendo tu crueldad – dramatizó con cierto
tono burlesco.
–Eres
un tonto, Aoshi...
En
ese momento, Aoshi se detiene y la jala hacia él por la cintura, quedando los
dos rostros a escasos centímetros.
–Soy
un tonto que besa bien... y te consta – se acercó más, casi rozando sus
labios con los de ella – Veo que han pasado 3000 años desde la última vez
que estuvimos reunidos con los demás y con cada vida te has vuelto menos
creativa en tus respuestas hacia mí.
–Aoshi...
– Maaya le sonrió primero, pero luego lo golpeó en el estómago – Sólo te
besaré de vuelta cuando llegues a derrotarme en combate, lo cual no ha pasado
en 4000 años y no pasará.
Coincidentemente
estaban justo frente al edificio de Maaya, así que la pelirroja abrió la
puerta y, al entrar, la cerró fuertemente, mientras Aoshi se cogía el abdomen
por el golpe, arrodillado de dolor. Después de un rato, el castaño comenzó a
reír.
–Lo
sabía... Está celosa... Y ella me ama... Y pega muy duro... Au... – se llevó
las manos al abdomen nuevamente.
Pero
tampoco podía negar que Madison estaba muy guapa, pero algo en la sangre le decía
que ella tenía algo familiar en sus venas.
Al
mismo tiempo, Maaya apoyó la espalda contra la puerta y se llevó la mano a la
boca automáticamente, rozando sus labios con las yemas de los dedos.
–No
debería sentir esto... Él es Ares y yo soy Atenea. Los dos nos odiamos... ¡¿Por
qué no le respondo como antes?!¡¿Qué rayos me pasa?! Como Aoshi me está
dejando sin habla...
*
* *
Al
llegar al edificio, los dos se quedaron en las escaleras. Tetsuo sabía que su
abuelo siempre estaba dormido, lo cual era igual a que nadie le esperara en su
departamento ni nadie le gritaría por llegar tarde.
–Pillín...
Vi cómo te ponías cuando la chica volteaba a verte – le bromeó Tetsuo.
–Estás
imaginando... – la reacción más notoria de Mizuki fue alzar la ceja derecha,
lo cual significaba mucho en su idioma.
–Es
que hay que admitir que Madison está buenaza...
–¿En
verdad piensas que ella te daría una oportunidad?
–No
sé. Nadie puede resistir el encanto Akiyama – el muchacho emuló el ego
Yamaki.
–Quizás
ella sea la primera – Mizuki no reprimió una sonrisa casi imperceptible.
–Un
momento ¿Por qué estamos empezando a discutir por algo así?
–No
lo sé... Tú de repente empezaste a hablar de Madison.
–No
sé... Es que esa chica tiene algo...
–Sí...
Por no decirte que sentí algo en su sangre.
–Me
lo explicarás en mi casa.
–Tetsuo...
Vivo a un piso de tu departamento.
–¿Y
qué? Ya te dije que te quedarás conmigo cuando yo te diga – le bromeó el
muchacho – Simplemente no quiero que estés solo.
Después
de mirarse un rato, Takahashi suspiró resignado.
–Gracias,
Tetsuo.
*
* *
Al
día siguiente, ya se reanudaban las clases. La particularidad era que Madison
también estudiaría con sus primos en Hokubei ese año. Lo extraño era que habían
más alumnos nuevos en el grado, entre ellos una chica rubia que era alumna de
intercambio con Rusia, Lena Ivanovich.
Como
era de esperarse, Madison ganó popularidad instantánea entre el aula, incluso
le habían pedido que se uniera a todos los clubes femeninos, pero ella rechazó
las ofertas.
–Incluso
te querían en el club de danza... – dijo Ryo – Y ni te tomaron examen.
–Creo
que andan desesperadas por buena imagen – comentó Madison.
–Esto
podría subir tu autoestima a niveles insospechados – le bromeó Reika.
–¿Más
de lo que está? – contestó Kenji.
–Te
has vuelto más ingenioso, primito – le dijo Madison.
–Los
genes, los genes – respondieron los dos mellizos.
El
grupo se fijó a su alrededor, viendo que todos se ponían a comentar sobre
Madison.
–Los
japoneses son raros... – murmuró Madison.
–Sabes
que llamas la atención – le respondió su prima.
–No
tengo la culpa de ser tan bonita – bromeó.
–Cosa
de familia – concordó la egocéntrica Reika.
Cuando
llegó el profesor Flanagan, todos regresaron a sus lugares. Todos se acercaron
al escritorio del tutor y dejaron las asignaciones del verano.
–Aunque
acaben de regresar de sus vacaciones, no habrá lugar para más relajos. Los
nuevos se pondrán al día con dos alumnos que les designaré como asesores –
explicó Roy.
Debido
a que Madison vivía con Kenji y Reika, justamente fueron sus primos los
designados para nivelarla. Ryo y Tetsuo debían asesorar a Lena. Tenían
entendido que la chica no hablaba japonés y sólo atendía las clases de
ciencias y de inglés.
–Qué
suerte tienen ustedes – comentó Aoshi – Como Madison es pariente de
ustedes, hay favoritismo.
–No
seas tonto, Aoshi – dijo Reika – Flanagan-sensei no te asigna a nadie porque
sabe que terminarías corrompiendo a los nuevos.
–Me
tienen muy poca confianza... Con amigos como ustedes, quién necesita más apoyo
– dramatizó el castaño.
–No
lo sé... Soy malo enseñando en otros idiomas – comentó Tetsuo, dirigiendo
una mirada a la rubia europea.
–Quizás
podría suplirte si aún no quieres estar con eso de la tutela – le dijo
Yamaki.
–De
todos modos yo tengo trabajo y Ryo se podría hacer cargo... – al final suspiró
y pasó la mano por su cabeza – Está bien. Haz lo que quieras, Aoshi.
–A
falta de la compañía de Madison, bien está una belleza rusa – sin embargo,
cuando Aoshi volteó a ver a Lena, sintió algo más.
La
muchacha era bonita, de ojos castaños bien claros, el cabello rubio ondulado
hasta los hombros y la piel muy blanca. Ella volteó a verle desde su pupitre y
le sonrió, gesto que devuelve Yamaki.
Sin
que nadie lo notara, Roy tenía un presentimiento en el aula. La piedra con la
energía celestial, que estaba incrustada en su reloj, comenzó a brillar
levemente, lo cual significaba que una nueva presencia divina se encontraba
presente.
*
* *
(Hace
2 meses)
Misty
regresó de otra revisión semanal que le hacía a Mizuki en su departamento, ya
que ella sabía más sobre las enfermedades sobrenaturales que sufría la
reencarnación de Hermes. Se sentó en la mesa del comedor para terminar unos
apuntes y sacó una caja aterciopelada de su bolso.
–No
sabía que habías llegado ya – le recibió Lina, quien apenas salía de la
cocina.
–Llegas
a tiempo para ver en lo que estuve trabajando – sonrió la elfa.
Al
abrir la caja, Lina se pudo fijar perfectamente en las cuatro piedras que
brillaban.
–¿Esto
es lo que creo que es? – la reencarnación de Perséfone miró el brillo azul
pálido de los cuatro objetos de la caja. Todas las piedras eran pequeñas, pero
con diferentes intensidades.
–Así
es. Usé la energía que recuperamos para poder hacer estos localizadores.
Brillarán ante la presencia de un nuevo dios que no haya puesto una muestra de
sus genes en ellas.
–Por
eso me pediste que recogiera algo de ellos – Lina recordó que Misty le había
pedido algún cabello de sus primos o de Maaya o Aoshi.
–Así
no nos confundiremos cuando alguno de ellos pasen – la elfa sacó una de las
piedritas y la colocó en un relicario transparente en su collar – Está
funcionando porque ahora puede captar a Perséfone en este mismo espacio.
–La
llamaré ahora – Lina se concentró para dejarla salir.
Cuando
la diosa se manifestó, Misty siguió igual de sonriente.
–¿Para
qué necesitas verme? – preguntó fríamente la diosa, como siempre.
(Fin
del recuerdo)
*
* *
–...
Y esto es todo lo que hicimos – le terminó de explicar Reika – ¿Ya habías
visto todo esto en tu escuela anterior?
–Sí...
y son de las cosas que siempre aburren. Fáciles, pero aburridas.
–Bueno...
Creo que avanzamos más rápido de lo que había pensado. Podríamos ir al cine
o...
–Reika...
Me quiero quedar aquí y descansar un momento contigo.
–Madison...
Ya hemos hablado de esto... – ella evitó el contacto visual con su prima.
–Ya
lo hemos hablado... pero tú me conoces, Reika.
En
ese momento, Ryo y Kenji interrumpieron la conversación de las dos. Kenji
llegaba de su práctica en el club de arquería y Ryo le acompañó.
–Creí
que Ryo tenía que darle tutoría a Lena – comentó Madison.
–Pensé
que ella tenía que conocer la ciudad un poco, así que la dejé con Aoshi –
dijo el chico de lentes.
–¿Dejaste
a Aoshi Yamaki con UNA CHICA NUEVA? – exclamó Reika, haciendo énfasis en las
palabras “Chica Nueva”.
–No
se preocupen. Aoshi prometió que se portaría bien con ella – dijo Ryo –
Pude notar que la miraba muy interesado.
–Aoshi
siempre mira interesado a las chicas lindas... Pero no le comentes eso a Maaya
– bromeó Kenji.
–Ryo...
Acabo de recordar que nos faltan cosas para la comida. Acompáñame a comprar
– dijo de repente Reika.
–Pero
ya hay cosas en la despensa y... – Ryo fue interrumpido cuando Reika lo
arrastro del cuello de la camisa y se lo llevó a rastras.
Kenji
y Madison se quedaron solos. Antes de que el rubio fuera a bañarse después de
la práctica, Madison sólo le dijo:
–¿Tú
que opinas sobre ella?
–No
quiere demostrarlo... pero anda muy confundida, Madison.
*
* *
Cuando
estuvieron a varias cuadras del departamento, finalmente Reika dejó de
arrastrar a Ryo. El muchacho se apoyó contra la pared y recuperó aliento.
–¿Te
volviste loca? ¿Para qué hiciste eso? – le reclamó su mejor amigo.
–Te
quería agradecer por entrar y salvarme a tiempo – le dijo Reika, mientras lo
abrazaba.
–¿Qué?
¿A qué te refieres? – no negaba que le gustaban los abrazos de Reika,
llegando a sonrojos notables, pero le parecía muy raro que ella lo hiciera sin
motivo aparente.
–Olvídalo.
Me entiendo sola – ella lo soltó y le dio la espalda.
–Oye,
Reika... ¿Por qué te comportas así cuando menciono a Madison y ella no se
encuentra con nosotros?
–Ryo...
Es que hay algo en ella...
–No
te preocupes. Kenji me lo dijo todo.
–¿Te
lo dijo? – ella alzó una ceja
–Sí...
Lo que me sorprende es que lo tomen como algo tan raro... A mí me parece que no
tiene nada de malo.
–¿Cómo
que no tiene nada de malo? ¿Acaso no has pensado en el predicamento en el que
me encuentro?
–Bueno,
puedo entender que estés involucrada en cierta manera, pero no por eso vas a
tratar de ser distante con ella.
–No
tienes idea de lo que hablas, Ryo. Madison es mi prima.
–¿Eso
que tiene que ver con su rango?
–¿“Rango”?
– Reika frenó la conversación – ¿Estamos hablando del mismo tema?
–Es
que Kenji me contó que Madison es descendiente de las Amazonas que seguían las
leyes de Ártemis.
Reika
se quedó callada un momento. Alzó una mano y le dio un golpe a Ryo en la
cabeza.
–¡Ni
lo has notado! – le gritó la chica de ojos verdes.
–¿Notar
qué? – le preguntó aún sobándose la cabeza.
–Madison
es...
En
ese momento, Ryo y Reika interrumpen su conversación cuando el profesor
Flanagan pasa frente a ellos.
–Reika.
Tenía que hablar contigo sobre tu prima – le dijo el guerrero.
*
* *
Al
mismo tiempo, Maaya y Mizuki habían decidido ir a hacerle una pequeña visita a
los gemelos, y de paso ver si Madison estaba bien. Los dos recién salían de
Nagumo, por lo que aún traían puesto los uniformes de la escuela
–No
tenías que venir conmigo, Maaya – le dijo el de los cabellos blancos.
–Descuida.
No tengo nada contra ella... Incluso me llegó a caer bien – le respondió
Shikura.
–Y
porque quieres averiguar todo lo que puedas sobre ella ¿No es así? – Mizuki
llegó a formar una mueca parecida a una sonrisa.
–Por
eso eres mi mejor amigo. Las cosas no te las tengo que decir – Maaya también
sonrió.
Cuando
voltearon una esquina, fueron sorprendidos al encontrarse con Roy Flanagan en
modo defensivo y una gran espada occidental.
–Lo
siento. Pensé que eran otros – el profesor de literatura guardó su espada y
revisó de nuevo su reloj. Era claro que aún no había registrado los genes de
Atenea.
Ryo
y Reika alcanzaron a su profesor y vieron que Maaya y Mizuki estaban ahí.
–Eran
ustedes – dijo Reika – Menos mal que Flanagan-sensei no les hizo nada.
–¿A
qué viene todo esto? – preguntó la diosa de la razón.
–Flanagan-sensei
dice que hubo la presencia de otro dios en la escuela, pero como hay muchos
alumnos nuevos, es difícil saber acerca de cada cual... – explicó Ryo.
–Y
también tenemos la sospecha de que Madison puede ser una de los Olímpicos –
terminó el guardián.
–¡Sabía
que ella no era tan perfecta! – Maaya lo dijo en voz alta, llamando la atención
de los otros cuatro – Esto... Lo digo porque era raro que una chica así
tuviera la cualidad de llamar tanto la atención.
–¿Crees
que sea Afrodita, Reika? – fue lo único que expresó Mizuki.
–¿Afrodita?
– preguntó Ryo – Bueno... No hay que negar que llama la atención de muchos
chicos, pero no lo creo... ¿O sí?
Reika
se quedó congelada al escuchar tal suposición. Finalmente gritó enojada:
–¡Es
imposible! ¡Madison de ninguna manera sería Afrodita! ¡Me niego a pensar en
esa posibilidad!
Los
demás no pudieron detenerla cuando Reika corrió en dirección desconocida.
–¿Qué
le pasa? – preguntó Ryo al verla así.
–Afrodita
y Ártemis tuvieron un problema a raíz de que asesinaran por primera vez a
Apolo... – dijo Maaya – Reika puede recordar eso porque a la muerte de él,
Ártemis quedó destrozada y estuvo a un paso de suicidarse. Antes de que ella
muriera, Afrodita le echó en cara que ella los había delatado con Hera y
arregló los detalles para que él y Ares se enfrentaran.
–¿Ares?
Eso significa que el primero que asesinó a Apolo fue... – Ryo no sabía si
ellos tres lo recordaban, ya que ni Aoshi, Reika o Kenji habían comentado algo.
Estaba preocupado por las posibles confrontaciones que pudieran tener ellos en
el futuro.
–Lo
mejor sería que ubicáramos otra vez a Reika – Mizuki decidió que debían
volver al punto principal del problema.
–Tiene
razón. Yo iré por Reika. Maaya, Mizuki... Lleven a Flanagan-sensei con Kenji y
Madison – Ryo se dio media vuelta y corrió.
Cuando
los tres se quedaron solos, el profesor los miró seriamente.
–¿Sucede
algo? – le preguntó Maaya.
Roy
sacó su reloj, viendo que aún brillaba ante la presencia de Atenea.
–Dame
un cabello tuyo – se limitó a pedirle el profesor.
*
* *
Al
mismo tiempo, Aoshi estornudó tres veces seguidas.
«Deben
estar rajando duro de mí»
sonrió al imaginar a cierta pelirroja decir mil pestes del Dios de la Guerra.
–Salud
– le dijo una chica.
–Gracias...
– pero al voltear a ver quién le respondió, Aoshi puso cara de sorpresa al
escuchar la voz de la rusa – Creí que no hablabas japonés.
–Nunca
me preguntaron si podía – sonrió la rubia.
–Perfecto.
Así puedo dejar de hablarte en fuckin’ inglés – respondió igual de
bromista.
–Eres
agradable – le dijo Lena.
–Después
podríamos ir a tomar algo y después... Tendría que estudiar contigo... – el
castaño hizo una mueca al mencionar algo referido a la palabra “estudio”
– Bueno... Ahí podríamos ver adonde vamos luego.
Lena
era diferente a cualquier chica que Aoshi conociera, y por un momento se olvidó
de la Maaya Shikura que siempre le decía tonto. Los dos siguieron recorriendo
el centro.
*
* *
Reika
estaba sentada al borde del arroyo. Pensaba en todo lo que había pasado cuando
conoció a su prima en una de las reuniones familiares, cuando aún las dos eran
niñas. Madison y ella siempre comparaban cuál de las dos tenía la trenza más
larga.
Pasó
los dedos por sus cabellos cortos bicolor y sonrió irónicamente cuando recordó
que ella le decía a todos que su cabello siempre sería largo, pero habían
razones por las que Reika había decidido parecerse más a su hermano.
–No
regresaste a la casa – Madison la había tomado por sorpresa, ya que apareció
frente a ella sin aviso.
Se
sobresaltó en cuanto vio a su prima aparecer de la nada.
–Deja
esa mala costumbre de sorprenderme así – le dijo al recuperarse de la
sorpresa.
–Pensé
que serías más perceptiva...
–Oye...
tengo que preguntarte algo, Madison.
–Dime.
–Es
que... entre tú y yo... hay que aclarar algunas cosas...
–Eso
era justamente de lo que tenía que hablarte.
–Madison...
Yo...
–Sabes
que te quiero mucho, Reika. Es por eso que tengo que preguntarte si tú eres...
En
ese momento fueron atacadas por bombas de humo. Reika reaccionó instintivamente
y levantó un muro de viento alrededor de las dos. Antes de que el humo se
disipara, algunas cuchillas se dirigieron hacia ellas, pero Madison reaccionó
al instante y sacó una espada corta de su mochila.
Se
vieron acorraladas por dos hombres vestidos de túnicas negras, los cuales eran
quienes lanzaron el ataque. Reika miró asombrada a Madison y también se percató
de la espada corta que traía.
–Qué
suerte que no eres Afrodita... Me estaba asustando – comentó Reika. Sabía
bien que la diosa del Deseo era torpe con armas.
–¿Tú
eres diosa? Con esto ya me respondiste lo que te quería preguntar – también
sonrió.
–¿Te
parece si hablamos mejor cuando terminemos?
–Hecho.
Dicho
esto, las dos se lanzaron al ataque.
*
* *
–¡¿Cómo
que la dejaste ir?! – le regañó Maaya a Kenji, quien estaba secándose el
pelo con una toalla.
–Madison
dijo que quería ver porqué Reika se tardaba tanto – respondió el inocente
muchacho.
Mizuki
se llevó una mano a la frente y Ryo tuvo que hablar.
–Aún
teníamos que revisar si ella era Afrodita.
–Un
momento... ¿Ustedes piensan que Madison es...? – Kenji no resistió más la
broma y rompió en carcajadas.
–¿Cuál
es el chiste? – Reika y Madison llegaron a la casa completamente mojadas.
Los
demás las miraron sorprendidos.
Después
de que las dos se cambiaran y contaran el enfrentamiento que tuvieron a orillas
del río, estaban preguntándose quién habría mandado a los asesinos por
ellas. De paso, Roy había aprovechado para revisar a Madison, cuyo resultado
indicó “Negativo”.
–¿Qué
fue lo que hicieron con los cuerpos de los que las atacaron? – preguntó Ryo.
–Nada...
Después de eso, ardieron en llamas – contestó la americana.
–Y
lo raro es que yo no lo hice... – agregó la diosa cazadora.
–No
creo que Hestia o Hefesto estuvieran ahí con ustedes... – dijo la reencarnación
de Atenea – Quizás fueron enviados por otro dios que se rija por el elemento
del fuego.
–Hay
muchos que pertenecen a esa categoría – continuó Mizuki – Esta pelea será
muy difícil.
Ryo
decidió preguntarle a Madison.
–¿Por
qué te interesaba tanto saber si Reika era Ártemis?
–Principalmente
me habían enviado aquí para que Lina me informara del asunto, pero no sabía
que ella se iba a ir a un seminario en Osaka, por eso vine aquí... No hubiera
imaginado que tú eras lo que andaba buscando y adorando.
La
respuesta de Madison dejó perplejos a los demás.
–¿No
lo sabían? – Madison dijo esto con naturalidad – Reika es uno de mis más
grandes amores.
–No
tenemos nada mas que cariño fraternal, pero de eso no pasa – refutó Reika
– Ya te dije que no soy lesbiana y las dos somos primas.
–¿Por
qué no me lo dijiste, Kenji? – dijo un asombrado Ryo.
–¿Olvidé
mencionarlo?
Todo
tenía lógica. Si Madison era descendiente de amazonas, significaba que debía
apegarse a las leyes de Artemisa Cazadora, las cuales se inclinaban al culto
hacia la mujer.
–No
te preocupes, que aún me gustan los hombres – le dijo la despreocupada
amazona.
–Si
no eres tú, significa que tendré que continuar con la búsqueda – dijo el
profesor.
–Me
pregunto si a Aoshi le estará yendo bien con su cita... – entonces Ryo sintió
que Reika le dio un leve codazo y señaló a una perturbada Maaya – Digo... No
quise decir “cita”... pues...
Maaya
apretó el puño y una sombra cubrió sus ojos.
–Eres...
un... idiota... – masculló entredientes.
Incluso
Mizuki estaba aterrado ante el aura de ira de la pelirroja.
*
* *
No
paró de besarla. Después del desenfrenado encuentro, Aoshi se separó de la
rubia.
–Nada
mal... Aún no perdiste tu toque... – dijo Lena, lamiéndose los labios.
–Quién
diría que te iba a ver de nuevo, Afrodita – sonrió el Dios de la Guerra.
–Tenía
que verte de nuevo... Y el esfuerzo valió la pena.
–Tú
sabías lo que soy... Astuta como siempre. Dime ¿Ya habías manipulado tu
ingreso a la escuela, verdad?
–Sí...
Cuando descubra las identidades de Apolo y Ártemis en esta época, Hera se
pondrá feliz.
«¿Hera?
No me lo imaginaba...» Aoshi
no le pensaba decir sobre Kenji y Reika, pero los recuerdos de todas sus
aventuras con ella lo sacaban de sí mismo.
Lena
volvió a los labios de Aoshi y sonrió.
–Demuéstrame
que los besos no son lo único que no se oxidaron...
Se
dejó llevar por los toques de la Diosa del Deseo, la cual estaba representando
lo que encarnaba.