¡Viva Chile Mierda!

LEYENDAS CHILENAS


El Caleuche

Una de las tantas versiones de la leyenda del Caleuche, señala que es un buque que navega y vaga por los mares de Chiloé y los canales del sur. Está tripulado por brujos poderosos, y en las noches oscuras va profusamente iluminado. En sus navegaciones, a bordo se escucha música sin cesar. Se oculta en medio de una densa neblina, que él mismo produce. Jamás navega a la luz del día. Si casualmente una persona, que no sea bruja se acerca, el Caleuche se transforma en un simple madero flotante; y si el individuo intenta apoderarse del madero, éste retrocede. Otras veces se convierte en una roca o en otro objeto cualquiera y se hace invisible.

Sus tripulantes se convierten en lobos marinos o en aves acuáticas. Se asegura, que los tripulantes tienen una sola pierna para andar y que la otra está doblada por la espalda, por lo tanto andan a saltos y brincos. Todos son idiotas y desmemoriados, para asegurar el secreto de lo que ocurre a bordo. Al Caleuche, no hay que mirarlo, porque los tripulantes castigan, a los que los mira, volviéndose la boca torcida, la cabeza hacia la espalda o matándole de repente, por arte de brujería. El que quiera mirar al buque y no sufrir el castigo de la torcedura, debe tratar que los tripulantes no se den cuenta. Este buque navega cerca de la costa y cuando se apodera de una persona, la lleva a visitar ciudades del fondo del mar y le descubre inmensos tesoros, invitándola a participar en ellos con la sola condición de no divulgar, lo que ha visto. Si no lo hiciera así, los tripulantes del Caleuche, lo matarían en la primera ocasión que volvieran a encontrarse con él. Todos los que mueren ahogados son recogidos por el Caleuche, que tiene la facultad de hacer la navegación submarina y aparecer en el momento preciso en que se le necesita, para recoger a los náufragos y guardarlos en su seno, que les sirve de mansión eterna. Cuando el Caleuche necesita reparar su casco o sus máquinas, escoge de preferencia los barrancos y acantilados, y allí, a altas horas de la noche, procede al trabajo.

La Tradición del Diluvio: Ten-Ten y Cay-Cay

Hasta hoy, persiste entre los araucanos, la tradición de diluvio; pero los detalles se diferencian de una región a otra. Sin embargo, las diversas versiones coinciden en los puntos fundamentales. Se cuenta que, en tiempos remotos, hubo un gran diluvio o inundación, que los indígenas de la costa atribuyeron a una salida de mar, y los del interior, al derretimiento de grandes masas de nieve de la cordillera. Estos fenómenos se habrían producido por la voluntad de Cay-Cay, el espíritu de las aguas que, bajo la forma de una gran culebra, luchaba constantemente contra Ten-Ten, el espíritu de la tierra, también encarnado en otra culebra. Cay-Cay se propuso, finalmente, destruir la tierra con todos los seres que la poblaban, cubriéndola de aguas en toda su extensión. Pero, advertidos los hombres por Ten-Ten, se refugiaron en las altas montañas, lo que redobló la furia destructora de Cay-Cay. Las aguas siguieron subiendo de tal modo que Ten-Ten, se vio obligado a elevar la cumbre de las montañas, hasta las cercanías del Sol, lo que produjo la muerte por insolación de mucha gente. Agotada la provisión de agua de Cay-Cay, éste tuvo que retirarse bramando de despecho y de rabia, mientras las aguas comenzaban a bajar. Del diluvio, se salvaron los fundadores de todos los linajes mapuches conocidos. Otros hombres, que deseaban permanecer en la llanura, pidieron a Ten-Ten los preservara de las aguas convirtiéndolos en peces, anfibios, y rocas, y no recuperaron su forma humana. A veces, sin embargo, salían del mar en busca de las indias que iban a las playas a pescar o a mariscar y las acariciaban y luego tenían hijos con ellas. Ellos fundaron los linajes mapuches, que llevan apellidos de animales marinos.

El Trauco

Posee un privilegio que se lo envidiarían seres de características tan vagas como el Chupacabras. Se sabe exactamente su altura: 84 centímetros. ¿Cómo? Tal vez su cercanía con los humanos, y en especial con las mujeres, ha permitido esa y otras certidumbres. Porque el Trauco, una transposición del viejo mito del fauno o sátiro, es sexista. A los hombres, les causa torceduras y otras deformaciones con las que, al parecer, venga sus propios defectos. Es bajo, contrahecho, de piernas cortas y chuecas que terminan en un remedo de pie sin talón ni dedos, lo que le hace cojear y le obliga a usar un bastón, el pahueldún, compañero inseparable que porta en la otra mano.

¿Y su relación con las mujeres?

Cuando encuentra a una mujer sola, su talante hostil y pendenciero desaparece para dar paso a la pasión. Para seducirla, no escatima promesas ni magias, como convertirse en un hombre joven y apuesto. Ahora, sí ese galán se parece a un chilote de carne y hueso, no es responsabilidad del Trauco.

La Pincoya

El folclor chilote está poblado de personajes míticos y de historias y leyendas de profunda raigambre popular. Entre éstos personajes, uno de los más famosos, son el Trauco, enano malvado que atrae y seduce a las mujeres jóvenes. También la Flura, el Millalobo, el Invunche, el Tacán, La Pincoya, el Ruende, La Viuda, la Voladora, el Camahueto, el Piguchén, el Balístico y el Cuchivilú, son entes que moran en la fantasía de la zona chilota. Sobre uno de estos míticos seres, la Pincoya, se cuenta lo siguiente: La Pincoya, es una sirena o ninfa que a veces anda acompañada por su marido, el Pincoy. Ambos son rubios. En algunas ocasiones, abandona el mar y va de excursión por lagos y ríos. Su misión es fecundar los peces y los mariscos bajo las aguas y de ella depende la abundancia o escasez de estos productos. Atrae o aleja de la costa a los peces y mariscos. Cuando un pescador ve de mañana surgir de las profundidades de las aguas a la Pincoya y ésta danza en la playa mirando hacia el mar extendiendo sus hermosos brazos, hay alegría en todos, porque éste baile es anuncio de pesca abundante. Si danza mirando hacia la costa, alejará a los peces. Si la Pincoya no favorece con pesca a un lugar, quiere decir que ha arrastrado la abundancia a otros más necesitados. Para ser favorecido por la Pincoya, es necesario estar contento; por eso los pescadores se acompañan de amigos o amigas alegres y reidores. Si pesca o marisca con mucha frecuencia en el mismo lugar, la Pincoya se enoja y abandona aquel frente, que luego queda estéril.

La Virgen de los Hielos (Leyenda Antártica)

En este continente blanco y de la muerte, alguien vive. Sus habitantes se agitan, teniendo por medio al hielo y la soledad. Desde su centro se expresa eternamente con el frío en forma despiadada y feroz. En la Antártica se apoderan de los hombres los pensamientos obsesionantes y los temores, es el abrazo de la Virgen de los Hielos, que domina entre el viento y la nieve. El hombre, frente a un medio totalmente distinto al propio, reacciona en forma increíble, padeciendo las más absurdas dificultades. Empieza a perder la vivacidad. El silencio, la hosquedad, tristeza muda como de roca y finalmente el aullido lastimero, da rienda suelta a su desequilibrio provocado por el ambiente. Librado de los brazos de la Virgen de los Hielos, vuelve a la normalidad o anormalidad latente desatada en el medio.

La Añañuca

La Añañuca, es el nombre de una flor, llamada también Flor de Sangre. Abunda entre Copiapó y el Valle de Quilimarí en Coquimbo, III y IV Regiones. Surge después de las escasas lluvias y se mantiene bebiendo las gotas de agua de la camanchaca. Esta leyenda cuenta que en Monte Patria, desde los tiempos en que ésta se llamaba Monte Rey, vale decir, antes de la Independencia, la Añañuca era una flor joven de carne y hueso. Un día entre los días hizo alto en el poblado, un minero extraño, hermoso y gallardo que cruzaba los caminos en busca del eterno derrotero perdido. Y entonces floreció el romance del minero y la Añañuca. El mancebo, hechizado por la niña morena, se quedó en el poblado. Una noche tuvo un sueño: un duende de la montaña le dio cuando dormitaba, el sino preciso en que se hallaba el tesoro, la veta perdida, y el minero partió. La niña de Monte Patria o más bien dicho de Monte Rey, quedó esperando la vuelta del amor. El minero no volvió jamás, se lo tragó el espejismo de la pampa. La muchacha murió de pena, de ese mal de amores que aún existía cuando Monte Patria se llamaba Monte Rey. La enterraron un día de aguacero en el valle. Al día siguiente alumbró el sol y el valle se cubrió de flores rojas. Así nació la Añañuca.

Los Payacates Leyenda de Tarapacá

Se cuenta que los Payachatas, los volcanes Parinacota y Pomerane, que levantan sus cumbres a más de 6.000 metros de altura, guardan un tesoro incásico, esto es: las estatuas de oro de los monarcas, que adornaban los nichos del Templo del Sol, en el Cuzco; las platas de las reinas del Santuario de la Luna, y multitud de otras riquezas. El tesoro de los incas que se salvó del rescate de Atahualpa, está escondido en su cumbre y, cuando la montaña está escasa de nieve, se ve perfectamente la escalinata que fabricaron los siervos del inca, para sepultar las riquezas de su amo, en el cono medio truncado del volcán.

Licán Ray (Leyenda de Cautín)

A la orilla norte del Lago Calafquén, vivía un cacique que tenía una hija llamada Licán Ray, orgullo de la comunidad por su belleza. Había llegado a los quince años y ya tenía muchos pretendientes. Pero su padre los rechazaba a todos, ya que encontraba pobres, los precios ofrecidos por ella. En esa época bajaban los españoles por el río en busca de plata y oro, construían fuertes cerca de las minas para defenderse si venían los indios a maloquear. Licán Ray, acostumbraba a bañarse todas las mañanas en el lago. Un día la sorprendió un capitán español, cuando ella salía de las aguas; semejaba una aparición brillante y coloreada con los primeros rayos del sol. El español se acercó y la muchacha, asustada, quiso huir, pero él le hizo comprender, con las pocas palabras mapuches que sabía, que no intentaba hacerle daño alguno, sino que había llegado ahí atraído por la belleza del paisaje. Para entenderse mejor, trataron mutuamente de enseñarse sus respectivos idiomas y siguieron viéndose todas las mañanas hasta que se dieron cuenta que estaban enamorados. Mientras tanto, el padre de la joven, ignorante de este idilio, había recibido de un cacique, la promesa de una gran dote por su hija y decidió casarla. Un día le comunicó que su boda se efectuaría en la próxima luna llena. La muchacha fue a reunirse con su enamorado y éste le prometió que esa noche huirían. Licán Ray, le advirtió que si eran descubiertos, les esperaba una muerte horrible a los dos. Pero el amor de los enamorados era más fuerte, que el temor a la muerte y decidieron escapar juntos. A orillas del lago se juntaron al anochecer y en una canoa llegaron muy silenciosamente, a una de las islas que parecía engalanada especialmente para su primera noche de amor. Los canelos brillaban como plata a la luz de la luna y sus flores blancas, se balanceaban tenuemente; al fondo el volcán lanzaba fogonazos, que iluminaban por segundos todos el contorno. Los enamorados estuvieron dos días sin encender fuego, hasta que por el intenso frío, al tercer día, prendieron una fogata. Los mapuches los habían buscado por los bosques vecinos; pero al ver el humo en la isla decidieron ir allá. La pareja, temiendo ser descubierta, se había ido a otra de las islas y así recorrieron las siete islas de Calafquén. La leyenda dice, que desaparecieron por el río y, posiblemente llegaron al mar. En las noches de luna llena, los indígenas, dicen ver una pareja de enamorados que huyen en una canoa.

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