MITOS Y REALIDADES DE LA
LECTURA LABIOFACIAL
Por: Néstor Antonio Pardo
Rodríguez
Terapeuta del Lenguaje /
Fonoaudiólogo
Profesional Titulado por la
Universidad Nacional de Colombia
Correo Electrónico: fonocol@peru.com
PUNO, PERÚ.
INTRODUCCIÓN
Uno de los mayores mitos en la educación
de las personas que presentan sordera es que todas son excelentes
labiolectoras. En la realidad son los llamados “normoyentes”, es decir, quienes
tienen una audición normal, los mejores labiolectores, ya que se requiere el
dominio de la lengua oral para ese propósito. Es bastante útil en situaciones
de intenso ruido ambiental, con el fin de compensar la distorsión en la
información auditiva.
La “Lectura Labiofacial” (LLF) es un
complemento visual funcional y natural del mensaje presentado mediante la
modalidad aural – oral, que enfatizan algunos métodos como el Triple Adiestramiento
y la Palabra Complementada (Cued Speech) dentro de la “Rehabilitación” o
Educación de las Personas con Deficiencias Auditivas. En este sentido, la Lectura Labiofacial podría
definirse como una técnica que permite la adquisición del conocimiento mediante
la vista. Esto implica el entrenamiento
a la persona para que intente “leer” o discriminar e interpretar los
movimientos de labios y otros órganos articuladores, cuando el interlocutor
pronuncia palabras aisladas u oraciones.
Ampliaremos en este artículo sus
fundamentos, aplicaciones y limitaciones.
AUDICIÓN Y APRENDIZAJE DEL LENGUAJE
Perceptualmente, el habla ya tiene un estatus
único para el bebé desde las primeras horas o días de nacido. Los neonatos
discriminan el habla de otros sonidos o ruidos (Alegria y Noirot, 1982), y,
quizás como resultado de la estimulación intrauterina, prefieren la voz de la
madre a la de "extraños" (DeCasper y Fifer, 1980). Eimas y
colaboradores (1971) notaron que los infantes a la edad de un mes de vida
distinguen entre categorías cercanas de sonidos del habla (por ejemplo,
consonantes sordas / sonoras). Más adelante, sobre los siguientes siete meses,
la maduración del sistema nervioso central y las experiencias de escucha en su
ambiente lingüístico, conducen al niño a distinguir cada vez más finos rasgos
fonéticos de la lengua (Eimas, 1979). Pero algunos niños presentan limitaciones
en sus capacidades para aprehender la información auditiva. Más allá de los
obvios problemas asociados con la pérdida auditiva están aquellos que
involucran el procesamiento de la señal del habla (abstracción u organización
de la información). Parece que tales niños adquieren el lenguaje más lentamente
y por lo general experimentan también dificultades al aprender a leer
(deHirsch, 1961; Menyuk, 1976).
Los niños con pérdidas auditivas, sean
permanentes o intermitentes por un largo tiempo, no se benefician
suficientemente de la estimulación normal del lenguaje para mantenerse dentro
de los parámetros temporales normales para la adquisición de éste. Por lo tanto,
es importante que la institución educativa cuente con un registro de los
alumnos que presentan algún tipo de problema auditivo o hayan evidenciado
otitis media en los primeros años de vida, ya que diversos investigadores han
reportado que el aprendizaje se retrasa en niños con estas patologías (Eisen,
1962; Holm y Kunze, 1969; Kaplan, Fleshman y Bender, 1973; Katz y Ullmer, 1972;
Needleman, 1977). Esto podría explicarse teniendo en cuenta los estudios de
Werker (1982), Werker, Gilbert, Humphrey y Tees (1981); Werker y Tees (1984)
los cuales han demostrado que durante la segunda parte del primer año, los
infantes pueden gradualmente perder capacidad para distinguir contrastes
sonoros no usados en su idioma nativo.
Imaginemos que en ese primer año el bebé ha
presentado episodios de otitis media. Obviamente escuchará el habla de manera
distorsionada y se conformarán engramas auditivo - articulatorios igualmente
distorsionados. Una vez tratada farmacológicamente y curada la otitis, le será
muy difícil al niño reestructurar esos engramas, según los parámetros dados por
el medio lingüístico circundante y se registrará posiblemente un retraso en el
desarrollo del lenguaje. Ya sabemos cómo repercutiría tentativamente esto en la
adquisición de la lecto - escritura. De otro lado, la presencia de un agente
extraño dentro del oído medio podría ampliar la latencia entre la producción
del sonido por la fuente sonora y la recepción del mismo en el oído interno, lo
cual desequilibraría la asociación visuo - auditiva de la corriente del habla y
la percepción rítmica, que afectaría con seguridad el aprendizaje del habla en
una forma adecuada(Butler,
1981; Protti, Young & Byrne, 1980).
Continuando con el tema, las habilidades para el eficiente y
preciso procesamiento auditivo son particularmente cruciales para los niños,
debido a que las deficiencias que se presenten en su conformación a menudo
producen problemas para el aprendizaje de la lectura (Bakker & deWitt,
1977; Kaluger & Kolson, 1969; Knox & Roesser, 1980; Rampp, 1980;
Tarnopol & Tarnopol, 1977). Por otra parte, la jerarquización de los
eventos que conducen a la adquisición normal de las habilidades necesarias para
tal área escolar depende en grado sumo del correcto procesamiento de la
información auditiva y es probablemente
el mejor predictor de éxito en la escuela (Kurland & Colodny, 1969; Rampp,
1980; Yule & Rutter, 1976).
CONDICIONES PARA LA LECTURA LABIOFACIAL
Como se decía en la introducción, la
primera y más importante condición es el dominio o aprendizaje de la lengua
oral, por lo cual, dentro de un esquema educativo o rehabilitativo, favorece más
a quienes presentan hipoacusias leves a moderadas y a aquellos que han perdido
su audición después de haber aprendido y utilizado la lengua de su país.
La lectura labiofacial requiere
condiciones especiales de luminosidad, visibilidad y proximidad. Es recomendable que el interlocutor esté
ubicado a una distancia entre uno y tres metros, con luz ambiente o artificial
que favorezca la apreciación de su cara, la cual debe estar lo más cercana
posible a la altura de los ojos del receptor.
Es evidente la relación entre inteligencia,
capacidad perceptual, memoria, conocimiento y experiencia de la personas con
deficiencia auditiva para el uso funcional de la lectura labiofacial. Los
mejores labiolectores apenas captan el 35% de las palabras aisladas y el 5% de
las palabras dentro de una oración o conversación. El resto deben inferirlo o
deducirlo de la situación o tema que se trate, con base en su conocimiento
previo. Por lo tanto, personas con bajo nivel de inteligencia y léxico,
deficiencias visuales, poca instrucción o limitado conocimiento y manejo de la
lengua oral de su medio, obtendrán mínimos logros con esta técnica.
De otro lado, son absurdos los clichés
que se observan en las películas de ficción donde los espías descubren secretos
simplemente leyendo los labios del enemigo.
Para niños o jóvenes con sordera congénita
o prelocutiva se requiere una estimulación auditiva precoz, con una adecuada
fuente de amplificación (audífono o implante coclear), entrenamiento del habla
y / o lengua de señas que le permitan adquirir la lectoescritura, anteriores o
trabajados paralelamente con la lectura labiofacial.
CONCLUSIÓN
La Lectura Labiofacial podría decirse que es un fenómeno innato del ser humano que normalmente se comunica mediante la modalidad auditivo – oral. En la educación a personas con sordera se convierte en una técnica que complementa el entrenamiento auditivo y del habla. Para este propósito, hay mejores resultados en personas que presentan hipoacusia o sordera postlocutiva, con inteligencia normal o superior y conocimiento amplio de la lengua oral.
Para mayor información,
visite al Terapeuta del Lenguaje / Fonoaudiólogo más cercano, que tenga la
suficiente experiencia en este campo.
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