Deux Kratos: Pantheon

  

  

Vigésimo Séptimo Acto: Los viejos hábitos

  

  

Mientras esperaban el tren a Tokio, Sakura había logrado alcanzar a su padre para ir directo a casa. Si bien no habían pasado la Navidad como lo hubieran deseado, al menos Sakura había visto a Rumi y a su madre de nuevo, aunque las cosas terminaran muy mal entre sus dos padres. La estación estaba prácticamente vacía, excepto por ellos dos, un conserje, dos familias esperando por el mismo tren y los empleados. Era muy común si estaban en una estación a las 3.37 de la madrugada.

  

–No tenías que venir conmigo a esta hora, cariño... – le dijo su padre, sentado con ella en la banca de la estación de trenes – Pudiste pasar la noche allá y regresar cuando quisieras.

–A mí no me molesta... – respondió ella – En verdad quería que no estuvieras solo, papá. Lo que mamá te dijo fue demasiado duro...

–No la culpo de nada. Ella siempre ha sido así – respondió con una sonrisa – Lo supe desde que nos casamos... Aunque ya sabes que no funcionaron muy bien las cosas. Pero no pasa nada grave entre nosotros.

  

Sakura sabía que su padre trataba de aparentar normalidad y ella sólo podía seguirle la corriente. Era muy difícil que Katsuya Takatsuki se deprimiera desde el divorcio.

  

–Además... – continuó él – Tengo un asunto pendiente en Tokio. No me estoy yendo por el problema con tu madre.

  

Katsuya recordó el escalofrío que sintió durante la discusión que tuvo con su ex-esposa. Era algo que debía preguntarle a Hanajima en cuanto antes.

  

–Papá... – Sakura quiso preguntarle, pero no se atrevió. Quizás sería otro asunto de los dioses, lo cual también implicaría a Kenji, pero su padre sabía bien lo que ella necesitaba.

–Algo pasó allá... – le comentó – Es algo que puedo percibir, como si eso también me incluyera. Hanajima una vez me comentó que algo así pasaría, pero quiero estar seguro.

–Que no sea nada grave... – deseó ella con un murmullo.

–Descuida... Sólo quisiera sacarme ese clavo.

–¿Quieres beber algo? Voy a las máquinas – le preguntó Sakura.

–Un café estaría bien – le respondió al tenderle siete monedas de 100 yenes.

  

De camino a la máquina expendedora, estuvo preguntándose si todos estaban bien en Tokio. Kenji debía de estarlo si iba a pasar navidades con sus parientes y los Flanagan, lo cual le quitaba parcialmente la preocupación.

  

Al llegar a las máquinas expendedoras, había un muchacho decidiendo qué lata debía sacar de la máquina. Tenía puesta una chaqueta de cuero marrón, un gorro de lana gris que dejaba salir unos cabellos castaños algo alborotados y una argolla de plata en el arco de la oreja izquierda. Sakura sabía que lo conocía.

  

–¿Yamaki-senpai? – preguntó Sakura.

  

El aludido volteó sorprendido cuando alguien parecía conocerle, más aún al tratarse de Takatsuki. No esperaba encontrarse con algún conocido ahí.

  

–Mira que encontrarme contigo, Takatsuki – Aoshi sonrió ampliamente y le pasó la mano por la cabeza con cariño característico de él, despeinándola.

–Yo no me imaginé que estaría en Kyoto.

–Tengo familia aquí y justo hoy regresamos – Aoshi se llevó una mano al bolsillo de su chaqueta – Mis padres se quedan y tengo que llevarme a la pequeña peste que es mi hermana... Creo que podría “olvidarla” en el camino.

–También regresamos hoy. Mi papá... tuvo un presentimiento extraño sobre algo que pudo haber ocurrido en Tokio...

–Yo también lo sentí – respondió Aoshi – Es definitivamente malo. Espero que allá me lo puedan responder.

  

Sakura se sintió algo aliviada, pero aún así no podía dejar de preocuparse de lo que podía ser de los demás.

  

–Ve tu primero. Aún no me decido – Aoshi le abrió paso a la máquina de bebidas.

–Ah, sí... – Sakura buscó las monedas en su bolsillo y echó unas cuantas para sacar un café, pero éste se había atorado en la máquina. Trató de echar más monedas para que la nueva lata saliera con la anterior, pero también se había tragado el dinero – Se malogró la máquina... Y el empleado del servicio no trabaja en este turno...

  

Aoshi frunció el ceño al ver a Sakura con decepción y, tras asegurarse de que nadie estaba cerca, se acercó a la máquina y, tomándola con los dos brazos, la zarandeó con fuerza.

  

Sakura se quedó con la boca abierta al ver que Aoshi había podido cargar aquella pesada máquina expendedora, aunque estaba consciente de que todos los reencarnados, incluyendo a su padre, podían hacerlo. Aoshi tomó las tres latas que salieron de la máquina y entregó los cafés a Sakura, mientras que él se quedó con el té de limón.

  

–Ahí está lo que pediste... Y de paso también tengo lo que iba a comprar – sonrió Yamaki – Que esto quede entre los dos. Los demás me van a reprender si lo saben.

–No diré nada, senpai... ¿Pero por qué no? – preguntó ella.

–Kenji y Reika pusieron esa regla de que no podemos usar ventajas si no es un caso de emergencia... Y peor cuando los Flanagan los respaldaron. Pero no entiendo por qué Yamato puede hacer ilusiones cuando quiere.

–Yamaki-senpai... Sólo por curiosidad... ¿Qué habilidad especial tiene usted?

  

Aoshi miró su propia mano por un momento y suspiró.

  

–Aún no lo sé... Supongo que ya lo descubriré – respondió sonriente, cerrando los ojos.

  

Lo que no le había dicho a nadie, ni siquiera a sus mejores amigos, era que había tenido sensaciones muy extrañas al ver sangre. No podía definir exactamente esa sensación, pero parecía cercana a la emoción. Él mismo había llegado a temerse de lo que pudiera ser capaz.

  

* * *

  

–¡Más empeño! ¡El debut es la próxima semana! – vociferó la entrenadora.

  

La carpa del nuevo circo que había llegado a la ciudad ya estaba levantada, luciendo llamativos colores rojos y blancos y farolas ubicadas alrededor de los puestos de la feria, también parte del grupo extranjero.

  

Dentro de la carpa principal, los equilibristas estaban ensayando su número estelar con mucha dedicación.

  

–¡Miguel! ¡No te aflojes! Estás perdiendo el ritmo – le gritó una muchacha.

–Lo sé, Psique. No seas tan exigente tampoco – le respondió el chico al que llamó Miguel.

  

La chica que se llamaba Psique tenía puesto un largo vestido de gitana con telas guindas y blancas. Su cabello era largo guinda oscuro con algunos mechones entrelazados con hilos de colores. Se podía ver en sus facciones y en su acento que era rusa. Ella era una de las mayores atracciones del Circo-Carnaval de Moscú.

  

El muchacho español que estaba en el cable más alto de los cuatro fijados a los postes era al que llamaron Miguel. Tenía el cabello corto castaño con una trenza delgada y larga detrás de la oreja derecha, entrelazada con hilos de los mismos colores de Psique. Alto, de piel ligeramente bronceada y de no más de 18 años, con profundos ojos grises. Estaba usando una camisa blanca con mangas hasta los codos, con chaleco de cuero y pantalones negros con fundas de cuchillos.

  

–Antes de bajar intenta el salto de tres giros – le indicó la entrenadora.

–Ya, de acuerdo. Estoy comenzando a aburrirme de lo bien que lo hago – contestó el muchacho en español.

  

Al tomar impulso y saltar, Miguel había logrado hacer el salto con tres giros en el aire antes de aterrizar de pie sobre el segundo cable más alto, pero al dar el primer paso, no pudo evitar resbalar y caer en la red de seguridad. Psique y la entrenadora corrieron hacia él.

  

–¿Te encuentras bien? – le preguntó Psique a su compañero.

–He estado peor – respondió con una sonrisa.

–Y lo estarás si ese acto te falla en la función de apertura. Recuerda bien que vamos a quitar la malla ese día – le regañó su coordinadora.

–Sólo un resbalón y ya me juzgas. De todas maneras ya verás lo bien que saldré ese día.

  

Debido a que ya era tarde, apagaron las luces de la carpa y cada uno regresó a sus camerinos, pero Psique se quedó mirando hacia la segunda entrada.

  

–¿Sucede algo? – le preguntó Miguel al verla.

–Los alcanzo después... – Psique corrió hacia el origen de su atención, mientras Miguel le hacía caso e iba a su propia cama.

  

Afuera de la carpa estaba tenuemente iluminado por las luces de la calle. Los pocos ruidos eran las respiraciones y ronquidos de los animales en sus jaulas y uno que otro grillo de los alrededores.

  

–Sal de una vez. Ya te había notado – dijo la gitana.

–No esperaba esconderme, Psique – Lena finalmente se había dejado ver. Estaba toda vestida de negro, con una larga falda, una delgada chalina larga alrededor del cuello y un top ceñido sin mangas.

–Veo que te ha ido muy bien desde la última vez que nos vimos, Lena.

–Beneficios de mi nueva ocupación... Pero creo que ya habrá mucho tiempo para hablar de mí.

–Supongo... Te invitaría a mi camerino, pero presiento que tu visita es corta ¿Qué es lo que te trajo hasta aquí?

–Sólo recordando viejos hábitos... El muchacho nuevo me ha suplido muy bien en la cuerda – Lena sonrió al recordar el acto de Miguel.

–Por fortuna Miguel es de los que aprenden rápido... – Psique también le sonreía, como si no hubieran pasado más que un día sin verse.

  

Lena cerró los ojos y suspiró antes de continuar.

  

–En estos últimos meses he cambiado en grandes proporciones... – dijo Lena al ver su propia mano – Quisiera que me leyeras la suerte. Por los viejos tiempos.

–Es una de las cosas que no podría negarte.

  

* * *

  

Las velas aromáticas perfumaron e iluminaron la pequeña tienda. El sonido de la baraja revuelta en manos de Psique parecía interminable, mientras Lena observaba pacientemente el proceso de la cartomancia.

  

No era ninguna tradición conocida, ya que la herencia de Psique era una rama más oculta de la adivinación y la brujería antigua. Habían algunos rumores de que el arte que usaba Psique era el mismo heredado de las Parcas.

  

Psique normalmente cobraba grandes cantidades para usar sus artes antiguas de adivinación, mientras que estafaba a los aficionados con los trucos conocidos. Para ella, Lena era alguien tan especial que podía hacerle las predicciones más exactas de su arte.

  

Después de dividir el mazo de cartas en tres partes, hizo que Lena los juntara con la mano izquierda. Con cada carta que sacaba fue formando una cruz.

  

–La del centro será la carta que te representa – le indicó Psique.

  

Para sorpresa, la carta resultó ser “Los Amantes”.

  

–Qué raro... No he barajado mal... – murmuró ella – Normalmente esa carta sale como destino.

–Tiene un poco de sentido – sonrió Lena.

–En fin. Continúo – Psique volteó más cartas.

  

Los resultados del tarot la iban dejando aún más impresionada. La carta final sería la que definiría su futuro. Al descubrirla, ella miró intrigada al salir la carta" Muerte", justo debajo de "El Juicio".

  

–Darás muerte... y al mismo tiempo te está esperando... – murmuró Psique en ruso – ¿En qué te has involucrado, Lena?

–Sabía que mi destino está dirigido a ese riesgo... No puedo huir – Lena siguió con los ojos cerrados mientras le contaba aquello con una ligera sonrisa – Simplemente nací con aquella estrella y tampoco quiero desobedecer.

–¿Es por eso que nos habías dejado? – Psique se veía más triste.

–Hay bastantes hechos adversos... Creo que me comprenderás pronto – Lena no hizo mas que seguir sonriente frente a su vieja amiga.

  

Se conocían muy bien, tanto como para que Psique supiera que ya no podía preguntar más.

  

–Está bien. Espero que vengas... La próxima semana es el debut. Hasta podrías venir a los ensayos y comprobar que el circo se ha mejorado mucho para cubrir tu ausencia.

–No me lo perdería.

  

Al salir la rubia, Psique se quedó mirando por la entrada de la tienda.

  

–¿En qué andarás metida ahora, Lena? Eso no puedo ni adivinarlo...

–Oye, Psique – la tomó de sorpresa otra voz fuera de la carpa, pero comprobó que se trataba de Miguel, quien recién había llegado – No sabía que recibías visitas en este país... y todavía a éstas horas.

–Sólo recordaba unos viejos hábitos para alguien...

  

* * *

  

A las seis de la mañana del 25 de diciembre, la mayor parte de la ciudad seguía dormida por las celebraciones de la noche anterior, pero todo era distinto en el Atrio de los Cedros, donde bomberos y policías estaban inspeccionando el área.

  

–Es como si hubieran utilizado un lanzallamas – dijo un forense por la radio.

–¿Algo más en particular?

–También habían rastros de sangre en el suelo. Los llevaremos al laboratorio para el análisis correspondiente.

  

Roy y Misty se mostraron perturbados al escuchar aquello. Desde temprano, los Flanagan, junto con Goro Hanajima y Marla Winslow, habían estado al tanto de la frecuencia de la policía con una radio especial, en busca de detalles.

  

–Yo me encargaré de interceptar las muestras – Hanajima se dispuso a salir seguido por Marla – Así no podrán hacer más indagaciones.

–Agradecemos su ayuda, señor Hanajima – le dijo Misty cortésmente.

–No malentiendan. Dejé bien en claro que no les ayudaría en lo absoluto. El problema simplemente me involucra. Ya nos vamos, Marla.

  

Ella se levantó pesadamente de la silla. Aún estaba adolorida por la pelea y llevaba varias vendas debajo de la ropa que Misty le prestara.

  

–¿No vas a despedirte de tu chico? – preguntó Marla, aún sonriente. Goro enrojeció cuando se dio cuenta de que Marla estaba refiriéndose a Kenji, el cual estaba dormido en el cuarto con Reika y Madison.

–Tienes una manera muy peculiar de preguntar algo – refutó con los ojos cerrados y un rubor muy notorio en la cara – Y no necesito hacerlo.

  

Cuando los dos dioses se marcharon del departamento, Roy suspiró tenso y se apoyó nuevamente en su silla.

  

–Aún no sé qué me preocupa más... El que ellos aún no confíen en nuestro trabajo o la suerte que tenemos de que ellos no estén en contra de los muchachos – dijo él.

–Habría que darles más tiempo. Es algo a lo que los Sacerdotes Olímpicos están habituados desde sus inicios – comentó Misty con suavidad.

–El poder que ha acumulado Poseidón en seis generaciones es increíble... Y Hestia tampoco se queda atrás. Incluso podrían regresar antes al Olimpo si lo que tengo de teoría es correcto.

–No creo que lo hagan.

–¿Cómo lo puedes saber? ¿Es tu intuición?

–No... Son del tipo de cosas que se pueden notar – respondió sonriente.

  

* * *

  

–Te lo digo en serio – le insistió Reika por el celular.

–Eso explicaría el gran escándalo – Ryo miró una vez más las noticias. Estaban transmitiendo el centro del Atrio de los Cedros con varios árboles quemados y cintas de la policía. También tenía en la mano el periódico de ese día, con la foto del Atrio de los Cedros en la portada – Pero tienen suerte. La prensa cree que fue alguna broma de los vándalos.

–Pero quién creería que dos dioses se pusieron a pelear con cuatro desconocidos... – Reika hizo una pausa en la línea – Kenji también quiere hablar contigo. Te paso con él.

  

Le pasó el celular a su hermano.

  

–Mejor no te vayas a preocupar por esto – le dijo Kenji – Van a lloverme preguntas por parte de los demás y ya tengo suficiente con preocuparme por cómo se encuentran Goro y la señorita Marla.

–Me imagino eso... – Ryo se subió los lentes que le resbalaban – Por favor, dime que no hay heridos... o peor aún. Reika sólo me dijo que se llevaron a la señora Ceres y que eran los mismos que los atacaron la otra vez.

–Y dos nuevos – completó Kenji – Flanagan-sensei dice que son aún más peligrosos que el que se llama Minos y la medio-hermana de Madison. Por suerte no pasó nada más... Goro y la señorita Marla se encuentran relativamente bien... Además Lina y Yamato tienen que ocuparse de Perséfone. Le afectó mucho lo de anoche.

–Me imagino... Su madre y el trauma. Todo junto de hecho que le ha chocado.

–¿Cuándo podrías ir a la casa para hablar más del asunto?

–Si quieren voy ahora. Estoy aburrido aquí – ironizó.

–En fin. Te esperaremos entonces ¿Y tus padres?

–La pasamos tranquilos ayer. De ahí se van de nuevo el 28, así que tenemos tiempo todavía.

–Mándales saludos. Ya nos estamos viendo. Te paso con Reika.

  

Reika cogió el celular y se despidió de Ryo.

  

–Aún te debo tu regalo de navidad. Si no cumples, se lo doy a Aoshi cuando regrese – bromeó ella.

–No te atrevas – se burló Ryo – Si haces eso, le daré tu regalo a Snape.

–Hablando de él, trae a nuestro bebé que quiero saludarle también – de fondo, Ryo escuchó a Kenji gritar un “¡Ni te atrevas a acercármelo!”.

–Creo que también quiere verte. Espero que Kenji lo esté tomando con calma.

–Sólo la usual – rió Reika – Ya nos estamos viendo.

  

Cortó la llamada. Madison estaba terminando de contarle el asunto a Tetsuo por su propio celular, después e despidieron de los Flanagan, Yamato y Cerbero. Lina aún estaba inconsciente desde el incidente con Perséfone.

  

–Mándenle saludos a Lina – dijo Madison.

–Descuida. Se los haré llegar – respondió Misty.

–Espero que Perséfone vaya a estar más calmada para cuando vuelva – Kenji miró preocupado hacia la puerta del cuarto de su prima.

–Nos encargaremos de eso. Ustedes no se preocupen – contestó Roy.

  

Reika acarició a Cerbero, el cual aulló complacido por los mimos y después se dirigió hacia Yamato.

  

–Lina se pondrá algo fastidiosa... Pero ya es algo a lo que estás habituado – dijo esto con una sonrisa insinuante.

–Seguro que sí. Ya me las arreglaré como siempre – Yamato se contuvo de reír, ya que había captado la indirecta de la chica.

  

De camino al departamento de los tres, Madison contestó la llamada de su celular. El que llamaba era de nuevo Tetsuo.

  

–Sí, ahora estábamos yendo a casa... – Madison escuchó un momento y se dirigió a sus primos – Tetsuo ya le contó todo a Mizuki. Pregunta si pueden ir a casa para hablar.

–Normal – respondieron los mellizos a la vez.

–Dicen que sí – dijo Madison al retomar la llamada – Ya, ya. Sólo apúrense.

  

Justo al doblar la esquina, Kenji chocó con alguien y los dos se cayeron al suelo, Resultó ser Tetsuo con el celular en la mano. Mizuki iba detrás de él con su habitual rostro inexpresivo.

  

–Te dije que no caminaras mientras llamabas – dijo el peliblanco casi murmurando.

–Eso fue rápido – rió Reika.

Itai... – Tetsuo se frotó la frente con las manos, ya que se había pegado contra la cabeza de Kenji al chocar – Creo que mejor vamos a tu casa. Necesito hielo para poder mantener una conversación coherente, Kenji... ¿Kenji?

–Creo que se quedó dormido – Madison se inclinó hacia Kenji, el cual se había quedado inconsciente al pegarse la cabeza también.

  

* * *

  

–¿Cuánto tiempo crees que se quede así? – preguntó Mizuki, aún viendo a un noqueado Kenji recostado en el sofá del departamento.

–Tiene para rato – respondió Reika con normalidad – Es peor cuando tiene sus visiones, así que si esto no tiene secuela, podemos estar agradecidos.

–Por mientras vamos a ir contándoles lo que pasó – Madison les había alcanzado a Tetsuo y Mizuki dos vasos con soda y los cuatro se sentaron justo cuando el timbre sonó intermitentemente.

  

Reika abrió la puerta y se sorprendió al ver a Ryo en la entrada, visiblemente agitadoTenía en una mano una bolsa con paquetes y en la otra estaba la jaula de plástico de Snape, dentro de la cual se había hecho todo un revoltijo y la pobre serpiente buscaba enroscarse de nuevo en su rama.

  

–Perdón... por... la tardanza... – dijo Ryo muy agitado.

–No llegaste tarde porque ni sabía que de verdad ibas a venir – Reika le dejó pasar y le ayudó con la jaula de Snape.

  

Ryo tomó un respiro y saludó a Madison, Tetsuo y Mizuki. Se fijó en Kenji, el cual aún estaba inconsciente.

  

–¿Kenji está bien? – preguntó preocupado.

–Anécdota divertida, pero ya habrá tiempo para eso – Reika sacó a Snape de la jaula.

  

Rápidamente la serpiente se trepó hasta el cuello de su dueña, mostrando claramente que no había disfrutado en absoluto de la carrera a toda marcha de Ryo.

  

Ni bien Reika se dispuso a volver a la sala, el timbre volvió a sonar. Dio media vuelta y, al abrir, se encontró con Maaya. La pelirroja estaba igual que Ryo, con clara evidencia de haber hecho la maratón hasta la casa de los Okubo.

  

–¿Lo que percibí es...? – preguntó Shikura.

–Justo íbamos a discutir eso en la reunión. Pasa.

  

Maaya divisó a Kenji en el sofá.

  

–¿Qué le pasó?

–Creo que Kenji querrá contarlo cuando despierte.

  

Reika, sin embargo, no siguió a Maaya hasta la sala. Esperó veinte segundos y volteó para abrir la puerta. Aoshi estaba con el dedo a punto de presionar el timbre. Detrás de él estaba una tímida Sakura. Los dos recién habían vuelto de Kyoto.

  

–¿Qué hacen los dos juntos? – Reika tenía una ceja alzada al preguntarles.

–Ya les contaremos – respondió Aoshi – Y yo espero escuchar lo que tengan que decir.

–Alguien convocó a una reunión en mi departamento y no estoy enterada – murmuró Reika con sarcasmo mientras se rascaba la parte negra de su cabello – Pasen.

  

Sakura y Aoshi pasaron al departamento y se dirigieron a la sala.

  

–Reika-senpai... – dijo Sakura, pero Reika le interrumpió.

–Kenji está bien – se adelantó a la pregunta y siguieron.

  

* * *

  

Lena había regresado al departamento justo cuando Francis y Bruno estaban tomando desayuno. Los dos la siguieron con rostro de reproche, exigiéndole explicaciones con la mirada. La rubia se percató de aquello y sonrió dulcemente.

  

–Qué buen día que hace hoy. A pesar de que anoche nevó, la mañana ha estado despejada – comentó sonriente.

–¡Ahora no vengas con eso! – dijo un desesperado Francis al golpear la mesa con el puño.

–No avisaste que salías ¿Dónde estuviste toda la noche, Lena? – Bruno se veía más calmado en comparación con Francis, por el respeto que le tenía a la rusa.

–Tenía un asunto pendiente. Eso incluirá el siguiente trabajo – ella se sentó al costado de Bruno y se sirvió tostadas.

–¡No te hagas la fresca! – reaccionó Francis – Primero sales cuando te da la gana y ahora quieres que hagamos algo por ti. La señora Hilde no tiene nada planeado, así que no vayas a decir que es algo que te dijeron exclusivamente.

–No tengo necesidad de mentirles. Además nunca dije que ustedes tenían que acompañarme.

  

Francis se calló al ver abajo su postura y se sentó aún molesto. Bruno los miró a los dos y preguntó a Lena:

  

–¿Es algo peligroso lo que tengas que hacer?

–No, para nada. Pero les gustaría ir – dicho esto, le tendió dos boletos del Circo de Moscú.

–¡Genial! ¡Gracias, Lena! – Bruno estaba alegre al ver el regalo que le hacían.

–Muy bien ¿Cuál es el objetivo de tu soborno? – Francis aún no se veía muy convencido, ya que aún no tomaba su entrada.

–Francis... Me ofendes – pero el tono que Lena usaba era muy sarcástico y sobre actuado – Trato de hacer algo lindo por ustedes y en seguida intuyes alguna trampa donde no la hay...

–Pues es algo que muy difícilmente me creería. Te he visto capaz de muchas cosas y la primera impresión tuya no fue ni remotamente placentera.

  

En efecto, Francis no tenía gratos recuerdos sobre sus momentos con Lena. En una sola noche, su vida había cambiado radicalmente: Descubrió que era un “fenómeno”, que habían más como él, había que matar a dos chicos que no conocía y, muy probablemente, hubiera perdido la confianza de la chica que más había atraído su atención desde que llegara a Japón. Aunque le gustara echarle a culpa a Lena por haberse desconectado de Madison, también reconocía que era su culpa por haberle hecho caso.

  

–Te voy a desilusionar, Francis. Pero no hay truco. Lo puedo jurar por lo que quieras – repitió Lena con tranquilidad.

–Ya. Si te creyera, entonces dinos qué tiene de especial ese circo.

–Ya lo van a ver. La primera función siempre es importante.

–Gracias por la entrada, Lena ¿Cómo la conseguiste? Todas se agotaron hace semanas por reservas. Eso fue lo que dijeron en la tele – preguntó Bruno inocentemente.

–Con cuántos habrás intercambiado favores... – murmuró Francis.

  

Lena hizo oídos sordos al comentario de Francis y se limitó a decir.

  

–Secreto.

  

* * *

  

–Ares... ¿Por qué?

–Recuerda que esta me la debías... De todas formas si no soy yo, cualquiera podría ser. Tienes a más de la mitad de la familia tras de ti y tu hermana.

–Está bien. Tienes varios motivos por los cuales detestarme. Igual que los demás... Pero no puedo permitir que me mates. Alguien debe proteger a Artemisa y debo ser yo.

–Me conmueves tanto que no sé si lloraré de la risa o de la pena por tener que acabarte ya mismo – en un parpadeo, Ares se lanzó a atacarle.

  

Kenji despertó sobresaltado y sudando frío. Tenía la mano sobre el vientre, justo en la cicatriz de Apolo. Los sueños sobre Ares y Apolo estaban haciéndose cada vez más vividos. Cuando pudo ser capaz de reconocer su entorno, se dio cuenta de que estaba en el sofá de su sala, rodeado de las miradas preocupadas de sus amigos.

  

–Kenji-senpai – dijo Sakura en un murmullo preocupado.

–Kenji ¿Te encuentras bien? Me preocupé porque ya llevabas cinco horas sin despertar – Reika estaba abrazándole. Ella también se había asustado al verlo gritar en sueños.

–¿Fue otra visión? – Ryo estaba tanto o más agobiado que Reika.

–Estás helado. Voy por un té – esa había sido Maaya, la cual se dirigía a la cocina.

–Por un momento estuve a punto de creer que yo te noqueé – trató de reír Tetsuo para amenizar.

–No tienes la cabeza tan dura como para dejarlo en coma – le codeó Madison – Pero tiene que haber sido algo grave por los gritos que estabas dando, Kenji.

  

Mizuki no dijo nada, pero sus ojos también decían que le importó mucho el estado de Kenji.

  

Aoshi también iba a expresar su preocupación, pero el ver la mano de Kenji sobre su vientre le dejó con la sangre helada. Si no se equivocaba, considerando también el hecho de que Kenji evitó cruzar la mirada con la suya, aquella reacción de su amigo tenía que ver con la primera confrontación entre Ares y Apolo. Pensar en eso siempre le hacía sentir culpa, aunque él mismo ya no fuera el sanguinario Dios de la Guerra.

  

* * *

  

Al llegar a su casa, Goro Hanajima se aseguró de sacar a toda la servidumbre para poder charlar a solas con Marla. A ninguno de sus empleados debía incumbirles el hecho de que ambos estuvieran con vendas en casi la tercera parte del cuerpo.

  

–Señor Hanajima. Antes de irme, quería informarle que tiene una visita. Llegó poco después de que usted entrara – le informó la mucama.

–¿De quién se trata?

–La señora Wetzell.

–Ah... – Goro frunció el ceño. Lo que menos necesitaba era que Hera le recriminara – No tengo tiemp...

–Encantados de recibirla – le interrumpió Marla alegremente.

  

Cuando la empleada se fue, Goro miró a Marla con ojos helados, pero ella seguía ignorando aquel mensaje visual.

  

–Tengo interés en lo que vaya a decirnos – contestó la americana.

–No seas hipócrita, Marla. Tienes tantas ganas de verla como yo de beber un vaso con cianuro.

–Para qué negártelo. Pero aprovecho que hoy estoy de buen humor.

–Eso también es mentira.

–No. Eso es tratar de auto convencerme.

–No te comprendo y pasarán infinidades de vidas para que llegue a hacerlo.

  

En cuanto llegaron al hall, Hilde esperaba con la expresión que Hanajima esperaba en ella: Ganas completas de restregarles el fracaso en la cara.

  

–Vaya vaya... ¿Qué se siente tu primer fracaso? Oh, pero no puedo molestarme contigo porque ya tengo suficiente con el hecho de que Ceres haya sido capturada por esos monstruos que son los Cazadores Divinos – esa última aclaración la había dicho con más frustración. Incluso a Marla le había dolido.

–Al menos nosotros hicimos algo. Si hubieras estado ahí para recibir algo de daño, estarías en posición de reclamarnos lo que quieras – Marla se mantuvo serena al decirle aquello, pero obviamente no le había sentado nada bien escuchar tal crítica de Hera.

–Hilde. Creo que tendrás un buen motivo para visitarnos – le preguntó Goro.

–No debería compartir con ustedes esto, pero necesitaré también de tu apoyo si quiero lograr algún avance – la alemana se sentó y sacudió su oscura melena rizada – Averigüé que Genma Okubo no era el único involucrado en la investigación de la Profecía.

  

  

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