Decimosexto Acto: Yellow Eyes
–Por favor, Kenji... –
le siguió rogando Reika.
–No.
–Porfis...
–No.
–Please, Kenji-chan...
–Por decirme “-chan”,
te doy el doble de negativas – respondió con una ceja alzada.
–No seas malo, Kenji. Es
tan lindoooo... – le siguió insistiendo su hermana.
Kenji volteó a verla y dejó
lo que estaba cocinando para darle una última mirada al crío. Debía admitir
que no sería tan malo tenerlo en la casa.
–Recuerda que tú y Ryo lo
encontraron, así que ese bebé estará bajo tu responsabilidad y la de él –
le recordó su gemelo.
–Sí, mamá – se
burló Reika.
Madison entró curiosa al oír
las palabras “bebé”, “Reika y Ryo” en el mismo contexto.
–Pícaros... Y la fachada
de mejores amigos no les servirá ésta vez en la paternidad – bromeó la
amazona.
–Ja ja... Muy chistosa.
Pero míralo... ¡Es tan lindo! – la chica de cabello bicolor se lo pasó a su
prima para que lo viera.
–¡Sí! Mira esos
ojitos... Y cómo saca su lengüita – dijo también fascinada.
Kenji aún miraba a las dos
chicas emocionadas frente al crío.
–Tanto por una serpiente
bebé... No imagino cómo estarían reaccionando si hubiera sido un bebé humano
– dijo para sí mismo.
* * *
En la escuela, Reika había
llevado a su nueva mascota en una jaulita de plástico y la estaba mostrando a
Tetsuo y a Aoshi, quienes también parecía gustarles el reptil. La serpiente sólo
se arrastraba alrededor de la pequeña rama en la jaula de plástico. Tenía sus
pequeños ojos amarillos observando a los amigos de su nueva dueña.
–Ryo y yo lo encontramos
ayer cuando el dragón fue a atacarnos – siguió contando la rubia.
–Pues hay que decir que
está cool... Imagínate lo chévere que será cuando llegue a medir un
metro – bromeó Aoshi al recordar un videoclip en el que un cantante usaba una
boa como bufanda.
–¿Ya le pusiste un
nombre? – preguntó Tetsuo a Ryo.
–Dejé que Reika le
escogiera el nombre – respondió el más alto.
–Pues va a llamarse Snape.
Todos los demás la miraron
sin decir una sola palabra.
–¿Y por qué el nombre?
– le preguntó Aoshi.
–Pues porque Severus Snape
es el mejor personaje de Harry Potter – afirmó la muchacha.
–Yo pensaba ponerle
Draco... Pero bueno... – suspiró Ryo.
Madison volteó a ver a
Kenji, el cual seguía serio desde que le había dado el “Sí” a su hermana.
No se veía tan feliz de tener una mascota nueva.
–¿Y a ti qué bicho te
picó? – le dijo su prima.
–Nunca pasan cosas buenas
si mi hermana tiene mascotas.
–Según tengo entendido,
Snape es el primer animal que ha recogido Reika.
–No estoy hablando de
Reika...
–¡Eres malo! ¡No lo tenías
que matar, Apolo! – le reclamó su hermana.
–¡Tu Pitón intentó
comerme! – le reclamó enojado, todavía empapado de la venenosa sangre de la
serpiente de dos cabezas.
–No sabías tratarla bien.
–¡Hera nos lo mandó! ¡Nuestro
tío me lo dijo! ¡Estaría muerto si yo no fuera un dios! ¡Nunca más volveré
a aceptarte otra mascota, Ártemis!
–¡Nunca volveré a
aceptarte otra mascota, Diana! – le reclamó su hermano al llegar a la cabaña
después de haberse quitado de encima al lobo.
–Eres malo, Daniel ¡Nunca
me dejas tener mascotas! – le gritó su melliza.
–No volveré a aceptarte
otra mascota, Lili – le susurró sin tratar de moverse mucho. Cualquier
movimiento podía tentar a la tarántula a morderle en el cuello.
–¿Por qué siempre eres
así, Phili? Es que no sabes tratar a las tarántulas como se debe.
–¡¿Yo?! ¡¿Entonces quién
le dejó la jaula abierta?!
–Ya veo... – dijo
Madison al escuchar todas las anécdotas de vidas pasadas.
–El destino es innegable y
sé que algo va a pasar.
–Kenji. Esa serpiente no
mide más de 30 centímetros y no tiene veneno ¿Qué va a hacerte? ¿Morderte
un dedo y hacer que mueras desangrado?
–No le des ideas –
respondió con sarcasmo al ver a la serpiente verde brillante que reposaba en la
caja transparente de plástico.
Al entrar a la clase, Roy
Flanagan parecía trasnochado. Se sentó tranquilamente en su escritorio y sólo
dijo a la clase:
–Revisen el capítulo 10.
Ese va a entrar en el examen – les dijo al hundir la cabeza entre sus brazos.
Los murmullos comenzaron a
abundar en el salón. En ese momento fueron interrumpidos por otra aclaración
del profesor Flanagan.
–No me he ido de juerga,
como muchos deben estar pensando. Les estoy dando una oportunidad para que
repasen lo que tengan pendiente, así que no la desperdicien – con esto, todos
cogieron sus libros y comenzaron a estudiar. Roy Flanagan sabía imponer orden,
aún dormido.
Kenji supuso que Roy aún
había estado trabajando en encontrar al dios que podría estar en la escuela,
pero aún era muy complicado el hallarlo entre todos los alumnos. Ojalá pudiera
encontrar al posible Dios que se encontraba en la escuela.
Aoshi suspiró aliviado y
volteo a mirar a Lena, la cual se limaba las uñas despreocupadamente. Se
preguntó adónde iba a parar “lo-que-sea” que tenían, como lo
llamaba él. La rusa se percató de la mirada de su compañero de clase y le
saludó con un movimiento de mano y una sonrisa. El castaño conocía esa
sonrisa. No importa en qué cuerpo estuviera, seguía siendo esa misma expresión
aparentemente natural de inocencia llamativa ¿Estaba haciendo bien al no
decirle nada a sus amigos aún?
* * *
Una vez que se acabaron las
clases, Maaya y Mizuki también tuvieron la suerte de recibir la presentación
de Snape, ya que la emocionada Diosa de la Cacería estaba mostrándolo a todos
los amigos.
–No está nada mal –
comentó Maaya al ver a la serpiente en su jaula.
–¿Verdad que es lindísimo?
– dijo una encantada Reika – Ahora está bien quieto, pero ya se va a animar
cuando tenga que alimentarlo en tres horas más.
–Pues es muy raro que haya
aparecido así nomás... – comentó Mizuki.
–Fue como caído del
cielo... Si hubieran visto cuando Snape vino hacia mí y se refugió en mi
chaqueta. Se veía tan lindo enrolladito en mi bolsillo – decía la chica.
–Apuesto a que es la
primera mascota que tienes – dijo la pelirroja.
–Sí que sí... Pero Kenji
no está tan conforme. No sé por qué no le ve lo bonito a cuidar a una
mascota.
–Tú peleabas con osos y
le hacías carrera a los ciervos de tu bosque – murmuró Kenji, quien seguía
de brazos cruzados.
Los otros dos se fijaron en
la actitud indiferente del Dios de la Profecía, el cual parecía tenerle cierto
recelo al reptil.
–Tu hermano está muy raro
– dijo el muchacho blanco.
–Bah... Así se pone... Ya
se le va a pasar – dijo una despreocupada Reika.
–No es nada... – aun así,
Kenji dio media vuelta y siguió murmurando cosas en inglés. Se podía escuchar
que aún andaba de mal humor.
Decidieron restarle
importancia a la reacción de Kenji. Lo raro era que ni Reika sabía nada sobre
el comportamiento de su mellizo, a pesar de que ella fuera la persona que
supiera más cosas sobre él.
* * *
Una vez en casa, Kenji se
fue de frente a su propia alcoba, ante unas sorprendidas Madison y Reika. Kenji
no acostumbraba encerrarse en su habitación, menos aún ponerse en ese plan de
malhumorado.
–En verdad ha estado
comportándose de una manera muy extraña – comentó la rubia, aún
acariciando a su serpiente.
–Creo que debiste pensar
un poco más en la opinión de tu hermano – le dijo la otra muchacha, cambiándose
el uniforme.
–Pero Kenji nunca me ha
negado nada y yo también termino aceptándole muchas cosas. No es razón para
que se comporte tan malcriado.
–Quién sabe... Al fin y
al cabo, tú eres la que debería sentirlo – Madison terminó de colocarse
otro de sus vestidos cortos.
Estaba usando un vestido
corto gris hasta la mitad de los muslos, y una chaqueta negra de tela sintética
la cubría. El único maquillaje que se puso fue un delineador negro que
resaltaba sus ojos verdes y brillo de labios. Su trenza siempre estaba ahí,
cayendo detrás de su espalda. Entonces tomó una mochila y se dispuso a salir
–No me esperen. Sé
cuidarme.
–¿Adónde irá tan
arreglada? Quizás se esté tratando de olvidar de mí y vaya por alguien... –
murmuró para sí misma.
Cuando Reika se quedó sola
en su habitación, pensó lo que le había dicho su prima. Se echó en su cama y
sostuvo a Snape encima suyo. Lo miró largo rato sacando la lengua y le empezó
a hablar, como si le pudiera entender.
–Oye, Snape... No pienses
que es tu culpa. Te apuesto a que Kenji no tiene nada en contra tuya. Es sólo
que hay veces en las que se comporta tan raro que ni yo puedo adivinar lo que le
pasa. Bueno... Sé que las visiones le dan migrañas terribles, pero no ha
tenido una visión últimamente... Pero ni esas migrañas lo ponen de tan mal
humor...
Snape sólo miró fijamente
a su nueva dueña con sus ojos amarillos.
–Está bien... Tal vez
debería tratar de hacer las paces con él antes de que se agrave...
Salió de su cuarto y fue
hacia la puerta de su hermano.
–Kenji... Snape y yo
vinimos a hacerte una visita.
–¡Largo!
–¡Uhmph! – como si su
hermano le hubiera contagiado el mal humor, Reika también se enfadó – ¡Y yo
que venía a hacer las paces contigo sin saber la razón! ¡Los hombres son así
de inmaduros! ¡Creen que tienen derecho a estar enfadados y a nosotras nos
llaman “locas” cuando estamos en los días difíciles!
–¡No quiero que esa cosa
entre contigo a mi cuarto!
–¡No es una cosa! ¡Es
una serpiente y se llama Snape! ¡Si fueras mi hermano, tolerarías todo lo que
amo también!
Al salir, azotó tan fuerte
la puerta que Kenji pudo oírlo a través de la almohada que cubría sus oídos.
Estaba bien que Reika se
retirara, aunque nunca quiso llegar hasta tal punto en la discusión. Aún le
molestaba todo lo que había ocurrido últimamente alrededor de la mascota de su
hermana.
* * *
Por otro lado, Aoshi estaba
en el edificio de la Corporación Hanajima. Sus piernas simplemente lo habían
llevado ahí a penas terminaron las clases. Como ocurrió cuando Katsuya
Takatsuki fue, los empleados, quienes iban en trajes de negocios y muy formales,
se quedaban mirando al muchacho castaño con el uniforme de escuela desarreglado
(zapatillas en lugar de zapatos, camisa fuera y abierta, camiseta negra adentro,
un aro en la oreja izquierda y la guitarra y la mochila en sus hombros) y eso
era algo que realmente desentonaba con el ambiente serio y ordenado.
–Buenas tardes ¿Se
encuentra Goro Hanajima? – preguntó Aoshi a la recepcionista.
–¿Busca al Presidente de
la Corporación? – preguntó la muchacha, acentuando claramente la intención.
El Dios de la Guerra pudo
notar claramente que la chica aguantaba las ganas de burlarse del simple hecho
de que un colegial fuera a hablar con el jefe de la Compañía. Frunció un
visible gesto de inconformidad y volvió a insistir.
–Verá... Él y yo ya nos
conocemos. Tengo que hablar con él.
–Tiene que hacer una cita.
–¿Y a qué horas estará
libre?
–A las 6.00 de la tarde...
– Aoshi pareció sonreír, pero luego la secretaria continuó – Del próximo
mes.
Aoshi estaba tan molesto que
no se contuvo y le arrebató la agenda de las manos.
–¡Oiga! ¡Deme eso! –
le gritó la encargada.
–A ver... ¿Qué es lo que
te mantiene tan ocupado que no puedes atenderme, Goro? – Yamaki volteó cada página
del librito negro y buscó algo que no tuviera que ver con “Reunión de
socios”
Cuando halló lo que quería,
los de seguridad habían llegado, pero Aoshi sólo dejó la agenda en la mesa e
hizo una reverencia.
–Gracias... Ahora que lo
veo no tengo que sacar cita porque ya sé dónde encontrarlo – sonrió y en
seguida despareció velozmente por la puerta, seguido por los guardias, los
cuales también corrieron para atraparlo, pero Aoshi los dejó bien atrás.
* * *
Ya se había puesto a pensar
detalladamente una vez que llegó a casa de Ryo. Kenji parecía tenerle algo de
recelo a su mascota.
–Pues no tengo idea... Se
supone que tú deberías saberlo también... – dijo el chico de lentes, ocupándose
ésta vez él del animal.
–Otro que me dice lo
mismo. Todos concuerdan conmigo en que Snape es lindo... Todos menos él. Anda
enfadado desde que lo traje conmigo – se quejó Reika, aún sentada sobre la
cama de su amigo.
–Como vuelvo a repetir...
No tengo idea de qué le pueda pasar.
Ryo volvió a dejar al
reptil en su jaula de plástico y fue para sentarse junto a su mejor amiga.
–Estoy tan molesta con él
que es difícil que se me pase la cólera.
–¿Ni siquiera con esto?
– Ryo llevó las manos a los hombros de Reika y le comenzó a masajear los
hombros, logrando que ella se relajara gradualmente.
–Bueno... Con eso tal
vez... Más a la derecha.
–Creo que conoces lo
suficiente a Kenji para saber que siempre tiene motivos para lo que te fuere a
decir.
–Tal vez tengas razón...
Es mi hermano, después de todo...
–Y es más fácil que te
ablandes cuando te hago esto.
–Tarado... ¿Cómo puedes
tratar de calmarme cuando ando molesta con...? – Ryo volvió a presionar –
Uuh... eso está muy bien...
No lo notaron, pero Snape
comenzó a tensarse dentro de su jaula y sus ojos amarillos comenzaron a
brillar.
* * *
Reika se había ido a casa
de Ryo hacía una hora. Kenji sabía que no debía comportarse de esa manera,
pero era imposible para él.
–No me sería tan difícil
si Snape no fuera... eso... – Kenji estaba pensando en voz alta en la sala.
Tocaron el timbre de la
puerta y él fue a atender. Últimamente no le sorprendía el que Goro fuera a
verle en el momento menos pensado. Lo que le alegraba de eso, era que “su tío”
siempre se tomara un tiempo para ver cómo se encontraba.
–Pasa... – le dijo
Kenji, aún serio.
–Apuesto a que éste no es
tu día... – le dijo tratando de parecer igual de inexpresivo.
–Cosas por el estilo...
Estoy bien.
–No lo estás.
–¿Y cómo sabes eso?
–Porque estás actuando
como yo.
Un punto a favor de
Hanajima. Tal vez era porque podía hablar más con Poseidón o era porque fue
el único que se atrevió a hablarle estando él de tan mal humor; de cualquier
forma él era quien podía leer en él con claridad, fuera el Presidente de
Corporación Hanajima o el Dios del Mar. Goro pasó y los dos se sentaron en la
mesa de la cocina. Kenji comenzó a preparar el té.
–Es... Esa serpiente...
Reika quiere quedársela.
–Déjame adivinar... Es
otra mascota de Ártemis.
–En parte...
–Aún recuerdo cuando Hera
les mandó a la Pitón. Casi te arranca la cabeza de una mordida.
–Le dije a ella que no se
fiara...
–¿No te has puesto a
pensar que tal vez a ti te atacó primero por eso?
–¿A qué te refieres?
–¿Te has preguntado por
qué todos esos animales te han atacado a ti, en lugar que a ella?
–Pues... Ahora que lo
mencionas... Sí me parece irónico. Yo soy quien se da cuenta de que los
animales que recoge serán amenaza futura, pero cuando ella los encuentra no le
hacen nada.
–Quizás sea trillado
decir que el trato con la naturaleza está en su ser, pero también es la
mentalidad abierta que tiene ante estas criaturas que habitan en sus dominios.
En otras palabras... los animales sienten que estás hostil y te van a responder
de la misma manera.
–Y supongo que tú debes
saberlo de alguna manera.
–Yo necesitaba pensar
igual. En el océano habitan diferentes criaturas y mi interacción con ellas sí
me es necesaria.
Kenji sirvió agua en la
tetera y dejó para que las hojas soltaran la esencia.
–Aún así... Aguantar el
que Reika tenga mascotas no me hará cambiar de opinión sobre ese... reptil...
– aunque fue prácticamente imperceptible, el Dios del Mar notó una leve
mueca de aversión cuando dijo esa última palabra.
–El problema no radica sólo
en el que tu hermana recoja animales... – dedujo – Es algo más...
–¿Algo más? – Kenji
trató de evadir la pregunta, sirviéndole el té – ¿Quisieras galletas?
Puedo hornearlas ahora mismo si gustas...
–Suéltalo ahora, Kenji.
–¡No! – explotó el
rubio, casi dejando caer una bandeja – ¡Sé que te vas a burlar! ¡Si se lo
dijera a los demás, no olvidarían esto y me lo recordarían para burlarse! ¡Fue
algo horrible y espantoso!
–¿Y qué es eso tan
horrible? – insistió igual de frío, sin intimidarse ante los gritos del
joven.
El rubor de las mejillas de
Kenji no desapareció, pero al parecer sí se le había ido la exaltación.
Cuando Poseidón miraba de esa manera, Apolo nunca podía ocultarle nada. Eso
siempre era así desde que el Dios Profeta tenía memoria.
En ese momento tocaron la
puerta con impaciencia. Kenji tuvo que interrumpir lo que iba a contarle a Goro
para atender.
–Aoshi... ¿Qué te trae
por aquí?
–¿Dónde está? –
Yamaki entró al departamento y buscó al visitante – Ahí estás.
–¿Para qué quieres
verme? – preguntó fríamente el ejecutivo.
–Ésta vez tengo que
decirte algo... Y creo que va a interesarte bastante.
–¿Y qué sería ese
“algo”?
–Pues no te imaginas de qué
se trata. Más que nada es sobre...
Ésta vez Aoshi fue el que
interrumpió lo que iba a decir, ya que Kenji soltó un quejido de dolor muy
fuerte al sentir una punzada en la cabeza, seguido por un desmayo.
* * *
–Ya entendí... Lo llevo a
esta dirección y luego te compro tus cosas – Sakura hizo una mueca al ver la
lista que le estaba dando su padre, quien la miraba con una sonrisa infantil.
–Sí, sí. Y te tiene que
quedar vuelto. Recuerda que la tienda cierra a las 8 – le recordó aún
sonriente.
–Ya voy, papá. A veces te
pones tan ridículo...
–Es un favor que me haces
cada...
–Cada semana, papá – la
muchacha sacó su bicicleta – Terminaré la entrega y te traigo tus galletas
de arroz.
Cuando Sakura salió del
garaje, su padre se asomó y le gritó animadamente:
–Recuerda que las mejores
son las de pescado con algas. Esas son las que me hacen ronronear como un gatito
satisfecho, cariño.
En ese momento, Sakura
deseaba hundirse con su bicicleta en cualquier zanja cuando notó que los
vecinos se asomaban por el escándalo.
–¿Lo estará haciendo a
propósito? Papá puede ser tan ridículo a veces... – murmuró consternada.
Terminó de entregar el
trabajo que le mandó su padre, pero cuando iba a ir al mercado, se detuvo al
distinguir a Aoshi y a Goro llevando a Kenji hasta el auto de Hanajima, quien aún
se veía muy adolorido.
–Ese es... – entonces
pudo cerciorarse que realmente era él – ¡Senpai!
Dejó caer su bicicleta y
fue corriendo hacia él.
* * *
–Está por pasar algo más...
– dijo Lena en idioma griego. Estaba hablando por el teléfono – Aja... No
te preocupes por eso que ya lo tengo todo bajo control. Aún no tienen idea de
que sé todo al respecto y ya estoy completamente informada... Sólo me falta
saber quiénes son, así que ten paciencia. No es algo que pueda resolver de la
noche a la mañana, no soy dios... tal vez lo era, pero sabes a lo que me
refiero... No te preocupes... Sólo le haré uno de esos tantos cariños que le
gusta que le haga y listo... Creo que él sabe y aún no me lo dice, pero debo
ir lento o va a sospechar – escuchó otro rato – Confía en mí. Ya vas a
enterarte cuando llames de nuevo. Ya, adiós...
Cuando colgó, la chica rusa
se volvió a recostar en el sofá y sonrió con el cojín entre los brazos.
–¿Dónde estará Ares en
estos momentos? A la hora que lo necesito... – tiró el cojín al aire y lo
volvió a atrapar – Mañana conseguiré alguito más...
* * *
Reika y Ryo se quedaron
estupefactos cuando el reptil comenzó a verse más agresiva dentro de su jaula
de plástico.
–¿Qué le ocurre? –
preguntó Ryo, empezando a ponerse más nervioso.
–No estoy segura...
Antes de poder escoger
alguna solución correcta, la serpiente saltó hacia la pared transparente de la
caja y logró que cayera al suelo, abriéndose la tapa y logrando escapar.
Los dos jóvenes quedaron
inmóviles, con la serpiente mirándolos frente a frente. Sabían que esa
especie no era venenosa, pero la mordida y el estrangulamiento de éstas era muy
fuerte.
–¿Qué vamos a hacer
ahora, Ryo? – preguntó Reika, todavía inmóvil.
–¿Me lo preguntas a mí?
Es tu mascota...
–Tenemos de ver alguna
manera de calmarla y meterla a la caja nuevamente...
–Claro... Tratas de no
hacerle daño y ahora parece que quiere matarnos.
–Ryo... Snape no sería
capaz...
–Quizás Kenji tenía razón
sobre...
–No empieces con eso, Ryo.
Snape no haría...
Reika volteó hacia delante
cuando la serpiente se lanzó hacia ella dispuesto a morderla en el cuello. Cerró
los ojos fuertemente , pero no ocurrió nada. Cuando los abrió lentamente,
Kenji la estaba agarrando con un gesto de asco.
–No la estoy tocando... No
la estoy tocando... – se repetía una y otra vez.
–¡Kenji! ¡Viniste! –
dijo una emocionada Reika al haber sido rescatada por su hermano.
–¿Cómo entraste? –
preguntó Ryo.
–¿Pues por dónde más?
– le respondió Aoshi, quien trepaba por la ventana de la habitación de Ryo.
Kenji aún continuaba parado
y agarrando a la serpiente por el cuello, repitiendo un “No la estoy
tocando” como si fuera un mantra. Los demás veían extrañados esa actitud
del muchacho, hasta que Reika dijo:
–Ahora ponla en la jaula,
Kenji.
–¿Estás loca? Hay que
deshacernos de esta cosa – tal como se podía notar, Kenji estaba dispuesto a
apretar la mano con la que agarraba a la serpiente.
–Uno: no es “cosa”; es
una serpiente. Dos: No pienso matar a mi Snape, Kenji.
–Intentó morderte el
cuello y quién sabe qué hubiera pasado si no hubiese llegado a tiempo.
–Eso no significa que
debas matarlo – le gritó enojada, a punto de llorar.
–Sé qué es lo mejor para
ti, Reika. Ahora voy a...
–¡No lo harás!
Cuando Kenji lo iba a hacer,
Reika corrió hacia él y le hizo soltar la mano de un golpe. La serpiente fue
hacia arriba y cayó en el suelo nuevamente. Miró a todos los de la habitación
y se arrastró rápidamente hacia Reika, la cual miraba sin poder reaccionar.
Para sorpresa de todos,
Snape trepó hasta el cuello de Reika, pero no la mordió; mas bien metió la
cabeza entre el cabello de su dueña y sacó con la boca un pequeño botón rojo
del tamaño de un escarabajo. Tiró el pequeño objeto al suelo e hizo un sonido
amenazante mirándolo con los ojos amarillos brillando.
–No puedo creer que se
fuera hacia a ti para quitarte esto... – dijo por fin Ryo.
–Lo más importante... ¿Qué
es esto? – cuando Aoshi se agachó para cogerlo, pero éste cambió el color a
negro, quedando como una piedra común y corriente.
Reika recogió a su mascota
del suelo y éste la miró sacando la lengua.
–¿Estabas presintiendo
esto, verdad? Pensé que querías... – sonrió y lo colocó sobre sus hombros
– Ya no importa.
–Y yo estaba a punto de...
– Kenji se sintió apenado al recordar lo que casi hacía.
–Le vas a tener que pedir
disculpas – Reika le acercó la serpiente en frente de su hermano, pero éste
se alejó con gesto de miedo.
–¿Qué te sucede ahora?
– preguntó Aoshi.
–Parece que tiene algún
tipo de repulsión hacia Snape – comentó Ryo.
–¿D-de qué hablan...?
N-no digan... tonterías – Kenji aún estaba arisco.
Los tres se miraron entre sí
y simultáneamente dirigieron una mirada acusadora. Aoshi y Ryo cogieron a Kenji
por los brazos y Reika le fue acercando a Snape.
–Empieza a hablar,
hermanito – le dijo su gemela.
–¡Está bien! ¡Pero
aleja a ese animal de mí!
Un momento después, los
tres muchachos estaban riéndose de él a grandes carcajadas, mientras el último
miraba disgustado al suelo con un sonrojo muy notorio.
–No puedo creer que te
haya pasado algo así – dijo Aoshi, secándose una lágrima de la risa.
–Por eso no les quería
contar...
–Pues no todos nos
quedamos encerrados en el laboratorio de biología – dijo una divertida Reika.
Para Kenji había sido muy
desagradable ese momento. A los nueve años había ido con un profesor a la zona
de laboratorios de la escuela para que le ayudara en un informe sobre reptiles.
Mientras el profesor había ido a buscar los libros, Kenji vio abierta la puerta
de un laboratorio nuevo, así que se metió a ver. Todo estaba aún a oscuras,
recibiendo la tenue luz desde la puerta y sólo se veían los estantes cubiertos
por una tela negra. Entonces la puerta se cerró de un portazo y Kenji se llevó
un gran susto. Apoyó la mano sobre una superficie algo áspera, y por la
textura pudo suponer que era el asa de una maleta de cuero. Encontró una pequeña
lámpara y la encendió. Grande fue su sorpresa al descubrir que lo que estuvo
tocando no era parte de algún maletín, sino una serpiente disecada con largos
colmillos y en posición de ataque. Se alejó aterrado y chocó de espaldas
contra el estante, entonces se cayó la gran tela que cubría el mueble y gritó
al ver lo que había ahí: frascos de vidrio con líquido que conservaban
diferentes especies de serpientes disecadas.
–Si te ayuda a calmarte,
dejaré que se quede aquí para que no tengas que verlo – le dijo Ryo, refiriéndose
a Snape.
–Sería lo mejor... – se
limitó a responder.
–Entonces acarícialo para
despedirte – bromeó Reika acercándole a su mascota.
–¡Aleja esa cosa de mí!
– gritó con el rostro azul por el miedo.
* * *
Sakura estaba en el auto de
Goro Hanajima, el cual se había ofrecido a llevar a la chica hasta su casa, y
de pasada poder hablar con su padre.
–Espero que Kenji-senpai
esté mejor... ¿Qué fue lo que le ocurrió?
–Otra visión.
–¿Visión? ¿Fue por
Reika-senpai?
–Eso y puedo suponer que
algo más que no quiso contarme – comentó al recordar cómo Kenji había
despertado sobresaltado horas atrás.
No sólo le preocupaba lo
que pudiera haber visto Kenji, sino lo que le dijo Aoshi mientras la reencarnación
de Apolo aún seguía desmayado.
Llegaron a la casa de los
Takatsuki y Katsuya se sorprendió al ver a Hanajima en su casa.
–Parece que se nos acorta
el tiempo – se limitó a decir Poseidón.
–Ya veo. Entremos y cuéntamelo
todo – entonces Katsuya recordó algo – Sakura ¿Trajiste las galletas?