ESTIMULACIÓN LINGÜISTICA DEL NIÑO EN EL HOGAR Y LA COMUNIDAD

 

Por: Néstor Antonio Pardo Rodríguez. (*)

taouniv@yahoo.com

PUNO, PERÚ

 

INTRODUCCIÓN

Soy un Terapeuta del Lenguaje Logopeda o Fonoaudiólogo Colombiano. He colaborado con diversas entidades que atienden personas que presentan alteraciones en el desarrollo del habla y el lenguaje, problemas de aprendizaje, parálisis cerebral, sordera, o retardo mental, en Bolivia, Colombia, Nicaragua y Perú.

 

En la actualidad los enfoques de atención en el área del lenguaje, compactan un perfil pragmático - semántico - comunicativo, con la perspectiva de la reorganización cerebral y la rehabilitación basada en la comunidad.

Aunque suena un poco raro y confuso, en el fondo es algo práctico.

·         Creemos que estimulando el lenguaje, en forma natural, por medio del diálogo y el juego, el cerebro puede aprender. Si hay zonas del lenguaje dañadas, otras zonas pueden tomar la función de éstas. Lo importante es el estímulo constante, sistemático, adecuado a las condiciones del niño y su familia, desde las etapas más tempranas del desarrollo.

·         Buscamos que el niño se comunique. Algunas modalidades comunicativas son: miradas, sonrisas, balbuceo, palabras habladas, indicación en tableros comunicativos, signos manuales, etc.

·         El Terapeuta del Lenguaje, Logopeda o Fonoaudiólogo asesora a los compañeros de trabajo (Fisioterapeutas, Psicólogos, Maestros, etc.) y a los padres de familia. Ellos son básicamente los que podrían o deberían hacer la intervención, en la mayoría de los casos. El Terapeuta del Lenguaje, Logopeda o Fonoaudiólogo observa, corrige y proporciona nuevas ayudas o asesorías para que el proceso avance, sin estar presente todo el tiempo e interviene en forma directa, cuando sea necesario.

Una de las ayudas que puede ofrecer un Fonoaudiólogo, Terapeuta del Lenguaje o Logopeda es proporcionar modelos adecuados para hacer participar a la madre y al padre, proponerles que se acerquen y le hablen al hijo, promoviendo la recuperación del diálogo entre los padres y el niño, sobre todo en el caso de niños con discapacidades severas. La competencia comunicativa se adquiere desde la infancia. Los padres se convierten en interlocutores de las necesidades y afectos de su hijo y le ofrecen el modelo para el aprendizaje de estructuras lingüísticas, mucho antes de que el niño pueda hablar.

 

COMPETENCIAS DEL PROFESIONAL EN COMUNICOLOGÍA

Al intentar llegar a las raíces que originaron la Terapia del Lenguaje / Fonoaudiología en Colombia, es necesario dirigir nuestros ojos hacia los Estados Unidos, donde la profesión se orientó desde los primeros años del siglo XX a las escuelas públicas, como parte de una conciencia en la responsabilidad  por atender las brechas generadas por la heterogeneidad discursiva de los estudiantes y las alteraciones comunicativas más que todo presentes en el habla oral. También la Audiología se inició desde el campo educativo, proporcionando atención “especializada” a las personas con alteraciones auditivas.

 

Hasta antes de la Segunda Guerra Mundial la profesión estuvo circunscrita básicamente en aquel país al sector educativo. Sólo a partir de aquel momento se generó una mayor participación en la salud al designar Terapeutas del Lenguaje a los Departamentos de Rehabilitación de los Hospitales Militares para atender adultos con desórdenes en el lenguaje como consecuencia de lesiones cerebrales. Por su parte, en Europa se vinculó prácticamente desde su nacimiento al sector salud. 

 

En los años 20 surgen las primeras acciones por desarrollar una disciplina profesional que se encargara de prestar servicios especializados a las personas con desórdenes en la comunicación, siendo quizás una de las más significativas la del Psicólogo Carl Emil Seashore en la Universidad de Iowa, quien con la cooperación de diferentes departamentos de ésta, preparó a Lee Edward Travis, posiblemente el primer individuo en el planeta que se puede catalogar como Profesional en Terapia del Lenguaje/Fonoaudiología y que en 1927 es nombrado como el primer director de la Clínica del Lenguaje en tal Universidad.

 

Retornando a Colombia, la disciplina también dio, empíricamente, sus primeros pasos en la educación, especialmente con personas que presentaban limitaciones auditivas y mentales, hasta que en 1966 se inician los primeros programas académicos en la Universidad Nacional (que se ha caracterizado con una clara orientación estadounidense) y en la Escuela Colombiana de Rehabilitación (con orientación más europea), en Santa Fe de Bogotá, las cuales formaron Técnicos en Terapia del Lenguaje y Fonoaudiología, respectivamente hasta 1976, cuando se transforma en Licenciatura. A partir de 1980, la Terapia del Lenguaje / Fonoaudiología pasa a ser una profesión del área de la salud, y se legaliza su ejercicio mediante una Ley aprobada en el Congreso de la República en 1994, la cual unifica el título de “FONOAUDIOLOGO”, como equivalente a las dos denominaciones anteriores, aunque ninguna de ellas colma la expectativa de identificar con propiedad el papel de este profesional.

 

Entre las competencias del Terapeuta del Lenguaje, Fonoaudiólogo, Logopeda, o Comunicólogo, se encuentran:

·         Comprensión y explicación de los fenómenos y problemas de la comunicación humana y sus desórdenes.

·         Promoción de la salud comunicativa y prevención de los desórdenes de comunicación que deterioran la calidad de vida.

·         Interpretación y generación de información epidemiológica de la discapacidad y de los factores protectores y de riesgo asociados a la salud comunicativa.

·         Gerencia de servicios.

·         Investigación en el campo de la comunicación humana y sus desórdenes y en áreas afines.

 

  LENGUAJE Y DISCURSO ORAL

El lenguaje es una facultad de la mente humana con base en la cual se codifica o descodifica un mensaje. Tal facultad se operacionaliza o implementa, mediante una estructura neuropsicológica conformada por una red de alta complejidad de mecanismos y centros nerviosos especializados genéticamente en:

·         la organización de la producción y el reconocimiento de las cadenas sonoras del habla;

·         las reglas que gobiernan el ordenamiento secuencial de las palabras en frases y oraciones;

·         y el sistema de significado que se adhiere a éstas, como consecuencia de las experiencias cotidianas y la interacción social del individuo en una variedad de situaciones comunicativas.

Es importante señalar que los centros cerebrales relacionados con el lenguaje se formaron y evolucionaron a medida que el hombre necesitó una comunicación más eficaz para la supervivencia de la especie y la tecnificación del trabajo.

Luria (1978) indica que el lenguaje se pudo originar en la actividad productiva y surgió bajo la forma de movimientos manuales abreviados que representaban ciertas actividades laborales y gestos señalizadores mediante los cuales los humanos se comunicaban entre sí. Sólo en el curso de un periodo histórico muy largo en el cual, generación tras generación, fueron apareciendo dispositivos neurológicos cada vez más especializados, se llegó a realizar la disociación entre gesto y sonido.

Los sonidos que el hombre primitivo emitía reiteradamente en una situación determinada provocaban una actividad analítico - sintética diferenciada de los analizadores auditivo y fónico - motor. La satisfacción de sus necesidades, posterior a tal conducta, reforzaba la correspondiente reacción vocal, así como la adecuada imagen acústica, afianzando en la corteza las asociaciones útiles (Spirkin, 1962).

Durante este proceso, se desarrolló un complejo código oral mediante el cual era posible no sólo representar objetos separados, sino abstraer la acción y la cualidad, categorizar a los objetos, representar sus relaciones más complejas y transmitir sistemas globales de conocimiento. El lenguaje, entonces, surge por la necesidad que tiene el hombre de relacionarse con sus semejantes y explicar su acción en el mundo.

Todas las estructuras cerebrales identificables están presentes desde el nacimiento, pero el desarrollo de las células continúa, incrementando la complejidad de la estructura dendrítica y expandiendo sus conexiones con otras neuronas (DeConde,1984), según la estimulación que se proporcione al niño y una adecuada nutrición.

 

¿MI HIJO PODRÁ HABLAR?

Muchos padres se preocupan porque su hijo está demorado para hablar. Esto podría explicarse en razón de que en los primeros meses de vida no lo han estimulado adecuadamente.

 

¿Para qué hablarle,

si no me oye,

o no me entiende?

 

Esta expresión y otras parecidas son utilizadas por algunos de los padres para justificar tal conducta.

·    Lo que no saben quizás ellos, es que el bebé puede captar y comprender (a su manera) todo lo que hablan sus padres desde el tercer mes de gestación (embarazo). Desde esta edad prenatal, hasta los dos (2) o tres (3) años se puede definir un período más sensible para la adquisición de la lengua materna (propia de la comunidad en que vive), con un período crítico entre el nacimiento y los 8 meses de edad, momento clave para que el niño esté estimulado permanentemente por sus padres, hablándole cuando lo bañan, visten o alimentan, más aún si el niño presenta algún tipo de discapacidad (sordera, retardo mental, parálisis cerebral, etc.).

Harris (1988) afirma que un rasgo central de cualquier intercambio comunicativo es la expectativa de influir sobre otro individuo. Así, la comunicación presupone una comprensión de lo que ciertas acciones o sonidos pueden significar para otras personas y una decisión para ejecutar aquellas acciones o sonidos, con el fin de evocar tales significados.

La pregunta que surge, continúa el citado autor, es cómo los bebés y los niños pequeños se hacen conscientes de su capacidad para mantener interacciones sociales. Una solución al problema es pensar que éstos desarrollan la intencionalidad como resultado de observar a sus mayores responder ante sus acciones ejecutadas al azar, calificándolas erradamente como si fueran intencionales (Ryan, 1974; Shotter, 1975; Newson, 1979). En la misma forma, en una etapa posterior, a las acciones particulares (por ejemplo, alcanzar un objeto) se les puede atribuir un significado social especial y así tomar las características de las mismas por gestos (es este caso, señalar).

 

COMUNICACIÓN Y FAMILIA

Las familias que tienen éxito en la adecuada estimulación del lenguaje y el habla en sus hijo, seleccionan los niveles del discurso en función de la capacidad del niño para entender el mensaje y no por su habilidad para producirlo. Un discurso demasiado simple no motiva al niño para aprender nuevo vocabulario o nuevas estructuras gramaticales. Y el discurso demasiado complejo es difícil de comprender. La emisión verbal ideal se compone de un 90% de palabras y estructuras gramaticales que conoce el niño y un 10% de nuevas palabras o estructuras.

Slobin (1973) encontró una serie de estrategias que se utilizan con niños que presentan un desarrollo normal, para el aprendizaje de su idioma. Una de las más importantes es que los adultos usan nuevas formas (palabras) con viejas estructuras (gramática), o viejas formas (palabras) con nuevas estructuras (características gramaticales).

¿Por qué se pone más atención a que los niños adquieran nuevas palabras, hablen más claramente o usen enunciados más largos y no en el mensaje? Cualquier persona, cuando no se le entiende, se siente frustrada y reduce sus intentos por comunicarse. Si los interlocutores corrigen siempre la forma de expresarse del niño, lo que éste aprende es que dicha forma es más importante que su contenido. Hay que moldear el discurso, más que corregir, repitiendo la forma adecuada de las producciones poco inteligibles del niño, como al descuido, sólo en determinados momentos.

 

¿QUÉ HACER PARA PREVENIR LOS RETRASOS EN EL DESARROLLO DEL HABLA O LENGUAJE?

1.     Asegurarse de que el niño no tiene una pérdida auditiva o malformaciones en las estructuras del habla.

Los niños con pérdidas auditivas, sean permanentes o intermitentes por un largo tiempo, no se benefician suficientemente de la estimulación normal del lenguaje para mantenerse dentro de los parámetros temporales normales para la adquisición de éste. Diversos investigadores han reportado que el aprendizaje se retrasa en niños con estas patologías (Eisen, 1962; Holm y Kunze, 1969; Kaplan, Fleshman y Bender, 1973; Katz y Ullmer, 1972; Needleman, 1977). Esto podría explicarse teniendo en cuenta los estudios de Werker (1982), Werker, Gilbert, Humphrey y Tees (1981); Werker y Tees (1984) los cuales han demostrado que durante la segunda parte del primer año, los infantes pueden gradualmente perder capacidad para distinguir contrastes sonoros no usados en su idioma nativo.

Imaginemos que en ese primer año el bebé ha presentado episodios de otitis media. Obviamente escuchará el habla de manera distorsionada y se conformarán engramas auditivo - articulatorios igualmente distorsionados. Una vez tratada farmacológicamente y curada la otitis, le será muy difícil al niño reestructurar esos engramas, según los parámetros dados por el medio lingüístico circundante y se registrará posiblemente un retraso en el desarrollo del lenguaje. Ya sabemos cómo repercutiría tentativamente esto en la adquisición de la lecto - escritura. De otro lado, la presencia de un agente extraño dentro del oído medio podría ampliar la latencia entre la producción del sonido por la fuente sonora y la recepción del mismo en el oído interno, lo cual desequilibraría la asociación visuo - auditiva de la corriente del habla y la percepción rítmica, que afectaría con seguridad el aprendizaje del habla en una forma adecuada.

De otro lado, Stark (1988) estudió el desarrollo fonológico de 45 bebés, con edades entre los 2 y los 18 meses, aparentemente normales de acuerdo con los reportes del nacimiento y antecedentes pediátricos. Ella examinó a 30 de éstos cuando estaban en segundo grado y concluyó que las subsecuentes dificultades en la lectura podrían predecirse sobre la base de la identificación temprana de un retraso en el desarrollo fonológico. Sugirió que un significativo incremento en la latencia del desarrollo de las habilidades motoras del habla debería considerarse como predictor de la dificultad para la lectura. Broman, Bien y Shaughnessy (1985) en una investigación sobre los niños con bajos niveles de adquisición de la lectura notaron que éstos tienden a presentar una historia de problemas en la producción e inteligibilidad del habla, sugestiva de un retraso en la maduración del sistema nervioso central.

2.     Las familias deben ofrecer a los niños experiencias frecuentes y variadas fuera y dentro de casa.

Nelson (1985), demostró que los niños que gozaban de la oportunidad de salir más a menudo de sus casas, tenían mayores niveles de adquisición de lenguaje que otros niños. Las salidas y el cambio de actividades rutinarias dentro del hogar, pueden generar diversas experiencias que proporcionan tanto el contenido como la motivación para compartirlas mediante el discurso.

El padre de familia actual, argumenta que "no tiene el tiempo" y / o la formación necesaria para asumir su rol en un mundo cambiante. En el hogar, la comunicación se limita a lo mínimo para la supervivencia o solamente se produce información vaga, órdenes para realizar acciones puntuales o expresiones con tendencia a castigar. Por lo tanto, se genera cierto grado de deprivación sensorial producido por la insuficiente calidad y cantidad de estímulos lingüísticos. Esta, a su vez, genera una respuesta fisiológica alterada, y por lo tanto, un trastorno en el desarrollo del sistema nervioso central que afecta la adquisición del lenguaje.

La interacción de los padres con el niño, en el hogar, es el punto de partida para su formación como sujeto social, capaz de comunicarse, participar realmente y de acuerdo con sus posibilidades en el medio social, cooperar, construir conocimientos y expresarse libre y creadoramente. Educar en este contexto, supone facilitarle al niño experiencias e instrumentos variados, cada vez más ricos y complejos, para que construya aprendizajes realmente significativos, de acuerdo a su nivel evolutivo y al contexto sociocultural en el que vive.

Durante el siglo XIX, y de modo más intenso en el siglo XX, se va consolidando la relación del binomio juego y educación. El "aprender jugando", se va apoderando de la realidad familiar y escolar. Podemos encontrar las ideas de autores como Pestalozzi y Fröebel, los aportes desde el campo de la educación especial de Montessori o Decroly, la innovación metodológica propiciada por la Escuela Nueva y las generadas a partir de la obras de Wallon y Vygotsky, entre otros.

Cada individuo, desde que nace, interactúa con un ambiente y tiene una serie de experiencias que le permiten paulatinamente comprender, valorar y prospectar su propia existencia. Posee unas características que varían de acuerdo con el proceso evolutivo, las cuales están determinadas por variables madurativas, hereditarias y heurísticas, lo que representa un conocimiento del niño como individuo único e irrepetible, que tiene unas potencialidades a aprovechar en el medio circundante y susceptible al cambio, dada la permeabilidad en su estructura psíquica.

El ambiente de y para la educación será todo el entorno que rodea a la persona, sin necesidad de crear uno específicamente para este fin. Corresponde a la familia el establecimiento de unas relaciones reforzantes con el niño, la creación de un ambiente de estimulación desde períodos tempranos del desarrollo lo que repercute significativamente en la competencia social, desempeño intelectual e independencia personal, entre otros. Se deben buscar las ocasiones para jugar con el niño, ojalá en el suelo, con elementos manipulables (animales, carros, muñecos, etc., de materiales durables). Se pueden crear situaciones, moviendo los juguetes y narrando lo que está pasando.

3.     El interlocutor se muestra entusiasmado por comunicarse.

A ninguno de nosotros se nos ocurriría hablar con alguien que no parece interesado en lo que estamos diciendo. El interlocutor ayuda a mantener el interés del niño por comunicarse, con sus respuestas, comentarios y preguntas de final abierto, cuando es posible, con el fin de permitir la ampliación en la longitud y profundidad del tema.

Trate de no hacer preguntas cerradas al niño; es decir aquellas que se responden con un sí o un no. Recuerde que comunicarse no es pedirle al niño que repita palabras. Es conversar.

Harris (1988) afirma que un rasgo central de cualquier intercambio comunicativo es la expectativa de influir sobre otro individuo. Así, la comunicación presupone una comprensión de lo que ciertas acciones o sonidos pueden significar para otras personas y una decisión para ejecutar aquellas acciones o sonidos, con el fin de evocar tales significados.

La pregunta que surge, continúa el citado autor, es cómo los bebés y los niños pequeños se hacen conscientes de su capacidad para mantener interacciones sociales. Una solución al problema es pensar que éstos desarrollan la intencionalidad como resultado de observar a sus mayores responder ante sus acciones ejecutadas al azar, calificándolas erradamente como si fueran intencionales (Ryan, 1974; Shotter, 1975; Newson, 1979). En la misma forma, en una etapa posterior, a las acciones particulares (por ejemplo, alcanzar un objeto) se les puede atribuir un significado social especial y así tomar las características de las mismas por gestos (es este caso, señalar).

 

PRAGMÁTICA Y DESARROLLO COMUNICATIVO

La Pragmática se interesa por el estudio de las expresiones, en los contextos en que éstas se producen, incluyendo el perfil o las características de los interlocutores, sus intereses e intenciones, el estado de su conocimiento, el entorno físico de los alrededores, el tema a tratar, etc. Cualquier frase, oración o gesto, puede adquirir un significado adicional, y a veces totalmente diferente, en virtud del contexto en que se produce.

CONDUCTA PRAGMÁTICA

0 - 9 MESES DE EDAD>t;

Hacia los 2 ó 3 meses de vida, el bebé ya empieza a reconocer la voz de los padres y le gusta mirarlos a los ojos cuando le hablan.

·         Los padres o interlocutores pueden poner al bebé en su regazo para que los (las) mire, con la cara a 20 ó 30 centímetros de distancia de la suya (de frente). Se mueven hacia el frente y le hablan, sonriendo. Hacen una pausa y le dan la oportunidad de que el bebé les sonría, gorjee, se mueva o mueva su boca. Los padres pueden sonreír, hacer gestos divertidos, sacar la lengua, abrir y cerrar la boca u ojos ampliamente o mover la cabeza hacia adelante y hacia atrás mientras hablan, y siguen sonriendo…….

·         Hay que dar tiempo al bebé para responder. Apenas está aprendiendo a reconocer y controlar su cuerpo. 

En los primeros meses del bebé, su conducta comunicativa consiste en mirar fijamente, gritar, reír, vocalizar, agarrar y succionar. Bates (1976) ha descrito esta conducta como "actos prelocucionarios". El padre o la madre se interesan de alguna manera en la conducta comunicativa recíproca y esto enmarca las correlaciones más tempranas con su hijo. Tal etapa va hasta antes de los 9 ó 10 meses, cuando el infante inicia los "actos elocutorios"; es decir, envía mensajes señalando, entregando y mostrando. Bates (1977) sugiere que la cantidad de actos de señalar, entregar y mostrar que el niño inicia en esta etapa, es un indicador de qué tanto se podrá comunicar éste en una etapa posterior.

Durante este período el niño se interesa por las interacciones recíprocas, en la forma de toma – dame con un compañero de conversación (Bruner, 1975). Argyle e Ingram (1972) han notado que entre la madre y el niño hay varias formas de contacto visual convenidas para ser señales de intención, preparación e interacción.

 

9 - 18 MESES DE EDAD >

El niño está próximo a la etapa de las primeras palabras. Ya maneja muchos de los sonidos propios de su idioma nacional o materno (tiene una fonología) y los significados de un número importante de expresiones (semiología). Ahora va a tratar de hacerse entender, con mayor precisión.

Halliday (1975) indica que a falta de un vocabulario por parte del niño, éste presenta una variedad de funciones que pueden ser observadas por los padres, tanto en las producciones orales (sonidos), como en las no orales. Tales funciones describen los que el niño puede comunicar y son tomadas en consideración por los padres y el mismo niño.

Entre paréntesis se expresa la intención del niño. No es que produzca todavía estas frases u oraciones.

INSTRUMENTAL: Para satisfacer las necesidades del niño (Yo quiero).

REGULATORIA: Para ejercer control sobre las conductas de otros (Haz lo que digo).

INTERACCIONAL: Para establecer y mantener contacto con aquellos que le importan (Yo y tú).

PERSONAL: Para expresar la individualidad propia del niño y su propio saber (Aquí voy yo).

HEURÍSTICA: Para preguntar acerca del ambiente (Dime por qué).

IMAGINATIVA: Para actuar y simular (Simulemos).

INFORMATIVA: Para informar una experiencia en la que no participó el interlocutor (He logrado algo que te voy a contar).

 

LOS SISTEMAS DE COMUNICACIÓN NO – ORAL (NO VERBAL)

Las modalidades de comunicación no - oral son todas aquellas señas o señales relacionadas con situaciones de interacción comunicativa que no se catalogan como palabras escritas o habladas. Se relacionan con el uso de la voz y el cuerpo para complementar el significado del mensaje, e informan acerca del estado de ánimo o la intencionalidad de la persona que habla.

Los signos de los sistemas de comunicación no – oral, pueden regirse por códigos culturales o reacciones naturales, que reforman de alguna manera, el significado del discurso hablado. Pueden ser utilizados consciente o inconscientemente, realizando actos de comunicación ocasionalmente imperceptibles para el emisor, pero no para el receptor. Son de carácter polifuncional y tienen, entre otras, las siguientes funciones:

·         Iniciar interacciones comunicativas.

·         Introducir temas de conversación.

·         Mantener el tema.

·         Terminar las interacciones cuando sea pertinente.

·         Complementar, matizar o modificar el contenido o sentido de la información portada por un enunciado oral: especificar el contenido, confirmar, reforzar, debilitar, contradecir o camuflar.

·         Regular la interacción y toma de turnos.

·         Subsanar las deficiencias orales.

 

Dentro de estas modalidades complementarias, se puede contar con aspectos:

·         SUPRASEGMENTALES DEL HABLA: Algunos autores denominan "PARALENGUAJE" a este componente vocal del discurso, una vez se le ha eliminado su contenido. Comprenden el timbre o cualidad individual de la voz, el ritmo, la prosodia (entonación y pausas), y la intensidad.

·         KINÉSICOS (O QUINÉSICOS): movimientos y posturas corporales, incluidos la mirada y el contacto corporal.

·         QUÍMICOS: lágrimas, humedecimiento de ojos o de labios, sudor corporal etc.

·         CRONÉMICOS: concepción, estructuración y uso del tiempo.

·         DÉRMICOS: sonrojo, palidez, sequedad e irritación cutánea.

·         TÉRMICOS: cambios de temperatura corporal.

·         PROXÉMICOS: concepción, estructuración y uso del espacio (proximidad al interlocutor).

Hall (1964) estableció una caracterización en el manejo del espacio personal del ser humano, en cuatro niveles:

ESPACIO

DISTANCIA

Íntimo

15 a 46 cm.

Personal

46 cm a 1.20 m

Social

1.20 a 3.6 m

Público

Más de 3.6 m

 

PROXEMIA Y COMUNICACIÓN

Todos los seres vivos, incluyendo al ser humano, delimitan su territorio individual o espacio personal mediante señales o signos espaciales, visuales, orales, temporales, químicos, etc., que constituye una extensión del organismo.

La proxemia, junto con los aspectos supra – segmentales del habla, la kinesia y cronémica conforman las que se pueden llamar variables paralingüïsticas de la comunicación. El espacio que la persona utiliza al interactuar, tanto con objetos como con personas, informa sobre muchos aspectos inherentes a su estatus, intereses, intenciones etc.

Las primeras nociones sobre proxemia aparecieron en los estudios etológicos respecto a la conducta animal. Más tarde, este concepto fue recogido por los antropólogos y otras disciplinas, entre ellas la Terapia del Lenguaje, Fonoaudiología o Logopedia.

El espacio personal en oficinas, escuelas, prisiones etc., ha sido objeto de diversos estudios, con el fin de conocer y favorecer las interrelaciones entre sus potenciales "habitantes". La ubicación de muebles y otros elementos en el espacio, puede favorecer o perjudicar la comunicación. Unas sillas situadas en semicírculo facilitarán la interacción de los integrantes dentro de una institución, mucho más que si éstas se colocaran unas detrás de otras, formando hileras.

Estas razones evidencian la necesidad de considerar las normas proxémicas a la hora de diseñar las construcciones, teniendo en cuenta el uso que se le va a dar a las mismas y las características de aquellos que van a convivir o interactuar en ellas.

La distancia entre dos personas, generalmente es un indicador del deseo o intencionalidad por establecer una relación o interacción. Sin embargo, factores culturales como las jerarquías, la autoridad o el liderazgo, son variables que determinan el grado de proximidad espacial.

Es evidente que la proxemia es un componente de la cultura, de manera que la delimitación o empleo del espacio varía significativamente de un sistema cultural a otro.

La mayoría de los estudios sobre las diferencias culturales en la proxemia coinciden en la división entre culturas de contacto y culturas de no contacto. En la primera categoría se incluyen a los latinos, árabes y mediterráneos. En la segunda se encuentran los norteamericanos, europeos del norte y asiáticos.

Según Hall, los ingleses, por ejemplo, desde pequeños comparten el espacio con los hermanos, de modo que su actitud para con su propio espacio es bastante diferente a la de otras culturas. Para ellos la privacidad espacial no es tan relevante, sino que manejan interiormente una serie de barreras, levantadas para aislarse cuando están en presencia de otras personas. Es decir, son capaces de estar solos, aún rodeados de muchas personas. Por ello, para los ingleses la proximidad espacial no implica necesariamente relaciones, ni comunicación.

Los ingleses están acostumbrados a escuchar atentamente, a prestar atención, y mantienen contacto permanente ojo a ojo, en las conversaciones. Por esta razón necesitan mantener distancias de unos dos metros, como mínimo, para no distorsionar la imagen. Esta característica puede crear importantes problemas en la interacción con un indígena wayuu (de la Alta Guajira, en Colombia), ya que mirar a los ojos es violar su espacio y dignidad personal.

El espacio personal en las culturas mediterráneas y, sobre todo en las latinoamericanas, tiene unos límites más reducidos. Hay una mayor aproximación y participación sensorial, incrementándose el contacto ocular y físico en las interacciones.

Dentro de cada cultura, los interlocutores conocen implícitamente cuáles son las distancias más adecuadas para cada interacción o relación. Tales espacios manifiestan significados compartidos, fruto de la socialización, y predisponen formas de comportamiento para la obtención de determinados logros. 

 

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Afasia y Comunicación Alternativa

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Alimentación y Rendimiento Escolar

Desorden Pragmático Semántico

Dispraxia del Habla

Educación Especial y Terapia del Lenguaje

Inclusión Educativa y Social en Chiclayo, Perú

Juego y Desarrollo del Lenguaje

Lenguaje y Comunicación

Paradigmas de la Terapia del Lenguaje o Fonoaudiología

Problemas del Aprendizaje Escolar

Rehabilitación Basada en la Comunidad y Fonoaudiología

Sindrome de Down y Comunicación

Sonido, Habla y Fonoaudiología

Sordera y Educación

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