Juan
Gonzalo Benítez
Medellín
Cuando se observa la obra de Marta Lucía
Villafañe se piensa inmediatamente en la presencia de
extraterrestres en los valles peruanos. "Somos
herederos de las líneas de Nazca", dice ella sin
misterios. Su trabajo En campo abierto, es una singular
muestra ubicada en inmensos terrenos del Valle del
Cauca.
Desde el aire parece un caso para los archivos X,
pero no es más que una artística forma de combinar en
un mismo predio un sembrado de sorgo o soya con una fina
línea de plantas de maíz.
La técnica consiste en sembrar en un campo abierto
(entre 25 y 65 hectáreas) uno de los productos
tradicionales con una figura creada con semillas de maíz.
Al crecer las plantas, el verde y el amarillo del maíz,
con sus 2.5 metros de altura, sobresalen entre las
rojizas matas de sorgo (1.5 metros) o sobre la soya (30
centímetros).
La majestuosa obra responde a la tendencia mundial
que une el arte al paisaje rural, que la artista explica
desde la tecnología. "Antes del siglo XX no había
forma de ver estas figuras, pues sólo se aprecian desde
un avión o un parapente". Sin embargo, aclara que
no es únicamente una motivación técnica, también
conceptual: "Los vanguardistas consideraron que el
lienzo ya no es suficiente, las salas de exposición no
alcanzan la dimensión que el ser humano busca. Por eso
muchos artistas han salido a hacer sus obras sobre
espacios abiertos, Christo, por ejemplo, es un artista búlgaro
que puso una cortina entre dos grandes montañas en un
cañón de Arizona, forró el Museo del Louvre, envolvió
una isla y hasta empacó la muralla china. Obras
majestuosas para ver desde el aire".
Origen
Para Marta Lucía parecía imposible que nadie hubiera
pensado en esto antes. "Cuando viajaba en tren por
el Valle veía los sembrados experimentales de semilla y
veía las líneas de diferentes colores. Estando en la
universidad, estudiando dibujo publicitario, me hablaron
de arte en paisaje y me pregunté porqué no hacerlo aquí.
Luego, en artes plásticas volvimos al tema y me acordé
de los sembrados que yo veía cuando era niña y me
decidí a hacerlo", recuerda.
Marta Lucía, después de vivir 25 años en Medellín,
regresó cualquier día a su pueblo, Roldanillo. Con la
misma sonrisa se presentó donde algunos conocidos de
infancia que hoy administran grandes fincas productoras
de sorgo y soya. "Vengo a proponerles que hagamos
dibujos en las cosechas", les dijo.
Siempre pensó que lo más difícil sería conseguir
una finca, con extensiones tan grandes, donde le
permitieran crear sus figuras. Sin embargo, resultó más
fácil de lo esperado. Tres amigos le abrieron las
puertas, le pusieron los trabajadores a su disposición
y la animaron a seguir. Sólo faltaba el tema.
"Yo siempre he trabajado el tema de la violencia
y la muerte, pero pensé que dibujar muertos sería muy
agresivo con mis amigos que generosamente me habían
permitido trabajar en sus terrenos. Así que opté por
hacer gallinazos, que simbolizan la muerte y también le
di espacio al ganado Artón del Valle, una raza finísima
que sólo existe en esta parte del país", cuenta
Marta Lucía.
En Roldanillo ya se volvió paseo alquilar un
ultraliviano, a $40.000 el viaje, para ver desde arriba
las extrañas líneas que pondrían a pensar al agente
Molder. Para quienes no pueden ir hasta el Valle, Marta
Lucía está exponiendo las fotografías aéreas hasta
el 30 de este mes en la Cámara de Comercio, sede El
Poblado y desde hoy en la Universidad de Antioquia.