Vigésimo
Acto:
Tiempo a Solas
Un
bar oscuro en algún lugar de Grecia, donde se solían reunir marineros,
cazadores y comerciantes del puerto. Entre todos los clientes, había una mujer
de ropa corta y de apariencia guerrera. Se le veía joven, no más de 30 años,
cabello castaño con rubio corto con un flequillo que iba hacia la izquierda de
su frente. Ella se encontraba bebiendo en una mesa, sin alguna compañía, y por
lo visto estaba ebria.
–No
creo que te alcance para pedir otra jarra – le dijo un individuo al acercarse
a ella.
Ella
volteó a verle: Alto, de ojos verdes brillantes y la cabeza cubierta con una
capa y capucha marrón.
–¿Eso
importa? Sólo tengo que robarle a alguien más y me alcanzará para otra ronda.
–Te
debe ser molesto el no poder trabajar al ser perseguida en toda Atenas.
–¿Qué
sabes tú de mí?
–Sólo
sé que eres la mejor mercenaria que se puede encontrar en el planeta, Antíope
– le sonrió el hombre.
–Sabes
mi nombre... Eso es novedad... Normalmente me conocen como...
–La
“Arpía Segadora”, La “Ninfa Sanguinaria”, “Musa de la Muerte” –
enumeró el extraño – Te estuve investigando antes de seguir mi instinto de
contratarte a ciegas. Y te han puesto muchos sobrenombres halagadores.
Pareció
salir de su estado de ebriedad al asimilar las últimas frases del que parecía
ser su primer cliente en tres meses.
–¿Qué
quieres que haga?
–Un
viaje a Japón. Ahí necesito que sigas a alguien.
–¿Japón?
No sé hablar el idioma de allá... Y nunca antes he hecho trabajos fuera de
Grecia ¿Acaso piensas pagarme el pasaje?
–Me
ofendería si lo pagaras tú.
–Aún
debo pensarlo...
En
ese momento entraron policías al bar y se dirigieron a la mesa de Antíope
amenazando con armas. Sin embargo, ella y su acompañante siguieron tranquilos.
–Antíope
Avalon. Se te arrestará bajo los cargos de...
–Asesinato
de segundo grado, robo y violencia contra el civil... Además de ser mercenaria
sin registrar... – interrumpió Antíope – Ya me aprendí eso de memoria
tantas veces...
–Entonces
deberás seguirnos.
–Lo
siento. Acabo de aceptar un trabajo – de inmediato, Antíope cogió al hombre
del brazo y se lo llevó.
Se
le trató de bloquear el paso, pero la mercenaria sacó una daga que estaba
sujeta a su espalda.
Después
de una lucha por salir del bar y llegar a lo que parecía ser el barco del nuevo
cliente de Antíope, los dos tomaron un respiro. Ella le vio quitarse la capa,
dejando ver el cabello negro corto y una cicatriz que atravesaba su ceja
izquierda. También podía decirse que tenía algunos rasgos orientales. Era un
hombre de mediana edad, de unos 40 años, pero en apariencia más joven.
–Supongo
que el estar aquí ya anuncia este como mi primer día de trabajo – dijo la
guerrera – ¿Y cómo debo llamarte?
–Llámame
Minos – le dijo el hombre.
*
* *
En
la escuela Hokubei, Roy Flanagan se encontraba repartiendo los trabajos de
composición de los alumnos de su clase de 2do de Preparatoria. Kenji y Reika
habían obtenido un 87, mientras que Ryo tenía otro 100 de calificación.
Flanagan iba a entregar el trabajo de Lena, pero ella no había asistido a esa
clase.
–Estás
mejorando tu redacción, Akiyama – le dijo Flanagan a Tetsuo al devolverle el
ensayo.
–Supongo
que esa mejora merecía un 65... – murmuró para sí mismo mientras hacía una
mueca.
–Madison,
espero que tu trabajo sea mejor para la siguiente ocasión – le dijo el
profesor.
Kenji
y Reika se percataron del desánimo de su prima al recibir las notas. Podían
darse una idea de qué la tenía así, ya que estuvo mal desde la noche de
Halloween. Sobre ese día, aún desconocían del paradero de Francis, pero no
había manera de averiguarlo.
–Yamaki.
Te veré después de clases – dijo Roy al entregarle su desaprobado.
Cuando
Roy fue a entregar la asignación a otro pupitre, Reika le tiró un borrador en
la cabeza a Aoshi y le miró severamente.
–¿Qué
pasó contigo? Tú eres bueno en letras – le regañó Reika.
–Ésta
vez no tuve tiempo... Fue un lapsus el que se me olvidara esa tonta tarea. No
todos los días hay un ladrón que mueve la tierra – le respondió susurrando,
pero ésta vez le cayó una botella de plástico de la cabeza. Quien se la
tiraba ésta vez era Kenji, igual de molesto que su hermana – ¡Auch! ¿Ahora
tú, Kenji?
–Cállate
– Kenji señaló con la mirada a Madison, la cual tenía su mirada vacía en
su tarea.
Aoshi
asintió apenado, ya que comprendía cómo debía sentirse la amazona después
de todo lo ocurrido. Se habían enterado de que ella estuvo amistando muy íntimamente
con Francis desde que se conocieron y el enterarse que, dado el momento, Francis
también asesinaría a Kenji y Reika.
–Hablando
de “eso” ¿Flanagan sabe? – preguntó Yamaki.
–Obvio
que sabe. Lo del Devil’s Nest salió en las noticias, y antes de eso ya tuvo
un encuentro con él cuando se encontró con Yamato – le respondió Reika.
–Ahora
trata de mantener la calma, pero le es difícil mencionarnos algo a nosotros...
– comentó Kenji – Aún piensa que aunque nosotros seamos los dioses que él
y Misty-san deben proteger, todavía somos demasiado jóvenes para tener
problemas... Y estoy de acuerdo con él.
–Oh,
claro. Estás de acuerdo de que nos considere incapaces de hacer algo – dijo
Aoshi con mucha ironía.
–No
malentiendas – le respondió un molesto Kenji – Se preocupan por nosotros.
–¿Por
nosotros o por los dioses que fuimos?
Ante
esto, los tres cayeron en el abismo del silencio.
*
* *
A
la hora de la salida, cada cual tenía cosas que hacer: Ryo debía ir a su casa
para recibir la llamada semanal de sus padres, Aoshi tenía la charla con
Flanagan sobre sus notas, Tetsuo debía cocinar la comida de su abuelo, Madison
estaba tan triste que sólo volvía a la casa, a la vez que Mizuki tenía revisión
con Misty, y Maaya tenía entrenamiento de basketball, lo cual dejaba a Kenji y
Reika solos para después de los entrenamientos del club de arco.
Después
de las prácticas en el campo de la escuela, los dos hermanos caminaron por la
ruta habitual hasta la casa, cerca al río y por la ladera de césped. El cielo
estaba anaranjado, ya que pronto anochecería. A esa hora, el vecindario estaba
vacío, por lo que ellos eran los únicos caminando pro ahí.
–Estoy
mejorando. Incluso te estoy ga-nan-do – declaró la orgullosa muchacha frente
a su gemelo.
–Sólo
tuviste suerte – sonrió el otro.
–Admítelo...
Estás oxidándote – Reika se colgó de los hombros de Kenji y caminaron así
riéndose.
–Vas
a ver que mañana te llevaré por 15 puntos de ventaja.
–Ahora
sí voy en serio – Reika cambió radicalmente de actitud y ambos se detuvieron
con semblante serio.
–¿Es
con respecto a la rara tranquilidad que hemos tenido por un mes y que de repente
estallara algo en Halloween?
–Eso
mismo. Nos han pasado varias cosas. A ninguna le hemos hallado la respuesta...
Incluyendo el mismo hecho de que Flanagan-sensei aún no ha encontrado al
supuesto dios en la escuela...
–Reika...
He querido decirte algo desde hace tiempo... Es desde que recogiste a Snape...
– le dijo Kenji.
–¿Qué
pasa, Ken?
–Cuando
tuve la visión de que iba a pasar el incidente con tu mascota... También tuve
otra visión que me dejó inconsciente más de lo habitual... – Kenji dio un
respiro antes de continuar – Incluso he soñado varias veces con esa visión.
No se lo he dicho a nadie, ni a Ryo, ni a Goro... Y eso... incluye a Aoshi...
Reika
pareció temblar al suponer cuál sería el final de lo que le diría su
hermano, pero albergó la esperanza de que estuviera equivocándose, por lo que
prefirió que Kenji terminara de contarle.
–Recientemente
Aoshi nos ha desviado los temas cuando hablamos sobre cómo va el trabajo de
Flanagan-sensei con la señorita Misty y Lina. A veces se desaparece de su casa
en las noches, como si fuera a lugares a los que no nos dice... Comienzo a
preocuparme por esos cambios repentinos... – cuando por fin paró, Kenji tomó
nuevamente más aire y continuó – Reika... Aoshi volverá a matarme... No sé
si contra su voluntad o no, pero lo hará...
–Kenji.
Estamos hablando de Aoshi... Quizás el Ares que está dentro de él, pero
conocemos a Aoshi Yamaki. Es uno de nuestros mejores amigos... Él no lo haría...
– aun así, Reika tampoco podía estar tan convencida de lo que ella misma decía.
–Olvida
que te lo dije... Quizás fue un error... – trató de negar Kenji al ver a su
hermana queriendo llorar – Sólo te dije lo que vi. Tal vez lo confundí con
una escena del pasado... Mi cicatriz debe significar algo.
Reika
se preguntó de qué cicatriz estaba hablando Kenji. No era posible que Kenji se
hubiera herido de tal gravedad sin que ella lo supiera, a menos que se estuviera
refiriendo a otro momento de su vida o de la anterior.
–Enséñamela...
¿Por qué nunca supe de eso? ¿Cuándo te la hiciste?
–No
me herí... Apareció una mañana... – Kenji se levantó la camisa y le enseñó
una cicatriz en el estómago, como si hubiera sido apuñalado años atrás –
Creo que la recuerdas...
–Sí...
sé de dónde viene – dijo ésta vez más incómoda al recordar el motivo de
aquella marca grabada en el abdomen de su hermano – Eso no significa que
vuelva a pasar... Quizás fue una repercusión o una huella del pasado...
–¿Hasta
ahora no se te hace raro que Maaya o Aoshi hayan desarrollado sus habilidades
especiales? Por lo menos debieron haber manifestado lo que pueden hacer en algún
momento...
–Ahora
que lo mencionas... Hasta ahora no sabemos qué habilidad tiene Aoshi...
No
era descabellado suponer que la cicatriz de Kenji estaba relacionada con Ares,
después de todo esa herida había sido producida por primera vez por su daga.
–Kenji...
Mejor regresamos ya a casa. Tal vez Madison ya tenga hambre – dijo Reika.
–Tienes
razón... Alguien podría escucharnos también, Reika.
–No
hay nadie que nos pueda escuchar, Ken.
–Tienes
razón. Disculpa... Ando algo paranoico – Kenji sonrió nuevamente y abrazó a
su hermana – No debería preocuparte por mis visiones... Me estoy dando cuenta
de que no todas son precisas.
–¿Tienes
prueba de que ninguna ha acertado? – le preguntó Reika.
–Bien.
Esto sí es tonto... Vi de que Lena agarraba con Aoshi.
–¿Y?
Cómo sabes que eso es cierto o no.
–Aoshi
nos lo diría si fuera así ¿Recuerdas lo que pasó con Mika? Lo supimos a los
tres minutos después de que pasó. También lo de Sara, lo de Rita...
–Ya.
Ya entendí... ¿Pero con la rusa? No sé. Te digo la verdad... No me da buena
espina esa rubia.
–A
mí tampoco... pero se va a quedar el resto del año, así que mejor la
sobrellevamos.
Realmente
no creían que Aoshi pudiera estar saliendo con Lena ¿O sí?
–Y
si no me crees, te tengo otra... Sé que sólo fue un sueño, pero realmente me
hubiera gustado que fuera una premonición... Soñé que...
Reika
iba a avanzar hacia el puente, pero Kenji se detuvo en seco y bloqueó el paso
para que su hermana no siguiera adelante. Después de una total confusión en
Reika, el puente se desplomó y los dos terminaron cayendo sentados por la
impresión.
–¿Qué...?
– Reika trataba de decir algo, pero se le había quedado todo en la garganta.
–El
puente no tiene más de 5 años... No pudo durar tan poco... – Kenji entonces
divisó un pequeño brillo en la base del puente, lo cual era rastro de un metal
clavado en los cimientos.
Kenji
se levantó y le dio la mano a Reika para ayudarla a ponerse en pie. Ambos aún
seguían en asombro al no poder asimilar bien lo que casi habría ocurrido si
hubieran pasado por el puente en ese momento. Una vez más le tenían que dar crédito
a las premoniciones de Apolo.
Cuando
Kenji parpadeó, ya tenía a dos centímetros de sus ojos una lanza dirigida
hacia él y Reika sujetándola a mano limpia. Claramente ella había evitado que
le pasara algo a su hermano.
–Eso
estuvo cerca – suspiró Kenji.
–Hace
un momento tú, ahora mis reflejos – Reika tiró la lanza a un lado.
Por
primera vez estaban recibiendo otro ataque misterioso. El dragón durante el
aniversario de sus padres también había sido anónimo, aunque también era
posible que fueran enemigos diferentes con el mismo objetivo.
–En
cuanto antes regresemos a casa, será aún mejor – dijo Kenji.
–Concuerdo
contigo.
Los
vecinos del área comenzaron a asomarse por el ruido del puente. No pudieron
irse a su casa, ya que los policías comenzaron a llegar, seguidos de cerca por
los medios. Y era cierto: no se irían hasta que Kenji y Reika respondieran
preguntas sobre el puente.
Desde
lejos, hubieron dos personas que observaban el nuevo escándalo que habían
propiciado.
*
* *
Esa
noche, Kenji y Reika tuvieron que interrumpir varias veces la tarea, ya que
todos sus amigos llamaron para ver si estaban bien ¿Cómo se enteraron todos
del incidente del puente? Parecía que los rumores y las noticias eran atendidas
por todos en Tokio.
Hubieron
llamadas de todos: Ryo, Maaya, Mizuki, Lina, Yamato, Aoshi, Tetsuo, e incluso
Hanajima había llamado para preguntar cómo se encontraban. Incluso ya estaban
hartos de tanta atención. Hasta Madison pareció salir de su depresión para
preocuparse por sus primos.
–Espero
que nadie se haya fijado que faltaba esto – comentó Reika al mostrarles la
lanza.
–La
pregunta es quién se molestaría en enviarles esto – comentó Madison.
–Gran
interrogante – murmuró Kenji.
–Oye,
Reika. Pásamela un rato. Al menos quiero ver qué tan bueno es el filo – le
dijo Madison.
–Le
tomas cariño a esa cosa a pesar de que estuvo a punto de clavarse en mi frente
– comentó su primo sarcásticamente.
–Sabes
que me derrito por las armas blancas, Kenji – dijo la amazona – Desde esas
katanas del señor Takatsuki no he visto espadas tan buenas, pero ninguna
superaría a mi espada favorita – dijo animadamente.
Kenji
y Reika decidieron seguirle la corriente, ya que al parecer Madison se había
olvidado de su depresión. Vieron como su prima examinaba cada detalle de esa
lanza. Madera finamente lijada de caoba, hoja de hierro de gran agudeza. Cuando
Madison le dio vuelta a la hoja, su expresión cambió a asombro y pronto se
palideció ligeramente.
–¿Madison?
¿Te pasa algo? – preguntó Reika.
–Pues...
Qué... buen... acabado... – trató de decir Madison, fingiendo emoción –
La hoja es bellísima. Del mismo tipo de forjadura de mi espada.
–Un
momento – interrumpió Kenji – ¿Tú sabes de quién es eso?
Madison
fijo sus ojos verdes en los de sus primos, los cuales ya presentían el porqué
del nerviosismo de la chica.
–Realmente
no estoy segura para darte una respuesta concreta.
Los
tres guardaron silencio.
–Genial.
No se puede caminar tranquilo sin que alguien trate de matarnos cada mes –
exclamó una enojada Reika.
–Pero
a fin de cuentas no podemos hacer nada – dijo Kenji, igual de molesto – Sólo
se va a detener todo esto una vez que los dos aparezcamos muertos para el mundo.
–Muchachos,
tampoco lo tomen así – trató de calmarlos Madison.
–¿Qué
vas a saber tú sobre ser acechado? – le gritó su prima.
Madison
se quedó estática al escuchar esa respuesta de su prima, mientras que Reika
estaba ardida. Kenji sólo podía quedarse en el medio y esperar alguna reacción
violenta de alguna de las dos. Mientras las chicas continuaban discutiendo,
Kenji arrancó una pequeña tira de papel y escribió rápidamente.
–Bien
si no lo sé. Al menos yo no tengo que morir cada 30 años. Y si me pasara algo
así, no me desquitaría con cualquiera que trata de ayudarte – respondió
Madison enojada.
–¿Piensas
que me estoy desquitando contigo? Últimamente pareciera que nada de lo que nos
pasa te importa desde hace días. Necesariamente tuvimos que ser atacados para
captar tu atención. Eso es lo que pasa.
–Tengo
mis propios problemas. No sabrías lo que es que te muestren el que alguien te
decepcione al tratar de matarlos a ustedes.
–¡Conoces
menos de dos meses a ese chico! – le gritó Reika – ¡¿Lo consideras tan
importante en tan poco tiempo para deprimirte de esa forma?!
Kenji
sólo observó atónito la escena ahora en completo mutis. Reika seguía enojada
y respiraba agitadamente. Él tomó de la mano a Madison para que se calmara.
Ella se fijó en la mano de su primo y dejó que se la tomara para luego
soltarlo. Madison no supo cómo contestar, pero aún seguía enfadada. Se levantó
de su sitio y entró al cuarto de Reika. Sacó su maletín y se marchó del
departamento, tirando ruidosamente la puerta.
–Reika...
–No
me digas que la siga porque no lo haré. Si está enojada conmigo sin razón,
entonces que se le pase sin razón.
–No,
eso no... Te quería decir que tú deberías ser la que enfriara un poco la
cabeza. El agua del baño está lista – dicho esto, Kenji también se levantó
de la alfombra y se fue a su habitación.
Hizo
caso a su hermano y fue a darse un baño. Tal como había dicho Kenji, en ese
lapso de tiempo ella se calmó y se dio cuenta que estuvo demasiado susceptible.
Reika suspiró y por un momento se preocupó de en dónde dormiría su prima.
Tal vez iría al departamento de Lina y Misty. Fue donde el teléfono y marcó
el número de su otra prima.
–¿Diga?
– contestó Lina por la línea.
–Habla
Reika ¿Madison llegó?
–Sí,
pero no se va a quedar a dormir aquí. Ya me contó lo que pasó entre las dos.
–Mira...
Me preocupé. Sólo quería saber si está bien ¿Te dijo al menos en dónde
dormiría?
–Madison
me pidió que no te lo dijera. Y creo que es lo mejor. El lunes la podrías ver
de nuevo en la escuela, así que el fin de semana serviría para que las dos se
calmen y vuelvan a amistarse.
–Gracias,
Lina.
–A
propósito, antes de que cuelgues...
–¿Qué
pasa?
–Sería
mejor que se cuidaran. No tengo buen presentimiento de lo que está pasando últimamente.
Si es posible, traten de no salir ni mañana sábado ni el domingo.
–Bien,
bien – le dijo para tratar de tranquilizarla, pero Reika sabía que muchas
veces Lina era muy paranoica, especialmente desde que compartía el control de
su cuerpo con la depresiva Perséfone.
Lina
colgó el teléfono y frunció el ceño.
–No
me va a hacer caso – murmuró.
–Ya
sabes cómo son a esa edad – sonrió Misty, aún tomando su té a la mesa.
–No
sólo por eso. Porque Reika es una testaruda.
–¿Cosa
de familia? – comentó alegremente, cosa que hizo a Lina alzar una ceja.
–Obviaré
eso...
Misty
le tomó otro sorbo a su taza y Lina jugó con un mechón de sus cabellos
cenizos.
–¿Crees
que le debiéramos decir a Reika dónde está Madison? – preguntó la elfa.
–No.
Si Madison la ve, sabrá que nosotros se lo dijimos.
–Mejor
mantenerse al margen, supongo.
*
* *
–Hija,
ve a abrir la puerta – gritó su papá desde la cochera, aún ocupado en una
carroza.
–Ya
voy, ya voy – dijo la niña.
Cuando
Sakura fue a atender la puerta, se sorprendió al ver ahí a Madison, prima de
su Kenji-senpai. Nunca había interactuado mucho con ella, por lo que se extrañó
al verla.
–Madison-sen...
– Sakura iba a pronunciar su nombre y el sufijo “senpai”, como
acostumbraba hacer con todos los de grados superiores, pero Madison la
interrumpió antes de que terminara.
–A
ver... Realmente quisiera empezar con algo antes de saludarnos. Como yo no soy
nativa de este país, me gustaría que no me llamaras “senpai” como con mis
primos y sus amigos. Hola, Sakura – dijo alegremente.
–Buenas
noches, Madison... ¿Por qué viniste a mi casa a esta hora?
–Sabes...
quisiera pedirte dos favores... ¿Te puedo explicar adentro todo el asunto?
Comienza a hacer frío.
Sakura
asintió y dejó pasar a la amazona a su casa. Las dos fueron a la mesa de la
cocina para que Sakura pudiera preparar café (y de pasada enviarle una taza a
su papá en el taller) Mientras Sakura ponía los granos de café en la
cafetera, Madison esperaba sentada a la mesa. Era la primera vez que entraba a
la casa de los Takatsuki, ya que estaba completamente fascinada por la cantidad
de espadas y armas que forjaba el padre de Sakura. Muchas de ellas eran
imitaciones exactas de antigüedades bélicas, pero habían algunas invenciones
del mismo Katsuya Takatsuki.
–Tu
papá es muy bueno con el metal – comentó Madison, encantada al ver tantas
armas de filo.
–Es
fanático de lo que son guerras... Creo que lo lleva en la sangre, con obvias
razones – respondió ella indiferentemente. Ya se había acostumbrado a la
idea de que su papá era algún tipo de dios.
–Sí...
Sé a lo que te refieres. Mi papá también lo es. Él fue el que me infundió
el gusto por las espadas, aunque él siempre dice que más fue del lado de mi
madre... Es algo que no me cabe. Prefiero pensar que sólo nací de mi padre –
comentó la muchacha, incómoda al haber mencionado a su madre.
Sakura
notó esa pequeña alteración. Mientras esperaba a que estuviera terminado el
filtro, fue preparando las tazas.
–¿También
te llevas mal con ella? – le preguntó la menor.
–De
hecho, no la recuerdo. No ha muerto, si piensas eso. Para mí nunca existió.
Ella era una amazona que salió de Grecia. A penas me tuvo, me dejó con mi papá
y no he sabido nada más – contó ella – Pero dijiste “también” ¿El
asunto con tu madre es contable? Lo pregunto en caso de que quieras decírmelo.
–Sí
la conocí. Pero nunca me he llevado bien con ella a raíz del divorcio de mis
padres. Papá quedó muy herido y me dio la espalda a penas dije que quería
vivir con él – la chica miró las gotas negras pasar por el filtro de la
cafetera – Si me dijeran para escoger de nuevo, eligiría de nuevo quedarme
aquí con mi papá. Me necesita más de lo que yo podría depender de él.
–Me
imagino cómo debe ser... No todas las madres son perfectas. Después de todo...
¿Qué persona lo sería? Incluso pienso que yo sería una madre terrible.
Cuando
el café estuvo listo, Sakura llevó dos de las tres tazas que sirvió a la
mesa. Madison comenzó a darle pequeños sorbos, cuidando de no quemarse con el
líquido hirviendo.
–Me
ibas a decir antes de eso el motivo por el que viniste, Madison. Digo... No es
que te esté echando ni nada por el estilo... Al contrario, pocos me vienen a
visitar y...
–No
hay problema, Sakura – sonrió Madison – Ahí viene el primer favor que
quisiera pedirte ¿Puedo quedarme aquí el fin de semana? Me peleé con Reika y
realmente no quisiera compartir el cuarto con ella por dos días... No seré
ninguna carga, incluso puedo ayudar. Si quieres busco otro lugar luego del fin
de semana.
–No
es molestia. Puedes quedarte hasta que las dos se arreglen... Una pregunta, si
no ofende...
–Adelante.
Pregunta.
–¿Por
qué yo entre todos? Según sé, eres más cercana de Akiyama-senpai o de
Tenryo-senpai... O incluso pudo ir donde su otra prima, Lina-san.
–Sabía
que me ibas a preguntar eso. No tengo dinero para un hotel y Reika sabría que
me iría a donde alguno de ellos, así que preferí ir al lugar donde ella no
imaginaría. Además, Kenji confía mucho en ti.
Al
escuchar el nombre de su amor platónico, Sakura enrojeció hasta las orejas.
–¿Q-qué
tiene que ver Kenji-senpai?
–Mucho
– sacó de su bolsillo el papelito que le diera Kenji disimuladamente antes de
irse – Mira esto.
Sakura
desdobló la pequeña tira y vio la letra del muchacho.
«Ve
donde Takatsuki. Me sentiría más seguro si estuvieras con ella»
Fue
entonces cuando ella se sonrojó más de lo que estaba. Kenji estaba diciendo
explícitamente que confiaba en ella. Más de lo que pudiera haberse imaginado.
–Me
imagino que te sientes halagada... Aunque mi primo tiene el defecto de ser
demasiado ingenuo – bromeó la chica de la trenza larga.
–Bueno...
Al menos tiene razón. Estarás bien aquí – dijo Sakura después de haber
asimilado la línea – No te preocupes. Duermes conmigo en mi habitación. A
papá no le molestará si tenemos a alguien más aquí. Y sobre algunas tareas,
voy a necesitar ayuda con la limpieza de la sala y la comida.
–No
hay problema. Prefiero ayudar en lugar de quedarme de zángana – respondió
alegremente.
–Y
había también un segundo favor que querías pedirme...
–Ah,
verdad. Estaba olvidándolo – Madison sacó la lanza de su maletín y se la
enseñó – Trataron de matar a Kenji lanzándole esta arma. Quería que le
preguntaras a tu papá de qué tipo de forjadura se trata. Quisiera estar segura
de una teoría que tengo.
–¡¿Cómo
que quisieron matar a Kenji-senpai?! – exclamó Sakura, dejando que el café
se le derramara sobre la mesa.
*
* *
Ya
era sábado por la mañana. Ryo había llegado como siempre para hacer las
tareas con Kenji y luego ir a jugar en los arcades. Los dos estuvieron en
constante miedo y alerta debido al mal humor en el que estaba todavía Reika.
–¿Y
cuánto tiempo lleva así? – preguntó el chico de lentes.
–15
horas y 25 minutos desde que se fue Madison – Kenji volvió a revisar el reloj
de la pared – 26 minutos.
–Debieron
tener una discusión muy seria.
–El
tema fue serio... Pero para serte franco... – ambos se acercaron más para que
Kenji pudiera susurrar – Las dos son un par de tercas. Así y todo, pareciera
que era una de esas riñas de cuando teníamos 11 años.
–Cortadas
con la misma tijera... – suspiró su amigo.
–Ni
te imaginas lo que es vivir solo con ellas dos – suspiró Kenji.
Reika
pasó por la cocina murmurando cosas no tan entendibles, sacó un refresco
enlatado de la refrigeradora y pasó de nuevo frente a la sala, mientras Kenji y
Ryo la seguían con la mirada algo nerviosos. La muchacha se percató de la
atención y giró sus ojos verdes hacia los dos, los cuales adquirieron la piel
de gallina al verla hecha una furia.
–¿Qué
están mirando? – gesticuló ella.
–¡Nada!
¡Sigue con lo tuyo! – respondieron alarmados y asustados.
Cuando
Reika volvió a su habitación, Kenji y Ryo suspiraron de alivio.
–¿Eso
es vivir con ella todo el tiempo?
–Afortunadamente
sólo te quedas aquí cuando ella está de buenas. Yo tengo que soportarlas a
ella y a Madison cada vez que les toca el período. Fue peor cuando una vez sus
ciclos coincidieron – recordó un traumatizado Kenji. Cualquier hombre estaría
traumatizado si se le mandara a comprar tampones a la farmacia.
–Escuchando
casos como estos, hay veces en la que agradezco por ser hijo único – bromeó
Tenryo.
–Chistoso. Búrlate nomás de las desgracias ajenas – comentó un sarcástico
Kenji.
Reika
salió de su habitación vestida para salir a pasear. Llevaba también su arco y
las flechas, por lo que se podía deducir que también pasaría por la escuela
para practicar (que era lo mismo que desquitarse)
–¿Te
guardo el almuerzo, hermana? – le preguntó Kenji.
–Quedé
de practicar con Maaya, así que almuerzo en su casa.
Cuando
Reika se marchó, Ryo y Kenji volvieron a sus libros.
–No
quisiera ser el blanco o Maaya... – comentó Ryo.
–Igualmente
– parpadeó el rubio.
Kenji
entonces sintió algo extraño. Como si tuviera la necesidad de salir de la
casa.
–Ahora
que lo pienso, mejor la seguimos – dijo el muchacho.
–Pensé
que querías mantener distancia.
–Cambié
de opinión.
*
* *
–En
serio. Es una testaruda – dijo una molesta Reika, lanzando otro tiro fuera del
centro.
–A
ver si te entiendo... Discutieron sólo porque tú te pusiste irritable – dijo
la pelirroja – Porque hasta lo que voy escuchando, creo que fuiste tú la que
empezó sólo porque Madison no siguió dándole cuerda al momento histérico.
Reika
se alteró y volteó a verla con seriedad.
–Yo
no empecé. Además ella se las traía desde hace tiempo – aseguró – Hace días
que estaba deprimida por el idiota de Francis que resultó ser Dionisio.
–Pues
se nota que lo consideró bastante – Maaya cogió una flecha y lanzó
perfectamente – Yo me pondría así si descubriera que Mizuki me apuñaló...
O tal vez si Ryo te traicionara a ti.
–Ahora
que lo dices... No lo había visto de esa manera – entonces Reika comenzó a
apenarse.
–Sabes...
Tengo a veces esos problemas con mis hermanos – le comentó Maaya – Kyo
siempre pelea con Suguru sobre quién debe sentarse al costado de Yuuhi en la
mesa. Incluso papá le entra al pleito de niños porque unos quieren ver el
soccer y otros el softball. Pero al final terminan arreglándoselas por dos
motivos: Porque se hartan de estar peleados y porque necesitan hablarse. Si yo
intervengo de alguna manera o los obligo a hacer tregua, sencillamente no van a
hacer caso. Es por eso que prefiero que lo pienses bien.
–Hablando
así pareces mamá – comentó Reika – Supongo que hay que serlo algunas
veces.
–En
especial cuando vive una rodeada de hombres – Maaya sonrió y le pasó el arco
– A veces pienso que competir en arco contigo va a traernos alguna maldición.
–¿Cómo
así?
–¿Recuerdas
cuando estuvimos en el torneo de tu escuela? La señora Ceres terminó arrastrándonos
a un túnel bajo la tierra.
–No
seas exagerada. Además es sólo una práctica ¿Qué podría pasarnos?
Nunca
digan eso porque el destino gusta de ser irónico. Para corroborar esa afirmación,
unas lanzas comenzaron a caer hacia las dos reencarnaciones de las diosas, las
cuales evitaron por un pelo las armas. La que parecía ser una mujer de cabello
corto claro saltó frente a ellas y apuntó con una jabalina del mismo tipo.
–Bien,
bien. Termino el trabajo hoy mismo o las pongo a correr. Creo que es más
divertido lo segundo – dijo Antíope.