TRASTORNOS DE LA FLUIDEZ DEL HABLA: TARTAMUDEZ
Por: Néstor Antonio Pardo Rodríguez
Terapeuta del Lenguaje / Fonoaudiólogo
Profesional Titulado por la Universidad Nacional de Colombia
Correo Electrónico: fonoleng@gmail.com
Celular 73238430 ó 79601745 LA PAZ. BOLIVIA.
INTRODUCCIÓN
Las dificultades que una persona
presenta para su comunicación, a menudo constituyen una de las mayores
limitantes para la interacción social, así como para su salud mental y la de su
familia.
La Tartamudez podría definirse como una
serie de cortes, interrupciones y / o repeticiones que afectan la continuidad o
fluidez del discurso hablado, las cuales se acompañan, algunas veces, de
tensión muscular y emocional, tics, movimientos asociados de zonas cercanas a
los órganos fonoarticuladores y accesorios de otras partes del cuerpo. Estas
interrupciones o repeticiones podrían
ser la expresión visible de la interacción de determinados factores biológicos,
psicológicos, educativos, culturales, familiares y sociales.
El Terapeuta del Lenguaje, Terapeuta de
la Comunicación, Fonoaudiólogo o Logopeda es una figura de vital relevancia en
el proceso de evaluación, diagnóstico e intervención terapéutica de personas
que presentan este trastorno del habla.
Trataremos aquí de describir lo que ocasiona este trastorno y
algunas pautas para que la familia pueda prevenirlo.
LA
TARTAMUDEZ
Según datos estadísticos, dos (2) de
cada cien (100) personas en el mundo presentan una tartamudez en algún momento
de su vida, con un rango de 4 a 1 entre hombres y mujeres. Es decir, por cada 4
hombres hay 1 mujer que tartamudea. Un amplio porcentaje de los niños entre dos
(2) y siete (7) años de edad pasan por una etapa normal de su desarrollo
durante la cual tartamudean.
Todavía no hay respuestas exactas
acerca de las causas de la tartamudez. Cuando algunos niños tartamudean, a
menudo comienzan a desviar sus ojos sin mirar de frente al interlocutor, mueven
o sacuden la cabeza o las manos, parpadean y mueven la boca exageradamente. La
tartamudez persistente, es improbable que desaparezca con la edad, por lo cual
es recomendable acudir al Terapeuta del Lenguaje / Fonoaudiólogo.
En un amplio número de casos, la
tartamudez puede ser aprendida.
¿CÓMO
ES POSIBLE ESTO?
De los 3 a 5 años, aproximadamente los
niños atraviesan por un periodo normal de tartamudez. Por lo general pueden
repetir una sílaba o se demoran para iniciar la pronunciación de una palabra.
Esto se debe a que ya manejan una buena cantidad de palabras y la forma de
combinarlas, pero no están muy seguros de si lo están haciendo bien. Para ello
necesitan la guía de los padres. Estos a veces se asustan y cuando el niño
repite algo, lo corrigen, le expresan que así no se dice. Otros lo regañan fuertemente,
se burlan o lo imitan. El niño en lugar de obtener un apoyo, encuentra un
rechazo. Esto lo puede marcar y originar una real tartamudez.
El niño en edad pre - escolar está muy
ocupado aprendiendo a hablar, por ello comete errores en el habla llamados
"disritmias del discurso" o "tartamudez funcional o
fisiológica", dependiendo de los diversos autores que tratan el tema.
¿CUÁLES
SON LOS FACTORES QUE PUEDEN DESENCADENAR UNA TARTAMUDEZ?
A menudo hay cuatro factores que se
asocian muy estrechamente, y cuya combinación puede generar la Tartamudez:
v
Padres muy ansiosos, exigentes,
agresivos o drásticos con su hijo (a), quienes esperan que él (ella) hable,
piense y actúe como adulto y no como el niño (a) que es.
v
Retrasos en el Desarrollo del
Lenguaje.
v
Un clima hogareño tenso, competitivo y
de mínimas oportunidades de diálogo entre sus integrantes.
v
Vinculación a Centros Educativos con
niveles de exigencia superiores a las capacidades actuales del niño.
Los afanes de la vida moderna han desencadenado un hecho latente como es la
desvinculación de la familia dentro del periodo de formación inicial del ser
humano. Los niños de finales del siglo XX y comienzos del XXI son llamados “niños
de apartamento” o “niños de guardería”. Para ellos las figuras materna y
paterna son prácticamente inexistentes o son ejercidas por las empleadas
domésticas o técnicas de preescolar y el infaltable televisor o los juegos
electrónicos. La familia es el elemento fundamental para el desarrollo integral
de la persona. En la dinámica interior de la misma se generan procesos de
reflexión y toma de decisiones que implican la reorientación y reconstrucción
de la vida hogareña, cada vez que llega un nuevo integrante a la misma. Esto se
ratifica aún más cuando el nuevo integrante presente Necesidades Educativas
Especiales relacionadas con el ambiente, la discapacidad o aptitudes
sobresalientes, y quien debe ser aceptado. Aceptación
significa reconocer el derecho de la persona a su dignidad y respeto, a pesar
de su problemática. Es percibir al individuo tal como es, incluyendo sus
habilidades y limitaciones, actitudes, sentimientos y comportamientos.
De
otro lado, cada vez los niños van más temprano a las guarderías, nidos, hogares
comunitarios o centros de educación inicial o preescolar. Estas instituciones
en general está pensadas para la educación de niños con características
homogéneas y a menudo la exigencia que se hace a los niños está por encima de
sus posibilidades reales. Los padres presionan para que sus hijos aprendan a
hablar más rápido, utilicen un segundo idioma y hasta que salgan leyendo y escribiendo
antes de ingresar a la primaria. Quienes
no alcanzan estos niveles y se diferencien por sus dificultades o dotes
excepcionales van siendo segregados y derivados a sistemas y/o servicios
especiales de atención. Aquí comienza el peregrinaje de los padres a consultas
especializadas y diversos profesionales para que “curen” a su hijo y pueda ser
reintegrado a su centro educativo.
¿QUÉ
HACER PARA PREVENIR LA TARTAMUDEZ?
1. Aprenda
a escuchar a su hijo y ofrézcale experiencias frecuentes y variadas fuera y
dentro de casa.
El padre
de familia actual, argumenta que "no tiene el tiempo" y / o la
formación necesaria para asumir su rol en un mundo cambiante. En el hogar, la
comunicación se limita a lo mínimo para la supervivencia o solamente se produce
información vaga, órdenes para realizar acciones puntuales o expresiones con
tendencia a castigar. Por lo tanto, se genera cierto grado de deprivación
sensorial producido por la insuficiente calidad y cantidad de estímulos
lingüísticos. Esta, a su vez, genera una respuesta fisiológica alterada, y por
lo tanto, un trastorno en el desarrollo del sistema nervioso central que afecta
la adquisición del lenguaje.
La
interacción de los padres con el niño, en el hogar, es el punto de partida para
su formación como sujeto social, capaz de comunicarse, participar realmente y
de acuerdo con sus posibilidades en el medio social, cooperar, construir
conocimientos y expresarse libre y creadoramente. Educar en este contexto,
supone facilitarle al niño experiencias e instrumentos variados, cada vez más ricos
y complejos, para que construya aprendizajes realmente significativos, de
acuerdo a su nivel evolutivo y al contexto sociocultural en el que vive.
Nelson (1985), demostró que los niños
que gozaban de la oportunidad de salir más a menudo de sus casas, tenían
mayores niveles de adquisición de lenguaje que otros niños. Las salidas y el
cambio de actividades rutinarias dentro del hogar, pueden generar diversas
experiencias que proporcionan tanto el contenido como la motivación para
compartirlas mediante el discurso.
Durante el
siglo XIX, y de modo más intenso en el siglo XX, se va consolidando la relación
del binomio juego y educación. El "aprender jugando", se va
apoderando de la realidad familiar y escolar. Podemos encontrar las ideas de
autores como Pestalozzi y Fröebel, los aportes desde el campo de la educación
especial de Montessori o Decroly, la innovación metodológica propiciada por la
Escuela Nueva y las generadas a partir de la obras de Wallon y Vygotsky, entre
otros.
Cada
individuo, desde que nace, interactúa con un ambiente y tiene una serie de
experiencias que le permiten paulatinamente comprender, valorar y prospectar su
propia existencia. Posee unas características que varían de acuerdo con el
proceso evolutivo, las cuales están determinadas por variables madurativas,
hereditarias y heurísticas, lo que representa un conocimiento del niño como
individuo único e irrepetible, que tiene unas potencialidades a aprovechar en
el medio circundante y susceptible al cambio, dada la permeabilidad en su estructura
psíquica.
El
ambiente de y para la educación será todo el entorno que rodea a la persona,
sin necesidad de crear uno específicamente para este fin. Corresponde a la
familia el establecimiento de unas relaciones reforzantes con el niño, la
creación de un ambiente de estimulación desde períodos tempranos del desarrollo
lo que repercute significativamente en la competencia social, desempeño
intelectual e independencia personal, entre otros. Se
deben buscar las ocasiones para jugar con el niño, ojalá en el suelo, con
elementos manipulables (animales, carros, muñecos, etc., de materiales
durables). Se pueden crear situaciones, moviendo los juguetes y narrando lo que
está pasando.
2. Muéstrese
entusiasmado por comunicarse.
A ninguno de nosotros se nos ocurriría
hablar con alguien que no parece interesado en lo que estamos diciendo. El
interlocutor ayuda a mantener el interés del niño por comunicarse, con sus
respuestas, comentarios y preguntas de final abierto, cuando es posible, con el
fin de permitir la ampliación en la longitud y profundidad del tema.
Trate de no hacer preguntas cerradas al
niño; es decir aquellas que se responden con un sí o un no. Recuerde que
comunicarse no es pedirle al niño que repita palabras. Es conversar.
Harris (1988) afirma que un rasgo
central de cualquier intercambio comunicativo es la expectativa de influir
sobre otro individuo. Así, la comunicación presupone una comprensión de lo que
ciertas acciones o sonidos pueden significar para otras personas y una decisión
para ejecutar aquellas acciones o sonidos, con el fin de evocar tales
significados.
La pregunta que surge, continúa el
citado autor, es cómo los bebés y los niños pequeños se hacen conscientes de su
capacidad para mantener interacciones sociales. Una solución al problema es
pensar que éstos desarrollan la intencionalidad como resultado de observar a
sus mayores responder ante sus acciones ejecutadas al azar, calificándolas
erradamente como si fueran intencionales (Ryan, 1974; Shotter, 1975; Newson,
1979). En la misma forma, en una etapa posterior, a las acciones particulares
(por ejemplo, alcanzar un objeto) se les puede atribuir un significado social
especial y así tomar las características de las mismas por gestos (es este
caso, señalar).
3. Busque
información acerca de las etapas del desarrollo del lenguaje del niño.
Como
decíamos anteriormente, la interacción de los padres con el niño, en el hogar,
es el punto de partida para que aprenda a comunicarse, participar realmente y
de acuerdo con sus posibilidades en el medio social, cooperar, construir
conocimientos y expresarse libre y creativamente. Educar en este contexto,
supone facilitarle al niño experiencias e instrumentos variados, cada vez más
ricos y complejos, para que construya aprendizajes realmente significativos, de
acuerdo a su nivel evolutivo y al contexto sociocultural en el que vive.
La validez
de un acto comunicativo no se puede entender por aislado como la adecuada
emisión de oraciones sintáctica y semánticamente bien estructuradas. Implica
partir de un individuo que tiene un "Mundo Interno Subjetivo"
caracterizado por sus conocimientos, experiencias, cultura, pertenencia a una
familia y a un grupo social, estado de salud, anímico, etc., el cual en determinadas circunstancias, un lugar y un momento específicos tiene la intención de informar algo a otro individuo con un "Mundo Interno Subjetivo" diferente, con el fin de lograr un acuerdo enmarcado en una situación contextualizada. Este acuerdo proposicionalmente diferenciado externamente merced a la estructura lingüística tiene que ser aceptado internamente como válido por los participantes. Es decir, no puede quedar en el aire la duda acerca de la intencionalidad real que tenían los interlocutores al expresarse.
Un amplio
número de estudios han reportado cómo el discurso de tanto adultos como niños
se relacionan con actividades específicas. Wood, McMahon y Cranstoun (1980);
Bruner (1983); y Tizard y Hughes (1984) han explicado la manera en la cual
ciertas actividades favorecen la comunicación. Por ejemplo, cuando un adulto y
un niño pequeño (alrededor de los 18 meses) leen juntos un libro, la rutina de
sentarse cerca y voltear las páginas ayuda a establecer exactamente de qué se
está hablando. Además, la estructura de la actividad y su naturaleza repetitiva
hacen más fácil para el primero predecir la respuesta lingüística del segundo.
En conjunto, estas características incrementan las oportunidades de que el
adulto sea capaz de determinar lo que el niño está intentando decir, aunque su
articulación (pronunciación) todavía tenga un pobre desarrollo. De otro lado,
las expectativas convencionales acerca de qué significados son apropiados para
la actividad permite inferir una estrecha gama de posibles interpretaciones y
se reduce la posibilidad de que se confunda la intencionalidad del niño
(Scollon, 1979).
Hacia los
2 ó 3 años, ya el niño tiene el dominio de un amplio número de palabras, lo
cual hace que se inicie la producción de frases y oraciones. Como todavía no
maneja todas las reglas del idioma y tiene dificultad para producir algunos
sonidos del habla, ocasionalmente repite sonidos, sílabas, palabras o partes de
la oración. Los padres deben entender que él o ella se sienten evaluados
constantemente y se ponen nerviosos. Mucho más nerviosos, al ver al padre o a
la madre ansiosos o asustados por la forma de hablar del niño.
Una
enseñanza: escúchenlo con calma, sin ansiedad, sin angustia. No importa que se
equivoque. Valoren más lo que les quiere decir, que la forma como lo dice.
Denle la oportunidad de equivocarse .
4. Mantenga la calma cuando el niño
comienza a hacer gestos con su cara, se retuerce las manos, aprieta sus ojos,
etc., al tiempo que tartamudea.
Trate de
aplicar lo tratado en el punto 1 de este apartado. Sin embargo, sería
recomendable que consultara con un Terapeuta del Lenguaje, Fonoaudiólogo o
Logopeda para que lo asesore. Y más conveniente aún, si este profesional
trabaja en armonía con un Psicólogo, para enseñarles a Uds. y a su hijo a controlar la ansiedad y evitar o
manejar situaciones que la provocan.
LA TARTAMUDEZ DESPUÉS DE LOS 5 AÑOS, ADOLESCENCIA Y ETAPA
ADULTA.
Las recomendaciones
anteriores son perfectamente válidas para estos momentos. La asesoría tanto del
Terapeuta del Lenguaje como del Psicólogo es necesaria para la familia, la
persona que presenta tartamudez, los maestros y los compañeros de colegio,
universidad o trabajo. Todos deben colaborar, tratando de hacer menos
tensionante el ambiente y evitando burlas por la presencia de tartamudez.
El
Terapeuta del Lenguaje le dará pautas y estrategias a la persona `para
controlar su tartamudez y el Psicólogo orientaciones para controlar su
comportamiento en situaciones tensionantes.
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